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Asesor en la Constituyente y dirigente de DDHH, Alexis Ponce, es interceptado, golpeado y asaltado

Quito, 1 de marzo de 2008

Asesor en la Constituyente y dirigente de DDHH, Alexis Ponce, es interceptado, golpeado y asaltado. Sustraen su computador personal.

Declaración testimonial directa: A las instituciones en Ecuador y la comunidad internacional

El firmante, Alexis Ponce, en mi condición de dirigente nacional de los derechos humanos y actual asesor en la Asamblea Constituyente del asambleísta nacional por Movimiento País y las organizaciones laborales, Jaime Eduardo Alcívar

Denuncio

El día viernes 29 de febrero de 2008, en la capital, fui agredido por cuatro individuos inidentificados que procedieron a interceptarme, apuntarme con pistolas automáticas, golpearme y sustraerme mi computador personal.

El hecho ocurrió a las seis y cinco de la tarde (18h05 p.m.) en el barrio La Floresta, ubicado en el norte de Quito, en la esquina interna de las calles secundarias Pontevedra y Guipuzcoa, cuando salía de una cita médica (18h03 p.m.) y me dirigía hacia la avenida principal (calle Madrid) a tomar un taxi.

En la calle Pontevedra, a varios metros del consultorio médico, fui interceptado por un vehículo que se había parqueado -en contravía- en la esquina de la calle Guipuzcóa y apagado su motor, aguardando mi salida. Me hallaba solo y llevaba una mochila al hombro, y al alcanzar la esquina el automóvil arrancó a toda velocidad, en contravía, frenando a raya en la acera donde me hallaba. Del automóvil, en el que se encontraban cuatro individuos desconocidos, salieron rápidamente tres de ellos portando pistolas automáticas, mientras el chofer bajó su ventana para mirarme. Dos de los asaltantes me abordaron por los flancos y el tercero hacía de campana en mitad de la calle blandiendo una pistola automática para que tres ciudadanos que se hallaban a pocos metros y una camioneta con una pareja dentro, se detuvieran.

Los otros dos individuos apuntaron con sus armas a mi cabeza y mi rostro. El uno me gritó: ¡Dame la computadora, hijueputa, o te disparo!, mientras el otro procedió a arrancharme la mochila del brazo y gritarme: ¡No nos veas hijueputa, o te disparamos!, golpeándome en la cabeza con el arma. Les dije: Llévense la computadora pero no disparen. Mientras abrían las puertas del automóvil y se metían a toda prisa, el que me había quitado la computadora portátil se volvió para golpearme con su arma en la cabeza nuevamente y me gritó palabras soeces amenazándome mientras me apuntaba a la cara: ¡No mires el carro, ándate o te disparo!, en vista de que ese instante por lo menos intenté mirar las placas del automóvil, que tenía las siguientes características: color plomizo, cuatro puertas, con vidrios polarizados. Las placas no pude observar. El automóvil arrancó a toda velocidad y fugaron del lugar con dirección norte. Todos los testigos que se hallaban cerca, tanto la pareja de la camioneta que se detuvo cuanto los ciudadanos que se quedaron paralizados en la esquina, una vez que les abordé para pedirles ayuda y perseguir a los asaltantes, citaron que las placas estaban borrosas y que se shockearon -paralizaron- al ver que los desconocidos me apuntaban sus armas. Los individuos que me asaltaron iban de civil, vestían ropa sport, eran de contextura gruesa dos de ellos, uno delgado, de mediana estatura todos, mestizos, jóvenes, entre 28 y 34 años, con acento serrano, y se mostraban nerviosos. La acción fue rápida y violenta, no tomaría más de dos minutos.

En mi mochila que me fue sustraída, llevaba la credencial de Asesor de la Constituyente, dos carpetas con documentos impresos y tres revistas, un cuaderno de notas (diario personal de mi actividad en la Constituyente y con teléfonos de autoridades, asambleístas y líderes sociales), tres camisas, dos llaveros, una bolsa pequeña con dulces que llevaba a mis hijas y mi computadora portátil, marca Toshiba, que contenía información acumulada y extensa, en carpetas organizadas durante los últimos 7 años con abundante información analítica y descriptiva, destacando las siguientes informaciones:

Nota: Demás está decir que, por experiencias previas, el 90% de toda la documentación descrita, guardo copias y respaldos.

