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Marcha internacional por la paz de los refugiados, desplazados y exiliados en Ecuador

Servicio Jesuita a Refugiados y Migrantes, Ecuador

Quito, 28 de octubre de 2006

El 9 de octubre de 2006 el primer grupo que abandera la Marcha Internacional por la paz de los refugiados, desplazados y exiliados en Ecuador salió en pro de incidir y visibilizar la situación de la Población Colombiana en Situación de Refugio (PCSR) en Ecuador, hacia varios países de Sudamérica, donde piensan contactar con los gobiernos nacionales y grupos de colombianos en la misma situación.

De acuerdo al ACNUR en el Ecuador residen 250.000 personas en situación de refugio (población de interés para esta Agencia de Naciones Unidas), de las cuales a penas alrededor de 40.000 han solicitado refugio ante el Estado, y este ha reconocido solo a 12.000 La situación que vive nuestro país a nivel social, económico y político, no ha generado espacios para la verdadera integración de esta población, dado que el estado se encuentra imposibilitado de atender en los derechos básicos (educación, saludo, vivienda y alimentación) de manera eficiente a su propia población. A esto se ha sumado la discriminación hacia lo colombiano que se demuestra por parte de la población ecuatoriana, hace falta todo un proceso de sociabilización del significado del Refugio en nuestro país y de visibilizar objetivamente al conflicto interno que vive la República de Colombia. Los delegados del "Colectivo de Personas en Situación de Refugio y Desplazamiento" salieron en pro de esta Marcha Internacional en busca de visibilizar y sensibilizar a la población sudamericana y a los estados de la situación que viven los colombianos que han sido víctimas del Conflicto y que han tenido que desplazarse dentro del país o salir del mismo. Esta Marcha comienza en Lima recorriendo hacia el sur por cada una de las capitales de los Estados (La Paz, Santiago, Buenos Aires, Montevideo, Asunción, Brasilia y Caracas), para regresar nuevamente a Quito. No existen fechas de las visitas a cada uno de los países, pues no lograron el financiamiento esperado y están haciendo el viaje por vía terrestre. Las actividades a cumplirse en cada sitio es poder dar charlas y talleres sobre los Derechos Humanos de los refugiados y desplazados y sus propios testimonios de vida en pro de solicitar apoyo a los gobiernos para mejorar su situación.

Siete historias de exilio

Miguel Ángel Cárdenas. El Comercio. Lima, 28 de octubre de 2006.

Tragedias

Sin dinero y con miedo, pasó por Lima una marcha internacional de desplazados y refugiados colombianos en Ecuador que recorrerá el continente. Con amenazas de muerte, pero decididos a dar la cara, quieren sensibilizar sobre su drama y pedir ayuda

En Ecuador hay 250 mil colombianos en situación de refugio, de los cuales 40 mil son solicitantes, 12 mil reconocidos y 198 mil están en la zona gris: quienes no han solicitado refugio por temor o por falta de información. En Colombia hay más de 4 millones de desplazados internos.

Cualquier ayuda económica a este correo: marintref@yahoo.com. O al teléfono de la asociación Manos Limpias: 476-6017.

No pueden contar demasiado. Demasiado peligroso. Dicen que en Colombia hay tres factores luctuosos: las guerrillas aliadas al narcotráfico, los paramilitares y el ejército. Y que, pese a que sus nombres están marcados con balas, han decidido mostrarse en público para dar a conocer un gravísimo problema humanitario: la que ellos dicen es la mayor migración de desplazados y refugiados de un conflicto armado en América Latina: la que se da de Colombia a Ecuador.

Olga o el rechazo

A veces no te reconoces a ti misma en el espejo, Olga. ¿Es Olga?... ¿eres Olga?... ¿soy Olga?, y le das golpecitos al vidrio, indignada. Has estado tan impelida a huir por tu vida con pánico terminal, para salvar a tu madre de 77 años y a tu hijo de 15, a desarraigarte a punta de hambre y rechazo, que sientes que ya no existe nada seguro para ti: ni tu imagen. Vivía en Trujillo Valle, a hora y media de Cali, con mi mamá, que tenía una finca allí, comentas, ida, de la época en que administrabas un negocio de ropas y habías logrado comprar un carro que usabas para brindar servicio público.

