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Sr. Presidente, si traiciona es mejor que se prepare para irse

Asamblea Permanente de Derechos Humanos (APDH del Ecuador)

Quito, 5 de agosto de 2005

Doctor Alfredo Palacio
Presidente de la República
En su despacho

Señor Presidente:

En representación de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos, APDH del Ecuador, y del Capítulo Ecuatoriano de la Plataforma Interamericana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo, PIDHDD, le expreso nuestro pesar y rechazo por las renuncias -obligadas- de Rafael Correa, Ministro de Economía, y Carlos Pareja, Presidente de Petroecuador, que usted, pésimamente asesorado por el círculo de ambiciosos e intrigantes que le rodean, decidiera concretar en contradicción absoluta con sus promesas de cambio aquel cercano 20 de abril.

No estamos de acuerdo con la salida del Ministro de Economía, Rafael Correa, cuya renuncia desnuda como usted empieza a ceder a las presiones de los mismos grupos de poder criollos e internacionales que, desde el mismo 20 de abril, arremetieron contra la política soberana y patriota que, a tono con el mandato de la rebelión forajida, el ex-Ministro Correa representaba.

Es inaceptable la manera como usted, señor Presidente, cercado, mal asesorado y secuestrado en el Palacio de Carondelet por un grupo oscuro encabezado por sus asesores, por Lourdes Luque, Apolo, Luis Herrería Bonnet y Pedro Saad Herrería, ha dispuesto el retroceso y desmantelamiento de los indicios de autodeterminación y soberanía que felicitáramos y defendiéramos públicamente en estos meses.

Correa, Pareja, y antes Fausto Cordovéz, se atrevieron a querer concretar lo que la ciudadanía y el pueblo forajido de abril anhelan y que, en nuestra ingenuidad, creíamos que era la expresión de su disposición como Primer Mandatario: construir una política económica, energética, social, petrolera y exterior, autónoma, libre y soberana, que rompiese con el fracasado círculo neoliberal de "ajuste estructural y equilibrio fiscal" y con los grupos de poder, tenedores de deuda y partidos políticos tradicionales, que desterrara las prácticas del servilismo gutierrista y moellerista hacia los piratas del crédito internacional y las transnacionales, buscando nuevas alternativas de desarrollo desde una perspectiva de integración latinoamericanista, que Correa y Pareja representaron tan dignamente.

Con esta carta, instamos a los funcionarios y ministros progresistas que aún quedan en su Gobierno, a no esperar la siguiente intriga del oscuro círculo y la deslealtad del Sr. Presidente, para asumir hoy una postura digna frente a la salida del Ministro de Economía y presentar, como tan ejemplarmente lo han hecho nuestros hermanos Alejandra Cantos y Luis Maldonado Lince, la dimisión colectiva a sus cargos, no sólo como muestra de solidaridad con Rafael Correa, sino sobre todo, como demostración de coherencia ética con la exigencia ciudadana por una nueva República, signada en la rebelión del 20 de abril, que usted, señor Presidente, desafortunadamente ha comenzado a traicionar.

Pedimos que presenten su renuncia colectiva a sus cargos, a los amigos y compañeros de las organizaciones sociales, sindicales, de DDHH y populares: Galo Chiriboga, Ministro del Trabajo; José Serrano, Subsecretario del Trabajo; Edgar Ponce, Delegado del Presidente al CONELEC; Alejandra Cantos, Directora de la AGD; Luis Maldonado Lince, Ricardo Patiño, Manuel Chiriboga, entre otros. Así como a los señores Ministros de RR.EE., Antonio Parra Gil; y de Economía (encargado), Mauricio Gándara.

Queremos recordarles que los primeros signos de la traición de Gutiérrez al mandato del 21 de enero del 2000 y la alianza indígena-social que a tan funesto coronel llevó al poder, fue la decisión del felón en pedir la renuncia a Víctor Hugo Jijón en Petroecuador y a Rosa María Torres en el Ministerio de Educación, mientras los demás funcionarios progresistas y las organizaciones sociales y políticas actuantes en ese gobierno, callaban, porque creían quizá, que después no seguirían ellos. Ese lamentable error e inconsecuencia con las primeras víctimas de la traición gutierrista, lo pagarían caro meses después todos ellos y, lo que es peor, el País.

Pido a ustedes que pongan su renuncia colectiva para forzar de una vez por todas definiciones populares, de Patria, autonomía, soberanía y dignidad, en el Sr. Presidente. Aún se está a tiempo para hacerle entender que sólo debe responder al pueblo, a la rebelión forajida, al Ecuador, y no a los círculos de poder económico, bancario, político, transnacional y a los dueños de ciertos grandes medios de comunicación (algunos canales y periódicos) que hoy no ocultan su solaz y alivio ante esta "victoria del Establecimiento", que poco les durará, pues es una mayoría enorme del país, y no un ministro obligado a renunciar, el que está empujando un proceso de cambios inevitables y una integración latinoamericana que esas elites se niegan a admitir.