Ante la parálisis de los ciudadanos, que seguían atemorizados sin entender la petición de ayuda que les hacía, llamé desde mi celular al 101 y a los pocos minutos (18H09) llegó una camioneta doble cabina de la Policía comunitaria ubicada en el mismo barrio La Floresta, con dos uniformados a los cuales pedí que me dejaran subir al auto para perseguir juntos al automóvil de los asaltantes. Los policías, voluntariosos pero ineficaces, perdieron el tiempo tomándome datos generales y vagos, transitando lentamente por la calle Guipuzcoa (cuando el automóvil de los atacantes iba en dirección norte por la calle Pontevedra) y en gesto que me causó estupor, ambos uniformados detuvieron el patrullero y se bajaron a desalojar con amenazas de usar spray de gas lacrimógeno a cuatro jóvenes que tomaban cerveza fuera de una tienda.

Les insistí en que pasaran de urgencia el mensaje por su radio receptor a todos los patrulleros cercanos y en que siguieran la ruta del automóvil atacante, más fue inútil. Ambos uniformados querían cumplir las formalidades, pedirme mi cédula, volver al lugar donde se produjeron los hechos y tomar datos generales. Cuando les di mi cédula y el dato de que trabajaba en la Constituyente, me reconocieron ambos uniformados y uno de ellos hasta me reclamó: Usted es el defensor de derechos humanos, ¿no? Ya ve, por defender delincuentes le pasa esto; y vuelta nosotros los policías no tenemos quién nos defienda, acotando en seguida de manera poco profesional: Esto es obra de delincuentes comunes, a lo que respondí: usted no puede definir qué tipo de delincuentes eran, señor, y menos afirmar que esto es un acto de delincuencia común, porque esta gente me estaba haciendo seguimiento previo, por eso me esperaban en un auto y lo apagaron y prendieron y se vinieron en contravía cuando me vieron salir. No me pidieron el dinero que traía encima. ¿Cómo sabían que llevaba una computadora en mi mochila? Lo que primero gritaron fue ¡danos la computadora!. Así que le pido que no ponga algo que aún no sabe ni tiene resultados de investigación.

Todo este pasaje casi folklórico ocurrido con los policías, por coincidencia de recuerdos personales, se daba en plena calle, a escasos metros de la casa en que viví hace años con mi familia, y que el 19 de marzo de 1999 buscando información confidencial que guardaba del caso Jaime Hurtado, la allanaron dejándola destrozada y destruyendo en señal de mensaje la cuna de mi hija.

Una vez que los uniformados terminaron su tarea sobre los jóvenes, y volvieran al sitio del verdadero delito cometido (el asalto); pedí a los testigos que dieran sus testimonios, y tres de ellos corroboraron lo sucedido: el uno era guardián privado en la caseta del lugar, el otro un trabajador y el último un vecino del barrio. El guardián dijo que al ver las armas, decidió meterse en la caseta; el trabajador señaló que al mirar a los individuos que me apuntaban, decidió esconderse tras la caseta; y el vecino, que fue más colaborador, dijo que aunque se quedó paralizado, vio todo igual como testimoniaba el agredido. La pareja de la camioneta, decidió irse del lugar para que no se la involucrara cuando señalé que era asesor en la Constituyente y defensor de DDHH.

Los policías, luego de anotar en una libreta los datos generales, me recomendaron acudir al día siguiente a la Policía Judicial y (reconociendo su gesto) gentilmente se ofrecieron a llevarme en el patrullero al lugar que les dijera. Les agradecí y pedí que me llevaran a la avenida Colón y Reina Victoria, donde queda la oficina de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos, APDH, de la que formo parte.

En el interín, hice varias llamadas: a mis compañeros de la APDH, a mi padre, Edgar Ponce, a mi compañero Asambleísta, Eduardo Alcívar y a otro defensor de DDHH, Pablo de la Vega. Mi padre entabló contacto con el periodista Francisco Herrera, director del Periódico Digital Ecuadorinmediato.com que fue el primero en publicar esta información. Al poco tiempo recibí llamadas de Radio Tarqui, del canal de televisión Ecuavisa, de Alejandra Cantos y Pedro Votruba desde Venezuela y otros amigos; y del Subsecretario de Gobierno y Seguridad Juan Sebastián Roldán, quien se solidarizó por lo ocurrido y junto a Valentina Ramia, Subsecretaria de Seguridad Ciudadana, tomaron telefónicamente todos los datos testimoniales antes expuestos, citándome finalmente que el Ministerio de Gobierno había instruido al Jefe de la Policía Judicial acudir de inmediato al lugar en donde estuviera para que me tome las declaraciones formales y me ayude en todo lo que se pueda.

