Rigoberta Menchú llama a parar la guerra




Fundación Rigoberta Menchú Tum

Ciudad de México, 19 de marzo de 2003




La Premio Nobel de la Paz, ha condenado la decisión del Presidente Bush de declarar la guerra contra Irak, calificándola de ser el anticipo de un genocidio anunciado.

Luego de haber sumado su voz a la de millones de manifestantes en diversas capitales del mundo, de visitar decenas de escuelas en los Estados Unidos, conversando con los jóvenes y niños de ese país, y realizado múltiples gestiones personales ante diversos Jefes de Estado, reclamando el respeto a la institucionalidad multilateral y advirtiendo que cualquier declaratoria unilateral de hostilidades constituye no sólo una violación flagrante a la legalidad internacional sino también un crimen inaceptable contra el pueblo de Irak; Rigoberta Menchú expresó que la declaratoria de guerra estadounidense es un atentado contra la humanidad, que se ha erigido hoy como el único Poder Global que puede oponer sus armas morales para detener los millones de bombas que están a punto de caer sobre los indefensos niños y mujeres y el pueblo irakí todo.

Ésta es la guerra más carente de sentido y legitimidad de cuantas recuerde la historia contemporánea, no sólo porque ninguno de los argumentos que pretenden justificarla resultan risibles, sino porque se hace violando la ley y el consenso democrático mayoritario de los pueblos y gobiernos del mundo entero.

Los bombardeos con que inició su agresión a Irak desde hace varias semanas ponen a los Estados Unidos y a sus más altos dignatarios de Estado en el banquillo de los delincuentes internacionales. Las Naciones Unidas no sólo deben defender su propio fuero, mancillado por la arbitrariedad y la prepotencia del gobierno estadounidense, sino que deben tomar medidas concretas para traducir la condena universal en una sanción moral y política ejemplarizadora. Las Naciones Unidas no pueden volver a jugar el penoso papel de bomberos al que los reduce la carrera sin retorno de los errores del Sr. Bush.

Con la honradez de conciencia y la ética inmaculada con que los pueblos del mundo han vetado al dictador norteamericano, Rigoberta Menchú llamó a no descansar hasta conseguir que el juicio de la historia sancione su despotismo.

Finalmente, la líder indigena guatemalteca hizo un llamado a los pueblos a mantener y fortalecer su unidad y movilización para oponer al Nuevo Desorden Imperial un nuevo orden de armonía, de entendimiento y respeto intercultural que se funde en la sagrada dignidad de todas las personas y todos los pueblos; y a los gobiernos democráticos del mundo, a mantener a esta tiranía en el aislamiento político y diplomático que salvaguarde la vida e integridad del planeta.







 
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