Desde Ecuador: carta a Andrés Pastrana y Manuel Marulanda




Quito, 13 de enero de 2002.



Señor Doctor Andrés Pastrana Arango,
Presidente de la República de Colombia
Bogotá

Señor Comandante Manuel Marulanda Vélez,
Jefe de las FARC-EP
Montañas de Colombia



Señores:

Lo que ocurre y ocurra en Colombia, nos ocurre y ocurrirá a nosotras y a nosotros en Ecuador, en América Latina y el mundo...

Estas horas, por ejemplo, han sido terriblemente ansiosas para los habitantes civiles de El Caguán, y seguramente para los guerrilleros y soldados que se aprestan a darle rostro público a una soterrada guerra interna que, sobre todo, afecta a quienes ustedes, seguramente, no ofenderían si estuviesen sentados en sus rodillas, jugando a la paz, a la inocente caricia del abuelo paterno o del padre ausente: los niños y las niñas de Colombia.

Y han sido horas terribles, además, para los que amamos a su país, para los que tanta esperanza guardamos en su nación, para los que soñamos aún con esa mala palabra, ese mal pensamiento, ese sentimiento ridículo y fecundo que se llama.... paz.

Sabemos que el proceso de paz en Colombia está en riesgo y que la comunidad internacional puede resultar definitiva o cómplice en la actual coyuntura. Y porque sabemos que el único camino a la paz es la paz, sostenemos que ustedes dos, y los intereses, sectores y alientos que representan, señores, deben regresar a la mesa: usted Andrés, usted Manuel, deben darle a Colombia y al mundo la segunda oportunidad sobre la Tierra a la paz de la que hoy reniegan algunos de sus actos. Vuelvan, por favor, a la negociación civilizada y veraz del conflicto, que es social y armado, para que la construcción democrática de la paz y de su nación sea posible.

Solo la confianza en los resultados de la negociación, el fortalecimiento del diálogo y la redirección del proceso impedirán la orfandad de Colombia, que es y será (también) su orfandad, y que es además la nuestra...

La indiferencia o la arrogancia en su país y en el nuestro, en su nación y la comunidad internacional, solo abonan más razones a la guerra. Pero comprendan ustedes, respetados señores, que la guerra es cosa de todos, pues el sacrificio de todas las vidas lo pondrán la mayoría de colombianos indefensos y la población civil de las zonas rurales, no los ejércitos, no los presidentes, no los comandantes...

Por eso, a usted, don Andrés, a usted don Manuel, les pedimos que mantengan los diálogos y se comprometan a firmar acuerdos que hagan irreversible el proceso de negociación, y que en éste incluyan, incorporen y consulten al país entero, es decir a Colombia, a su sociedad civil, a su pueblo en definitiva.

Desde Ecuador, estamos prestos, no como dijo un ciego oficial militar sin experiencia recientemente ("estamos listos a dar bala y a eliminarlos en la frontera"), sino a darle toda la ayuda emotiva, política y social que su proceso, el que ustedes cierran y deben reabrirlo, el que su pueblo, don Andrés, don Manuel, requiere este instante.

Desde hace muchos meses atrás nosotros: la Asamblea Permanente de Derechos Humanos, como parte integrante del Grupo Civil de Monitoreo de los Impactos del Plan Colombia en Ecuador, hemos sostenido que América Latina debe acompañar el proceso de paz colombiano: es decir acompañarles a usted, Andrés y a usted Manuel. Por eso pediremos a renglón seguido, de manera formal, a los Presidentes de Venezuela y Brasil, a través de sus embajadas en Quito, a juntarse en una diversa suma de voluntades, con la sociedad civil de Ecuador y otros países hermanos, para fomentar de manera urgente el acompañamiento que requiere Colombia, y el acompañamiento que ustedes deben tener, don Andrés, don Manuel, como exigencia ética para que hagan la paz, pensando en los niños de su nación, en los ojos de las niñas que anhelan que ustedes dos, como niños que fueron un día, vuelvan a la mesa de negociación real y duradera.

Quisiéramos prepararles un ajiaco, un sancocho bogotano, una bandeja paisa, o un cebiche ecuatoriano... para que ustedes vuelvan a juntarse, mano a mano, sin pelear, con un platico de comida con el que sea imposible portarse, frente a frente, como enemigos.

Por favor, vuelvan a la mesa, dénle a Colombia y a América Latina la oportunidad que aún no muere: la que nuestro corazón les pide hacerla.

Cordialmente,


Alexis Ponce
Vocero nacional APDH
Representante del Grupo de Monitoreo






 
Llacta!    Portada |  Organizaciones |  Comunicados |  Noticias