Logo Llacta!

TLC y DDHH: Carta abierta al Presidente de la República

Organizaciones de DDHH

Quito, 14 de marzo de 2006

"Un TLC con países como EEUU no sería de gran beneficio para nosotros. Hay un desequilibrio muy agudo entre ambas economías, y sería como el acuerdo entre el despensero de la esquina y el gran supermercado. No queremos terminar siendo una gran despensa de los excedentes de exportación de EEUU".
(Nicanor Duarte, Presidente de Paraguay, marzo 7 de 2006)

Señor Doctor Alfredo Palacio
Presidente Constitucional de la República
Presente

De nuestra consideración:

Los organismos de derechos humanos que suscribimos esta carta queremos manifestarle nuestra profunda preocupación por el posible cierre de las negociaciones del Tratado de Libre Comercio (TLC) en la próxima ronda a realizarse en la ciudad de Washington, Estados Unidos, a partir del 23 de marzo.

Nuestra preocupación se fundamenta en el hecho de que luego de 14 rondas de negociaciones, los resultados reafirman una posición intransigente de EEUU orientada a exigir la aceptación de los términos de otros tratados comerciales, cuyos resultados han generado efectos desfavorables sobre las sociedades de los países que suscribieron dichos tratados, como por ejemplo en México con el Nafta. Antes que negociación, señor Presidente, lo que se evidencia es una nueva imposición de los intereses estadounidenses en la región, como lo demuestra el contenido de las negociaciones recientemente cerradas por Perú y Colombia.

Queremos advertir que un cierre de las negociaciones de Ecuador en los términos acordados por los dos países vecinos, afectará gravemente los derechos económicos, sociales y culturales de las ciudadanas y ciudadanos de nuestro país y su posibilidad de exigirlos.

En agricultura, EEUU han negado la exclusión de todo producto, por más sensible que sea, obligándonos incluso a renunciar a la franja andina de precios como mecanismo de protección de la producción regional. A cambio de las limitaciones impuestas, y como una muestra de supuesta comprensión, han aceptado usar mecanismos alternativos para 'proteger' la producción más sensible. Tales mecanismos, entre los que se encuentran ciertas salvaguardias y períodos de desgravación de hasta 20 años, dejan, no obstante, serias dudas sobre su efectividad.

Esta lógica obedece a una estrategia intencional por desplazar la producción nacional a cambio de la importación de productos generados en los EEUU. Las cuotas que entregaron Perú y Colombia en productos como el arroz y la soya advierten sobre el riesgo que enfrentarán miles de campesinos ante la pérdida de fuentes de trabajo y empleo debido a su imposibilidad de competir con producción agrícola fuertemente subsidiada. Si EEUU eliminara el subsidio a la producción, es probable que los precios de la producción campesina que se pretende liquidar, no se presentaran tan asimétricos como sucedería de mantenerse las condiciones actuales. No obstante, EEUU no sólo que se ha negado sistemáticamente a eliminar sus subsidios, sino que ha encubierto su negativa en la posición adoptada por otros países desarrollados, principalmente de la Unión Europea, que entregan a la Organización Mundial del Comercio (OMC) la potestad para resolver sobre este particular. Esta resolución, señor Presidente, continúa pendiente desde hace cuatro años atrás cuando el tema no pudo ser enfrentado en la ronda de Doha del 2002.

En el largo plazo, la inundación del mercado ecuatoriano con los altos volúmenes de productos importados significará poner en manos de otro país nuestra seguridad y soberanía alimentarias. Por otro lado, existirán fuertes presiones para enviar productos genéticamente modificados sobre los que no existe la certeza necesaria respecto a sus implicaciones y efectos sobre la salud de la población y el mantenimiento del equilibrio ecológico en términos de conservación de biodiversidad. En nombre del principio de precaución, establecido por el Art. 91 de la Constitución Política vigente, Ecuador debería ser un país libre de transgénicos.

En el tema de propiedad intelectual los impactos negativos para los derechos humanos son mucho más directos, y este es un ámbito que usted lo conoce bien, señor Presidente. La extensión de los plazos de las patentes, como lo dicen estudios serios de Colombia y Perú, impedirá a la población de menores recursos acceder a medicamentos básicos para su salud. Quisiéramos recordarle que en varias ocasiones usted ha manifestado públicamente que en propiedad intelectual no irá más allá de lo ya negociado en otros acuerdos multilaterales, refiriéndose a los acuerdos de Doha de la OMC.

Además de la afectación al derecho a la salud, el contenido de las negociaciones en propiedad intelectual, dan paso a la posibilidad de patentar nuestra biodiversidad y el conocimiento tradicional asociado, afectando la soberanía de nuestro país y los derechos colectivos de los pueblos indígenas.

En términos de las implicaciones de una eventual firma del TLC sobre los mecanismos para exigir el cumplimiento de los derechos, es necesario advertir que este acuerdo contradice normas de la legislación nacional, andina e internacional, principalmente aquella relacionada con la protección de los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales. Hacia futuro, este tratado limitará el mantenimiento y mejoramiento de los estándares, pues, bajo el argumento de que ninguna ley puede constituirse en obstáculo al comercio, toda acción encaminada a mejorar la calidad de vida de la población, enfrentará el riesgo de ser cuestionada.

