Ecuador: 12 de octubre. Inicio de la tragedia de Abya Yala




Quito, 12 de octubre de 2001.



Queridos compañeros y compañeras Apreciados hermanos de luchas, compromisos y esperanzas.


Un día como hoy hace 509 años, fue el inicio de la tragedia de millones y millones de seres humanos existentes en Abya-Yala, hoy llamado continente americano.

En esta fecha se oficializó la colonización española, que arrasó con todo lo que al paso se les presentaba. Así se cometió el etnocidio y genocidio más cruel que sufrieron nuestros pueblos.

No fue suficiente el tesoro que encontraron en nuestra madre tierra: la abundante plata y el generoso oro, las maderas finas y demás vegetales. Si no que el colonizador consideró que debía apropiarse de las mentes, corazones y cuerpos de las personas, aquellas pertenecientes a los pueblos existentes y que los calificaban de salvajes. Por ello decidieron someterlos para convertirlos en "seres racionales".

Para esta finalidad contaron con dos herramientas: la Biblia y la espada. La primera con venia de la Santa Madre Iglesia y con la bendición de Roma, fue usada para cristianizar a los salvajes. La espada, en honor de los reyes católicos, tiñó y fertilizó con sangre nuestra propia tierra, en su campaña por traer las "buenas costumbres de la España emergente" a cambio de tesoros.

Este largo caminar de nuestros pueblos, la resistencia implementada en este doloroso proceso de más de 500 años no ha concluido.

Fueron personas, líderes indígenas como Rumiñahui, Jumandi, Fernando Daquilema, Dolores Cacuango, Tránsito Amaguaña, el obispo de los indios Leonidas Proaño, entre otros, los amantes de la libertad, del respeto a la diversidad, de la madre tierra, los enamorados de la vida, quienes nos guiaron con su luz de rebeldía.

Sus luchas se dirigieron a favor de la dignidad de los seres más humildes de estas tierras, de los suyos, de los indios. Seres que lo único que quieren y queremos, es vivir, pero vivir en una inquebrantable alianza con la madre naturaleza, con el otro, con el diferente.

En 1830 fue justamente la ciudad de Riobamba, al pie del coloso Chimborazo, la que vio nacer una Constitución, la primera por fuera del yugo español. Aquel día, de ese año, glorioso para algunos, fue para la mayoría "El último día del despotismo y... primero de lo mismo". Las penurias para los indios no cambiaron, se mantuvieron y muchos decimos que se profundizaron.

Este proceso histórico ha dejado tragos amargos para los pueblos indígenas. Pero a pesar de la triste realidad hoy vigente, seguimos haciendo historia, y hoy decimos una vez más al mundo que estamos orgullosos de ser los herederos de una identidad cultural con nuestra propia cosmovisión, con nuestras formas organizativas y con nuestra posición política.

Estamos preocupados por lo que sigue pasando en nuestro medio. La orientación de los gobiernos, que se han convertido en funcionarios del capital injusto, inhumano, especulativo y corrupto, ha generado el tremendo incremento de la pobreza de la mayoría de la humanidad, y como efecto de estas políticas, millones de compatriotas y hermanos de los países pobres son expulsados hacia los países del primer mundo en condiciones totalmente desfavorables, e incluso a costa de sus propias vidas. En la lógica capitalista, nuestra Abya-Yala ahora exporta carne humana en pie..., genera refugiados económicos como nunca antes en la historia.

En esta fecha no nos olvidaremos de los desaciertos que hemos cometido, no nos olvidaremos que muchas veces nos dejamos envolver por las palabras adornadas de elegantes discursos, tampoco nos olvidaremos que es más fácil destruir que construir, y por lo mismo, nos oponemos a la destrucción como la que el imperio quiere en estos días causar.

Con la fuerza moral que nuestros ancestros nos heredaron y por la autoridad que a pulso propio nos hemos ganado, rechazamos en este día el miserable futuro que nos quiere imponer el gran capital, el águila, el monstruo de mil cabezas disfrazado de misiles, satélites, portaviones y bombarderos. Rechazamos la muerte de los inocentes, rechazamos los sacrificios humanos en nombre del bienestar occidental.

Reclamamos y exigimos paz, pero con dignidad y altura. Ya no estamos para mendigar nada a nadie.

Esta fecha debe ser para continuar luchando en contra de toda forma de dominación, imposición, exclusión y corrupción, en todos los aspectos. En este marco, la organización y la unidad de los pueblos deben estar en minga por la paz y la vida.

Con un abrazo solidario



Miguel Lluco

Coordinador Nacional
Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik-Nuevo País






 
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