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Es urgente que el pueblo ecuatoriano diga no a la minería a cielo abierto

Coordinadora Campesina Popular de Morona Santiago

Morona-Santiago, 15 de diciembre de 2006

Desde que supuestamente nos convertimos en una nación independiente, en 1830, nuestra economía siempre ha estado supeditada a los designios del extranjero. Nos dijeron que teníamos que ser un país de monocultivos de café, de cacao, de banano, y así lo hicimos. Nos dijeron que teníamos que ser un país petrolero, y así lo hicimos. Luego nos dijeron que teníamos que criar camarones, también lo hicimos. Y en cada una de estas épocas que tuvo su florecimiento, auge y crisis, se nos habló de la bonanza y la prosperidad que el modelo agroexportador y luego el extractivista traerían para el país, que saldríamos del "subdesarrollo", que resolveríamos los problemas del desempleo, la pobreza y habría abundancia para todos.

Sin embargo, ¿cuál ha sido el resultado de todos estos modelos impuestos a lo largo de más de un siglo? El resultado está a la vista, si no fuera por los migrantes que aportan el segundo rubro después del petróleo, nuestro país tendría los niveles de pobreza que tienen Perú o Bolivia (países mineros, dicho sea de paso).

Ahora nos dicen que debemos convertirnos en un país minero, ¿cuáles son las razones? De nuevo el viejo discurso del desarrollo, del empleo, del bienestar que el país tendrá con la explotación de los minerales, pero ¿por qué ahora sería diferente?, y más todavía, ¿por qué antes no logramos esto?

En una situación de dominio colonial, en donde Ecuador es una semicolonia, su economía y sus recursos sirven únicamente para el beneficio de los países que nos dominan, especialmente para los norteamericanos. En el modelo agroexportador, a más de imponernos el monocultivo, con sus secuelas ecológicas tan graves, nos convirtieron en productores de materia prima y compradores de productos elaborados, el típico ejemplo de la exportación de cacao y la importación de chocolate. Luego con la industria extractivista del oro negro ha sido igual. Exportación de petróleo, importación de gasolina. Y en ese intercambio desigual, nosotros vendemos materia prima barata y tenemos que adquirir los derivados a un precio mucho mayor, con lo que no tenemos ninguna ganancia real de la venta de nuestros productos y más bien tenemos que hacer préstamos para cubrir el presupuesto anual del Estado, con lo que nuestra dependencia económica se profundiza. A esto hay que sumar el hecho de que, en el caso del petróleo, más del 80% de la producción de está directamente en manos de las transnacionales. Petroleras como Chevron Texaco, OXY, Perenco, Encana, entre otras, son la viva muestra del saqueo imperialista directo que destruye nuestros territorios y la vida de las comunidades que en él habitamos.

Resultado de todo esto: la concentración de la riqueza en los monopolios internacionales y en sus socios nacionales, en contrapartida para el pueblo más pobreza, enfermedades e irrespeto de nuestros derechos.

Entonces ahora nos presentan una nueva alternativa de desarrollo, una nueva panacea para nuestros males. Empleo, empleo, empleo... dicen las propagandas de la Cámara de Minería. Una mejor vida, un futuro de bienestar, en fin, con la minería terminarán todos nuestros problemas.

Sin embargo, la realidad nos muestra que África, que es un continente eminentemente minero, no es un ejemplo a seguir; en este continente están los países más pobres del mundo como Zambia que vive del cobre. De los países mineros de Latinoamérica la triste realidad también nos muestra la verdadera cara de la minería. Perú, Bolivia, Chile, Argentina, donde ya han anidado estas empresas, tienen gravísimos problemas ambientales y sociales que nada tienen que ver con ese paraíso que nos ofrecen las mineras.

La minería a gran escala es una imposición imperialista, que no responde a nuestras necesidades como nación, sino que más bien profundizará nuestra dependencia, nuestro sometimiento. Ese es el problema de fondo que tenemos que entender.

Las mineras son el imperialismo vivo que se quiere instaurar en nuestro suelo como lo hicieron antes los monocultivos, las petroleras o las camaroneras. Lo único cierto de esta imposición es que se profundizará el circulo vicioso de la explotación despiadada de nuestros recursos, dejando todos los daños ambientales y sociales a las comunidades locales. Si no veamos el ejemplo de las provincias de la Costa destrozadas por los monocultivos, contaminadas por toneladas de químicos que se ponen en las plantaciones de banano, los manglares destruidos por las camaroneras; y ni que decir del Nororiente destruido por las petroleras. Veamos también lo que ya sucede en nuestras comunidades afectadas por estos megaproyectos mineros donde incluso hemos visto el aparecimiento de bandas paramilitares en defensa de las transnacionales, donde el ejército ha enfilado sus armas contra la población y desconoce a las autoridades civiles para defender a los invasores canadienses. Y recordemos que son las fuerzas armadas las que devoran uno de los más grandes porcentajes del presupuesto nacional luego de la Deuda Externa, en otras palabras, viven del petróleo y de los impuestos que paga el pueblo ecuatoriano. ¿Acaso no es suficiente tanto dolor, muerte, contaminación social y ambiental, para darnos cuenta de lo perjudicial que sería implantar en nuestras comunidades una industria totalmente agresiva contra la naturaleza, el ser humano y la vida como es la minería a gran escala?

Este problema es básicamente un problema de soberanía nacional. Por lo tanto, como la lucha contra el Tratado de Libre Comercio o el rechazo a la OXI , creemos que es necesario incluir la resistencia a las transnacionales mineras en la agenda nacional de las organizaciones y el movimiento social ecuatoriano en su conjunto. Ecuador no debe ser un país minero, así como se dijo ¡No al TLC!, así como se dijo ¡Fuera OXY!, ahora es necesario decir ¡No a la minería a cielo abierto, fuera las transnacionales mineras!

Solo uniéndonos y haciendo esto una causa nacional, lograremos frenar la arremetida de estas voraces transnacionales que a costa de lo que sea quieren convertir a nuestro país en una gran cantera. Basta que un proyecto minero empiece, estaremos condenados, porque según el mapa minero en toda la sierra y gran parte de la Amazonía, en especial al Sur, están detectados yacimientos de variados minerales. Es por ello que es imprescindible parar los proyectos en la Cordillera de El Cóndor, cuenca del Zamora y la de Toisan, así como en el bosque protector de Quimsachocha y en los demás donde las transnacionales canadienses han clavado sus garras.

Asumir esta lucha como una lucha nacional, abrir el debate sobre este tema, educar a la población sobre lo que es minería a gran escala, son pasos urgentes que debemos dar si queremos evitar este nuevo desastre, este nuevo asalto a nuestros recursos y atentado al poco de soberanía que nos queda.

¡No a la minería a cielo abierto en Ecuador!

¡Abajo el imperialismo canadiense!

¡Fuera las transnacionales mineras de Morona, Zamora, Imbabura y Azuay!

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