Además de expresar las preocupaciones anteriores, queremos aprovechar la oportunidad para manifestar a usted nuestra inquietud sobre las implicaciones políticas que tendría un cierre de las negociaciones del TLC por parte de su gobierno. Las opiniones de rechazo al TLC están creciendo, como lo demuestran numerosas encuestas que seguramente usted sí conoce. Un cierre de negociaciones, junto a los otros problemas que su gobierno no ha podido resolver, como son la caducidad del contrato de la OXY, la renegociación de los contratos petroleros, la idea de incluir el tema de la base de Manta en las negociaciones del TLC, y el potencial déficit fiscal, podrían configurar una nueva crisis política de incalculables consecuencias.

Nos preguntamos si correr este riesgo vale la pena. Sobre todo cuando el escenario político futuro, nacional e internacional, conspira para una firma del TLC y su ratificación. Mientras en lo nacional las elecciones futuras desplazarán de la arena política el tema del TLC, en el escenario internacional, las próximas elecciones para el Senado y el Congreso de Estados Unidos (último trimestre de este año), favorables al Partido Demócrata, hacen prever que la ratificación de los TLC no está asegurada por el cuestionamiento que ha expresado ese sector político a los tratados de libre comercio.

No podemos ser ajenos a las legítimas preocupaciones que usted pudiera tener en el caso de quedarse fuera de la firma del TLC, en un momento en que nuestros vecinos están en camino de suscribirlo. En este sentido, nos parece importante compartir con usted, señor Presidente, algunas alternativas viables que el Ecuador debiera encaminar sin que se afecten el futuro ni los derechos de la inmensa mayoría de ecuatorianos y ecuatorianas:

No es cierto el argumento de que un TLC nos permitiría conquistar el "gran mercado norteamericano". De acuerdo a diversas investigaciones, para evitar que el gigantesco déficit fiscal norteamericano haga crisis, los Estados Unidos deberán, irremediablemente, reducir sus importaciones en los próximos 5 a 10 años. Tampoco es verdad que si no suscribimos el TLC "perderemos las ventajas del ATPDEA", pues además de que no es ilusorio pensar en una renovación de este acuerdo, su gobierno ya ha dado un paso importante al reconocer que estas preferencias arancelarias no son una dádiva unilateral de los Estados Unidos, sino una contraprestación por el apoyo del gobierno nacional a la lucha contra el narcotráfico.

Incluso si perdiéramos las ventajas del ATPDEA, los impactos económicos serían manejables. No olvidemos señor Presidente que de esas preferencias se benefician unos pocos sectores económicos, y que de acuerdo al cálculo del proyecto SICA, para el 2003, los beneficios no superaron los 30 millones de dólares en las exportaciones agrícolas y llegaron a apenas 47 millones de dólares para las exportaciones agrícolas e industriales en conjunto. Estas cifras, que con seguridad no son mucho más altas para los siguientes años, son bastante inferiores a las pérdidas económicas que, con la firma del TLC, tendría el país en propiedad intelectual, por ejemplo, las mismas que se estiman superarían los 100 millones de dólares.

La decisión del país de suscribir o no el TLC, demanda de la legitimidad necesaria y de procesos democráticos claros, como su resolución a través de una consulta popular. Los riesgos que encierra este tratado son tan altos que su no suscripción puede constituirse en una opción para analizar nuevas alternativas de desarrollo que abonen en la superación de la pobreza y en la generación de equidad social y sostenibilidad ambiental. En esta dirección, señor Presidente, es posible y necesario reactivar nuestro aparato productivo nacional y reorientar su producción al mercado interno; resulta imperativo fortalecer nuestra economía en la perspectiva de competir, desde condiciones adecuadas, con la producción internacional. Existen posibilidades de analizar la conveniencia de suscribir tratados de comercio justos y simétricos, distintos al TLC que EEUU impondría al Ecuador debido a los enormes desniveles entre ambas economías. El país requiere, y son posibles, tratados de integración sudamericana en lo económico, energético, social, productivo, cultural y no solamente comercial. Ecuador puede lograr alianzas mundiales y regionales más allá de la estrechez peligrosa en que nos coloca el triángulo Washington-Bogotá-Lima.

Ecuador puede y debe concretar tratados que respeten las simetrías y el concepto de comercio justo, en espacios como el MERCOSUR, que de manera insólita han sido abandonados por su Gobierno, que ayuden a la creación de riqueza, así como considerar propuestas de integración entre similares, generadas por países hermanos como Bolivia, Uruguay, Venezuela, Argentina, Paraguay y Brasil, buscando la diversificación de mercados con el propósito de suplir cualquier supuesto impacto negativo por la no suscripción del TLC con Estados Unidos.

Es necesario advertir, además, que a excepción de la debilitada Centroamérica, el castigado México, en sus inicios Chile, hoy Perú y Colombia, y quizás uno o dos países en el Asia; la inmensa mayoría de bloques y países del mundo, entre ellos los de mayor peso geo-económico en Sudamérica, no han suscrito un TLC con EEUU, como es el caso de la Unión Europea, Japón, África, Brasil, Argentina, Venezuela, etc., y -sin embargo- mantienen relaciones comerciales y económicas incluso más ventajosas que aquellas naciones que han sido presionadas a suscribir tratados totalmente desiguales y desventajosos.

El escenario internacional es propicio para el Ecuador, como nunca antes, si su gobierno no firma el TLC. La crisis y el desencanto del modelo neoliberal está llevando a los pueblos de Latinoamérica a buscar caminos diferentes, más soberanos, pragmáticos y justos. Confiamos en que usted demuestre la sensibilidad y capacidad para aportar en este proceso.

Atentamente,

Valid XHTML 1.0! Valid CSS!

:: http://www.llacta.org ::