Señor Presidente: su gesto de obligar a la renuncia de Correa y Pareja, mientras mantiene al pro-socialcristiano y aliado de las transnacionales Iván Rodríguez en el estratégico ministerio de Energía; su temor a expresar una postura definitiva ante el TLC y la piratería de la OXY, empresa petrolera promotora del cabildeo para la aprobación del Plan Colombia en EEUU; su amenaza a Rafael Correa para que votase por el artífice de ese Plan en el BID; su negativa a concretar la Asamblea Constituyente y una Consulta Popular de fondo, ansiadas por la ciudadanía para refundar la República y acabar con el mega-poder de los partidos políticos tradicionales y los grupos económicos y bancarios que aún mandan; su temor, nacido de los prejuicios del círculo oscuro que le rodea, a convalidar acuerdos de integración con Venezuela y el Eje progresista de América Latina; la total impunidad de la represión de abril y el hecho de que esos mismos grupos de inteligencia, choque y represión continúen intactos con la pasiva protección del Ministerio y la Subsecretaría de Gobierno, asunto que ha envalentonado al dictócrata en Túmbez y a los grupos de poder que detrás de esa marioneta empujan la desestabilización de su régimen y el "próximo castigo" a los forajidos; su ceguera para no darse cuenta que en Carondelet usted está cercado por un círculo de ambiciosos; en fin, señor Presidente, las muestras inocultables de su derechización, debida a los límites aristocratizantes del proyecto que representa, aún con las muestras e indicios de soberanía y dignidad que tanto apoyáramos en estos meses; lo único que han determinado, es la reactivación de la protesta ciudadana y de los mandatos de la rebelión forajida, ante los graves indicios de una nueva traición en ciernes a las aspiraciones de los miles de quienes, con una hermosa lucha, determinaron la salida del traidor y su acceso al poder.

Esta vez los gritos que en las calles se escuchan, y que seguramente el círculo de intrigantes que le rodea, minimizarán ante usted, son cada vez más altos y duros: "Palacio: sin Correa se te cae el pantalón".

Aún tiene usted una oportunidad, señor Presidente. Demuestre si está a la altura de la circunstancia histórica que viven Ecuador y América Latina. Demuestre que puede responder con visión de estadista y espíritu de Patria a la rebelión de Abril.

Le envío una "Correa", símbolo que hallamos para que usted se defina, enrumbe el proceso, rectifique hoy y avance sin temor, y para que expulse cuanto antes al círculo de ambiciosos e intrigantes que lo rodean, encabezados por los señores Herrería Bonnet en su despacho y en Rodríguez en el Ministerio de Energía.

Doctor Palacio: siempre guardé respeto a su persona, y durante estos 100 días de su gobierno, a pesar de las primeras inconsecuencias, lo he defendido a riesgo de ser mal entendido en el país y la comunidad internacional, porque creo y sostengo que es un hombre honesto. Le expreso mis disculpas adelantadas por el tono grave de esta carta.

Pero el país está primero, señor Presidente, y no podemos darnos más lujos de posponer cambios por los cuales Quito y el Ecuador entero se rebelaron y rebelerán en el futuro.

Si usted traiciona, es mejor que se prepare para renunciar. O, peor aún, que se mire, apartado del círculo de intrigantes y bufones, en el trágico espejo de lo que pudo ser y terminó siendo, Carlos Mesa en Bolivia, escenario que desde abril expuse a su señoría, a los ministros de su Gobierno y a las organizaciones ciudadanas.

Tengo en la memoria de mi celular, y no los he borrado, dos mensajes escritos y grabados que me enviaron el inolvidable miércoles 20 de abril:

  1. Un mensaje de un forajido, oculto en el mismísimo palacio de Gobierno, a las 9 am, que me escribió: "Alexis, urgente, dieron orden de adecuar en la azotea del palacio un helipuerto". Horas despúes el país supo el por qué: para la cobarde huida del matón de abril.
  2. Un mensaje de un miembro de su círculo de amigos personales, Rubén Barberán, a las 6 pm, que desde el Ciespal me escribió: "por favor, Alexis, ayuden al Presidente Palacio, está secuestrado aquí, qué está pasando, queremos su auxilio y de La Luna".

Nos pronunciamos de inmedaito, ayudamos en lo que modestamente pudimos para auxiliar a usted y a nuestro país del contragolpe del felón Gutiérrez y la embajada norteamericana, pero jamás pensamos que ese secuestro al que aludía uno de sus amigos, sería de otra naturaleza, ahora, y que llevaría a una nueva desilusión ciudadana.

Desde ese 20 de abril, recordaré siempre que los imposibles no existen, y que los gobernantes en Ecuador, deben preparar siempre un helipuerto, por si acaso.

Imagino que el tono de esta carta implica la total ruptura de confianzas y amistades. Le aseguro que sólo tengo un anhelo humano: que usted rectifique y sea leal a la rebelión forajida de Abril, a sus propias palabras y promesas.

Del Sr. Presidente,

Alexis Ponce, Vocero APDH

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