Hasta que empezaron tus problemas a fines del 2003. A tu vehículo de transporte lo interceptaron los paramilitares, y tuvimos que llevarlos porque amenazaron con quemarme el carro. Entonces, por una perversa ósmosis, el otro bando, la guerrilla de las FARC, te tomó por colaboradora. Del miedo no sabías qué hacer y cuando los 'paras' te pidieron otro viaje, te negaste por falta de gasolina. Así, entre el fusil y la pared, quedaste a merced de las amenazas de muerte simultáneas de los dos grupos y huiste a Cali. Pero cuando entras en sus listas, no hay lugar en Colombia donde estés seguro, no me quedó más que huir del país. Y Ecuador te esperó con los brazos cerrados. A los seis meses, el Gobierno Ecuatoriano te negó la condición de refugiada y pasaste a la terrible zona gris, esa que obliga a vivir en la discriminada miseria.

Mildred y Alfredo o los hijos salvados

Discriminada miseria, acucioso lector. Bastaría una cifra: los niños colombianos presentan un 42% de desnutrición mayor que el niño ecuatoriano más pobre; sin ningún acceso a la salud pública. O bastaría que vieras el rostro de Mildred cuando la carcome su dolor vivo de madre. U observaras el casquillo de los ojos de Alfredo cuando suelta su dolor muerto de padre. Son casos distintos, pero ambos sobreviven al garete en Quito, en arrabales y en trabajos eventuales, solo pensando en la vida de sus hijos.

Mildred te contaría que vivía en Santander, en el oriente colombiano, en la frontera con Venezuela. Que el otro grupo subversivo, el ELN, estuvo al ras de secuestrar a su hijo mayor para reclutarlo y que ella fugó de la barbarie, al azar, una noche con su esposo y sus otros dos hijos para Ecuador. La vida de mi hijo y de toda la familia sigue peligrando, te enfatizaría con serenidad forzosa, quien sin embargo ha sabido ser solidaria: llegando a Quito se encontró con otras madres como ella. Llegamos sin nada, pero vimos otros compatriotas y desarrollamos redes de solidaridad. Por ejemplo, con una madre que estaba viuda por la violencia, con seis hijos pequeños sin comer, y con la mayor de 14, con parálisis total... la cargaba como podía, buscando trabajo.

Buscando trabajos mínimos, Alfredo intenta olvidar la razón de su horrísona migración. Si te lo encontraras, verías que saca fuerzas de falencias por su esposa y dos hijos. A mi tercer hijo me lo asesinaron y le iba a suceder lo mismo a los otros dos, te diría quien no se saca el recuerdo de los sesos y cuyos padres no saben dónde está, ni si está vivo o muerto, y así es mejor. Alfredo no te podría callar que en Ecuador le duele ser segregado, visto como un peligro público, como un delincuente o traficante de drogas y sus compatriotas como prostitutas, solo por ser colombianos.

Orlando o la familia desunida

Por ser colombianos, los medios de comunicación desatan una xenofobia, cuando nosotros hemos sido las víctimas, se lamenta frente a ti Orlando, de 52 años. Él se extraña de que como periodista te intereses en su sufrimiento, sin discriminación. Te cuenta que es de Tolima, que le asesinaron dos hermanos y que sobre su apellido pesó una condena sumaria total. Tengo hijos que se quedaron y no sé qué ha sido de ellos, una hija que se fue a otro país y que no veo hace seis años y que sufre mucho. Se muestra impertérrito y firme, pero sigues preguntándole... y este técnico en electrónica te confiesa su singular desgarro: Mi desarraigo es total, tengo 19 miembros de mi familia sobreviviendo en Ecuador, cuatro generaciones, incluyendo a mis padres de 79 años, viajando y en absoluta pobreza, cuando antes lo teníamos todo.

Pese a su virulento desmembramiento social, Orlando te demuestra su compromiso solidario: Tenemos que ayudar sobre todo a los ancianos y a los niños. Nuestros pequeños han vivido cosas que ni un mayor podría soportar. Hay uno que a los 4 años y escondido, vio cómo llegaron 18 personas a su finca, degollaron a su papá, luego a su hermano de 17 años que salió en su defensa. Y vio cómo todos violaron a su madre y luego a su hermana de 13 años, que salió embarazada. Los tres lograron sobrevivir, pero no te imaginas cómo quedó bloqueado el niño. Orlando sabe y te lo dice con una ceniza de voz, que si todos los refugiados deben vivir en la indigencia, menos podrían soñar con el lujo de un tratamiento psicológico.

