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Una cruel despedida

Correo de la Esperanza Nacional

Esmeraldas, 22 de junio de 2005

Amigos y amigas de todo el país:

En especial para todo el Equipo Humano del Comité de Gestión Local de Guayaquil, Fundación Junto con los Niños, Plan Internacional, Diario El Universo, Diario Extra, Debate Educacion (en especial a la Dra. Rosa María Torres), Importadora América, y a todos los que siguieron esta carrera con especial interés y a todas aquellas personas que de a poco pusieron un grano de arena... De seguro les extrañará que estoy escribiendo esta carta, pues lo hago desde la provincia verde: Esmeraldas.

Lo hago con el firme objetivo de que ustedes se enteren cuál y hasta dónde el ser humano tiene limitaciones, como joven he aprendido, a ser integral, a ver las cosas desde el otro lado de las cosas, todo es confuso, todo ante la sociedad es desigual, pero construimos, pero hay elementos adversos que la destruyen, que la aniquilan, que la contaminan de basura psicosocial, todo esto mezclado con la pobreza que se observa, que se denota como la mayoría de las personas se confunden en un marasmo de problemas, yo como ser, he aprendido, mucho durante este recorrido, amenazas, negativas, problemas, dificultades, cerradas de puertas, incredulidad, todo esto matizado con la gente buena que me ha ayudado, he aprendido a sobrevivir, a pensar, a reír, a cantar, a decir las cosas sin tanto rodeo, pero hoy más que nunca siento la necesidad de ver muchas cosas.

El objetivo de esta misiva es para dar a entender lo decepcionado que es tocar las puertas, y les juro que no lloro en estos momentos por la gente alrededor de este cyber, pero las pocas personas que me están acompañando esta mañana saben cual es mi angustia, hemos tratado, y les cuento algo, mi paso por Manabí, es algo que quiero borrar de mi memoria, algo que deseo sacar de mi mente, no sé pero mi corazón tiene muchos rencores.

Fue algo efímero, difícil de entender si necesitaba una carta, porque las organizaciones me cerraron las puertas, lo único que mendigaba era eso, una carta, una carta que quizás para muchos agoreros no servía de mucho, pero para los que escribían si lo era, una luz, que les permitía expresarse, decir las cosas.

Sé que a pocos le interesa el proyecto, porque todos dicen: ¿será que el presidente leerá todas estas cartas? ¿podrá cumplir lo que piden? Y hasta lo más irónico que con gritos e insultos me reciban en un pueblo de Manabí.

Mi voz y mi recorrido eran para infundir esperanza, para dar a conocer ante los ojos del mundo qué es ser ecuatoriano, qué ser joven, qué es tratar de construir país, a pesar de lo sacrificado que es, pero no reniego de mi suerte, pero sí de la forma como trata la gente.

No hay más forma de como despedirme de este proyecto, sin medicamentos, sin alimentos, sin nada más que mi bicicleta, mis instrumentos de trabajo, mi amado diario y lo más importante: mi propia vida.

El frío, la calor, las amenazas, a quien le importa, las lágrimas, las decepciones, los insultos, a quien le importa, si comes o no comes, a quien le importa, esta vida esta llena de todo. Saben amigos, una parte de mi corazón me dice arrepiéntete, no lo hagas, no te detengas, pero deseo a veces perderme en medio de cualquier selva, esconder mi cabeza para que no me critiquen las personas por mi actitud tomada, muchos o pocos preguntarán y el chico de las cartas ¿dónde estará? No sé, pero me causa un gran mal.

No he podido comunicarme con nadie, ni con mi propia familia, y para las personas que vieron el especial por la TV, no todo era felicidad, e inclusive, lo más chistoso que me han dicho: por ese especial cuánto no te habrán pagado.

Lo que más sufro es por los míos, y ellos de seguro sufren por mí, los entiendo, pero me siento mal por éllos, pusieron toda la fe en que iba a terminar este recorrido.

He acabado infeliz, incompleto, deforme como ser humano, que anhela un loco sueño como un Quijote, pero ahora herido, herido como nunca, destrozados sus sueños, ignorado por los demás, resuelto al fracaso.

De seguro muchos se preguntarán dónde están las cartas: las cartas las tiene una chica de Teleamazonas del programa Día a Día, Gabriela Osorio, no sé si Alexis Ponce puede hacerme el último favor de recibir estas cartas: Yo tengo otro paquete, pero cansado de pedir ayuda, de pedir y pedir, y no puedo más.

De seguro a muchos les suena egoísta pero, qué se puede esperar, a futuro, de una persona que recorre un país y lo que recibe es desprecio, no.

Sé que me espera de todo, desde abucheos y rechazos, todo esto matizado con problemas, la verdad es que mi conciencia no va estar tranquila, cómo será que las miles de personas que escribieron esas cartas se sientan defraudadas al saber que el bicicletero de la esperanza no termino el recorrido.

Lo he pensado mucho, sin querer, pero la carrera ya esta terminada, no hay apoyo, no hay como, he pasado hambre, frío, tantas promesas de tanta gente: que una carpa, que una ayudadita, que un dinerito, que unos contactos, que venga mañana, que venga después, que más luego, que una firma.

Los dejo amigos con todo el corazón, los dejo, con mi alma y mi corazón decaído.

Posdata: Que mis padres me perdonen por la decisión que estoy tomando.

Me despido atte.

Andrés Mendoza Reynoso

El ciclista de la esperanza

[nota de Llacta!]

Llegó el invierno. La pequeña planta, nacida a la luz con las primeras luces de la primavera, perdió sus últimas escasas hojas... El frío, la soledad, lo oscuro desconocido volaban en el aire helado que presagiaba la inminente tormenta de nieve. No lo sabía entonces, pero en ese morir que tanto miedo le daba se encerraba la esperanza prometida de otra primavera...

Para Andrés, con la esperanza de una esperanza en la desesperanza.

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