Asesinato de indígenas Tagaeris: ¿represalia étnica o presiones externas?

Asociación Latinoamericana para los Derechos Humanos (ALDHU)

Quito, 3 de junio de 2003

Veinticuatro indígenas Tagaeri de la etnia Huaorani de la Amazonía Ecuatoriana, en la provincia de Pastaza, fueron asesinados el lunes 26 de mayo por otro grupo Huaorani de la comunidad Tiguino, denunció ayer la Organización de Nacionalidades Huaorani de la Amazonía Ecuatoriana, ONHAE.

Aunque inicialmente se informó de 30 muertos, otra fuente dijo que se trataba de 4 hombres, 10 mujeres y 10 niños. Sin embargo, aún no se han podido encontrar los cadáveres. El difícil acceso a la zona selvática donde se produjeron los hechos ha impedido su constatación por parte de las autoridades y medios, que acompañados por representantes de la ONHAE intentaron en vano, ayer y hoy, ingresar al área.

La noticia consternó a la opinión pública. Los medios difundieron ayer imágenes de la cabeza de un guerrero Tagaeri, presuntamente el jefe Toromenani, asesinado el lunes y que fuera llevada a la aldea Tiguino para “exhibirla como trofeo de guerra”. Sorprende este hecho y el uso de armas de fuego en el ataque, ya que no son prácticas tradicionales de los pueblos Huaorani, en casos de venganzas o enfrentamientos clánicos.

Tras el asesinato reciente de los Tagaeri sobrevendrán más conflictos, aseguran todas nuestras fuentes entrevistadas. Más aún, la zona es un escenario de permanentes conflictos provocados por múltiples actores: petroleras, madereros, empresas turísticas y traficantes de especies que barajan sus propios intereses.

Antecedentes.-

La rivalidad entre los dos grupos Huaorani, uno de ellos, el de los no contactados Tagaeri, es ancestral, avivada por la presencia de actores externos desde hace varias décadas. Para Tony Muñoz, Asesor de la ONAHE, la presión se acentúa en los 90 cuando un grupo de franceses compraban a los Tiguino artesanías Tagaeri, incentivando el saqueo. Otro antecedente importante se produjo en 1994 cuando los Tiguino incursionaron en zona Tagaeri y se llevaron a una adolescente, que fue devuelta -en acto de buena voluntad- 10 días después; en el proceso, un joven Tiguino fue lanceado y muerto por los Tagaeri. Aparentemente, este hecho genera la venganza que se traduce actualmente en la muerte de los 24 Tagaeri. “Los Tiguino han hecho algo que querían hacer desde hace tiempo” dice un misionero capuchino de la zona.

Para la ONHAE, detrás de la violencia están los explotadores y traficantes de madera. En un comunicado de prensa, la Organización indígena afirma que los madereros han incentivado la explotación en la zona intangible de los Tagaeri y han convencido a los Huaorani de Tiguino de facilitarles el acceso a esos territorios. “..Fueron los madereros quienes avisaron a los Tiguino el lugar donde vieron a los Tagaeri y por ello la matanza se ha dado. Las ambiciones de los “civilizados” nos han enfrentado entre hermanos”, agrega.

Por su parte, Sebastiao Manchineri, Coordinador General de COICA, Coordinadora de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica, en boletín de prensa “condena de la manera más enérgica los hechos en los que perdieron la vida aproximadamente 30 miembros del pueblo Tagaeri..”, coincide con la ONHAE en que detrás de este doloroso suceso estarían los “intereses de explotadores de madera que invaden nuestros territorios sin que las autoridades civiles o militares tomen las medidas necesarias para impedirlo. Situaciones de esta índole, se han dado periódicamente en la Amazonía ecuatoriana y en otros países de la Cuenca Amazónica como resultado de los intereses de explotadores y compañías madereras, petroleras, mineras, ente otras”. La COICA insta al Gobierno del Presidente Lucio Gutiérrez para que conforme una comisión de alto nivel con participación indígena, que investigue los hechos para sancionar a los responsables.

Posición de la ALDHU.-

La Asociación Latinoamericana para los Derechos Humanos, ALDHU exige a las autoridades una investigación a fondo sobre los hechos y demanda un control eficaz y riguroso sobre los procesos de explotación de recursos, legales o ilegales, que promueven la violencia contra los pueblos amazónicos y entre ellos.

 

 
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