Alejandro o el desamor

El lujo de un tratamiento psicológico, no solo el consuelo de tus compañeros desplazados, te es ardientemente necesario, Alejandro. Eres un técnico de sistemas de 34 años que siempre vivió en Medellín ayudando a los demás desde tu iglesia evangelista: entre los sicarios, delincuentes comunes y terroristas buscábamos reintegrar jóvenes hasta que me tocó trabajar con muchachos desmovilizados de las Autodefensas Unidas, porque yo vivía en las comunas nororientales donde ellos dominaban; el sur era de las FARC.

Y tu trabajo altruista ahora, dos años después de que tuviste que fugar de tu país, lo calificas como un rotundo fracaso: muchos de esos jóvenes se volvieron delincuentes de las bandas que se peleaban los barrios de Medellín. De uno de esos bandos te arrojaron una amenaza brutal y no te quedó más que dejar a buen recaudo a tu esposa y a tu hijo de 11 años y partir al Ecuador.Tu otro desarraigo –el peor– comenzaría luego: Tu esposa no quiso viajar, porque estar cerca de ti era muy peligroso, no se quería arriesgar. Y optó por abandonarte, alejándote de tu hijo. El amor que te deja cuando más lo necesitas jamás fue amor, dices sin ojos. Y ya no quieres hablar del asunto, sabes que es ficticio olvidar, que solo te queda trabajar como obrero de construcción, ser la mano de obra barata que los ecuatorianos acusan de quitarles el empleo.

Iván o la culpa

De quitarles el empleo, de malograrles a sus jóvenes con drogas, de ser atracadores, Iván era una persona solvente en su país, en la región de Tolima; antes de sufrir la xenofobia. Por eso, lector, él te podría contar lo que es pasar de ser un negociante próspero a un vendedor ambulante que se sube a los ómnibus y es golpeado por los policías, y te quitan toda tu mercadería, porque eres extranjero y vales menos que el más bajo de ellos.

Aunque Iván te demostrará su orgullo: Pese a que nos discriminen, le hemos cambiado la cultura a los ecuatorianos con nuestra música, vallenatos y cumbias y en la comida, con nuestras arepas y empanadas. Me extorsionaron tanto que una madrugada tuve que huir a la frontera con mi esposa e hijos, te contará luego de su huida feroz y de su pavor porque se la cobraron con sus padres y hermanos, que por mí tuvieron que huir también con sus familias, somos como 32 desperdigados sin educación ni salud. ¿Y ahora, lector, quién le quita el complejo de culpa?

Antonio o la soledad

¿Quién le quita el complejo de culpa?, podrías haberle preguntado como periodista a Iván y te hubiera respondido que su esposa y sus hijos vivos. ¿Pero y a Antonio quién se la quita si vive solo, si ni siquiera llama a sus padres a Cali para no exponerlos, si no tiene ánimos ni para buscar mujer y menos para imaginar traer hijos a este mundo bestial y sobre todo a un país que lo rechaza? Él tiene 34 años y la mirada se le resbala por sus manos quemadas y deformes, cuando lo entrevistas. Me cayó una bomba cuando cumplía mi servicio militar, cuando lo has hecho, los grupos te buscan para integrarte a sus filas por tu preparación, te dice casi escondiendo los labios. Antonio fue secuestrado por las FARC, pero escapó a los veinte días. Estoy solo, siempre estuve solo, rumorea, mientras hace el curso de fakir en esta marcha, comiendo solo una vez al día.

Sabe que la utópica posibilidad de volver a su tierra se basa en que se cree una comisión de la verdad que haga justicia, que los causantes paguen sus delitos y que el Estado destine reparaciones en lo material, moral y psicológico. Te lo dice, sacando la mirada de sus manos, mostrando sus labios. Pero cuando sueña con eso, se siente más solo aun. No tuvo que decírtelo.

[fuente]
http://www.elcomercioperu.com.pe/

[+info]
http://www.sjrmecuador.org.ec/

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