Esperé en la oficina de la APDH al Jefe de la Policía Judicial (PJ) hasta las 21H30 de la noche, pero no se hizo presente. Al día siguiente, sábado 1 de marzo, a las 09h33 a.m. recibí la llamada del Mayor de la PJ, Sr. Hugo Torres, quien me indicó que quería corroborar si era cierta la información de la denuncia del parte policial del patrullero de La Floresta que les había llegado y pidiéndome que rindiera las declaraciones de rigor en la Policía Judicial.

La noche del suceso, mientras esperé en vano al Jefe de la PJ, recibí a un equipo del canal de televisión Ecuavisa que me hizo una entrevista de lo ocurrido para el Noticiero Telemundo de esa misma noche (23H15 p.m.).

En calidad de asesor de la Constituyente y defensor de DDHH, luego de declarar lo ocurrido a Ecuavisam y señalar el contexto nacional y de casos previos en que se sucedía este hecho, responsabilicé del mismo a miembros de la Comunidad de Inteligencia que actúan con dos agendas: o propia o a órdenes autónomas especiales, y que -por desgracia- aún no han sido intervenidos, investigados o disueltos, a pesar de las peticiones insistentes hechas a los gobiernos, rematando que los defensores llevamos un registro extenso de operativos de asaltos de computadoras portátiles y CPU's (discos duros) a dirigentes sociales, políticos, periodistas y personalidades públicas.

Contexto inmediato

Vale la pena señalar el contexto previo, signado por estos hechos concretos:

  1. 7 de febrero: Intercepción y asalto al Vicepresidente de la Asamblea Constituyente, Fernando Cordero, a quien individuos desconocidos lo esperaban en las afueras de su domicilio en Quito, lo interceptaron y sustrajeron su computador portátil el pasado, usando armas automáticas, haciendo disparos al aire y paralizando al escolta de seguridad del asambleísta. En tiempo récord, la Policía estableció que habían detenido a los presuntos autores del robo y que el móvil era delincuencia común.
  2. 22 de febrero: Secuestro, agresión física y tortura a Miriam Cisneros, de 28 años, esposa del presidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, Conaie, Marlon Santi, quien fue interceptada en el terminal terrestre de Quito, secuestrada y llevada en un automóvil por tres desconocidos que la trasladaron hasta la Amazonía e interrogaron sobre los contactos internacionales, agenda política y planes de la movilización indígena del 11 de marzo para presionar por sus demandas contra la Constituyente y el Presidente Correa. Luego de haberla agredido y baldeado con agua fría, al momento de ser abandonada cerca de la ciudad del Puyo, los desconocidos le dijeron, en evidente signo de provocación, que trabajamos a órdenes del Presidente Correa y del gobierno.
  3. Todo el mes de febrero: Escándalo de espionaje y presunta corrupción en que aparecen involucrados los máximos cabecillas del partido Sociedad Patriótica, los ex militares Lucio Gutiérrez y su hermano Gilmar Gutiérrez, un asambleísta de ese mismo partido, miembros de Inteligencia Militar (CIQ-IGM), quienes incluso han intentado añadir en este caso de espionaje al Ministro de Coordinación de Seguridad Interna y Externa, Gustavo Larrea, queriendo desestabilizar el proceso gubernamental y la Asamblea Constituyente.
  4. Llegué a Quito a las 15h10 de la tarde el viernes 29 de febrero luego de concluir la semana de actividades en la Asamblea Constituyente. Fui esperado y trasladado por un compañero del sindicato eléctrico rumbo a su local donde mantuve una reunión con varios dirigentes. La cita concluyó a las 16h40 y salí rumbo a La Floresta donde había anticipado una cita con mi médico a las 17h00 y de quien me despedí a las 18H03 de la tarde.

Para

Alexis Ponce, Asesor en la Asamblea Constituyente del Asambleísta Jaime Eduardo Alcívar. Dirigente nacional de DDHH y vocero de la APDH del Ecuador

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