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Ronda de negociación del TLC: No habrá en Guayaquil un plato de lentejas

Red Colombiana de Acción frente al Libre Comercio y el ALCA (RECALCA)

Bogotá, 3 de junio de 2005

Después de una pequeña pataleta, el gobierno aceptó asistir a la ronda de Guayaquil. Estados Unidos prometió que habría una reunión bilateral sobre el tema agrario unos días antes de la ronda final en Washington. Con la asistencia a Guayaquil y la aceptación de dejar para el último día un tema en el cual según los gremios no se ha avanzado nada en las anteriores rondas, queda ratificado que Estados Unidos no ofrecerá el plato de lentejas sino hasta que el gobierno de Uribe haya claudicado totalmente y también queda claro que el gobierno está dispuesto a sacrificar, sin ningún asomo de dignidad, cualquier cosa con tal de firmar el TLC.

A mediados de mayo afloró una importante inconformidad entre los productores de palma, cereales y soya, agrupados en Fedepalma, Fenalce y Coagro, quienes dijeron que no había garantías para seguir en la negociación del TLC. Con sus reclamos indignados denunciaron que los negociadores del TLC abrieron la puerta a los exportadores norteamericanos, violando lo acordado con los productores colombianos. Señalaron que esta es una negociación absurda y desordenada que afecta no solamente a los productores de trigo y soya sino a todos los cereales. Estas declaraciones se motivaron en el hecho de que los negociadores colombianos ante la permanente inmovilidad norteamericana, que no ha respondido ninguna de sus solicitudes y ofertas, entregaron en forma unilateral, después de la ronda de Lima, una nueva oferta agraria que, aunque fue calificada como una "mejora técnica" por el ministro de agricultura, en realidad significaba por enésima vez buscar estimular la "generosidad norteamericana", haciendo concesiones, está vez anunciando el sacrificio de los cereales y el aceite a cambio de que EEUU facilitara la compra de productos como tabaco y cigarrillos, etanol y hortalizas.

En la nueva oferta Colombia planteo nuevas concesiones en trigo, soya, cebada y cereales. En trigo ofreció pasar de una desgravación en 10 años a una en 5 y permitir un contingente de 200.000 toneladas con crecimiento del 2 por ciento anual. Propuso abrir inmediatamente el mercado para cebada maltera y cerveza, dar un cupo de importación de 55.000 toneladas de torta de soya de las 400.000 que se importan. En oleaginosas ofreció una salvaguardia temporal válida solamente durante el periodo de desgravación y pidió a los norteamericanos un cambio en sus normas técnicas para facilitar el ingreso del aceite colombiano al mercado estadounidense.

Los productores de soya denunciaron que se pretende que Colombia importe toda la soya que consume y de paso facilitar la llegada masiva de la torta y la harina de soya.

Al parecer en Lima se había acordado llevar una propuesta que incluía periodos de desgravación de 20 años para los productos sensibles, defensa de las franjas de precios y salvaguardias permanentes. Pero estas posiciones no dejan de ser retóricas cuando en la maleta que llevaban a Guayaquil los negociadores colombianos incluían la protocolización del abandono definitivo de las franjas de precios. Los agricultores denunciaron también que en Lima se entregó un arancel base muy bajo, se cedieron contingentes sin contraprestación alguna y postularon que una alternativa a considerar debía ser no firmar el TLC.

Días después, el 16 de mayo, el ministro de agricultura en un aparente retroceso que suscito una crisis interna en el gobierno dijo que había que corregir este cortocircuito y que de pronto podría haber un TLC menos profundo para el agro, que lo propuesto se podría replantear pues no estaba grabado en piedra y que la oferta colombiana se sostenía sólo si Estados Unidos accedía a las peticiones colombianas en tabaco, etanol y hortalizas. Esto suscitó la molestia del ministro de Comercio quien llegó a considerar su renuncia. Ante la crisis Rudolf Hommes, otrora eminencia gris del gobierno acusó a minagricultura de poner en peligro el TLC y al presidente Uribe de estar indeciso, indecisión que fue llamada por el diario El Tiempo como "una cierta actitud de contemplación". El citado diario se quejó de las desavenencias y falta de coordinación del gobierno y llamó a los "muchos ganadores a que se pronuncien contra el activismo de los pocos perdedores. El minagricultura llegó a plantear que EEUU debía concretar el tema lácteo, ofrecer algo en azúcar y en síntesis que Colombia no haría más propuestas hasta que no hubiera respuestas de Estados Unidos.

La reacción norteamericana fue excluir el tema agrario de la ronda de Guayaquil, programar citas bilaterales en fechas diferentes con Perú y Ecuador y en represalia no definir el día para la cita con la delegación colombiana.

De esta manera, la atención se concentró no en la gravedad de las exigencias de Estados Unidos sino en su negativa a acordar una reunión. El negociador colombiano de agricultura que habla todos los días con su homóloga de Estados Unidos no lograba arrancarle la cita y ella solo daba "vueltas y vueltas". En agro ya no se pide eliminación de barreras o mecanismos de protección sino solamente que los atiendan, así sea para humillarlos.

Esto llevó a la crisis de la negociación pues se ha desplomado toda la demagogia que se había hecho desde la SAC y el ministerio de agricultura sobre los intereses ofensivos de Colombia, sobre el agro como ganador del TLC o sobre las enormes posibilidades de acceso al mercado estadounidense.

En esas circunstancias y ante la incapacidad de EEUU de concretar alguna oferta por la indefinición del Cafta, la negociación se paralizó. El ministro Arias aceptó que "El gobierno se siente solo en la negociación del TLC" y llamó a que los ganadores salieran a defender el tratado, para lo cual enumeró al azúcar, las flores y las confecciones. Para acrecentar la soledad del gobierno, Asocaña, en lugar de salir a apoyarlo dijo que su sector no se siente ganador pues no se sabe que pasará con el Cafta y lo mismo Asocolflores que dijo que no sabía que obtendrá finalmente su sector.

El gobierno colombiano se quedó hasta la víspera de la cita de Guayaquil, esperando alguna señal de Estados Unidos que le sirviera como plato de lentejas para justificar la continuación en las negociaciones.

La atención prestada a la intransigencia americana en el tema agrario ha ocultado otro temas igualmente graves en la negociación y que presagian graves pérdidas para el país. En esos mismos días la convención Nacional de Acopi se quejó de la indiferencia de los equipos de negociación ante las peticiones de las Pymes, especialmente alertó ante el peligro de que no sean protegidas las 160 partidas propuestas por Acopi como extremadamente sensibles en materia de importación de usados. Para hacer más gris el panorama se anunció que a la Ronda de Guayaquil EEUU no llevará respuesta en medicamentos y biopiratería y que no se han solucionado las diferencias en otros varios temas como telecomunicaciones, cultura, biodiversidad, compras estatales etc y según informes provenientes de Quito, las telecomunicaciones y la aduana también quedarán excluidas de la ronda de Guayaquil.

Ante esto, la junta directiva de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC) decidió el miércoles abstenerse de continuar en las negociaciones (léase en el cuarto de al lado) hasta que las autoridades de EEUU no fijen una fecha para discutir las posiciones colombianas, aunque sepan muy bien que discutirlas no significa aceptarlas. Estados Unidos respondió que esperaba una propuesta global y fue tan arrogante su posición que un gremio como la SAC que ha acompañado al gobierno en todo el proceso negociador tuvo que denunciar "la poca disposición del gobierno de EU para avanzar en las negociaciones agropecuarias hasta tanto Colombia coloque sobre la mesa todo su capital negociador en beneficio de ese país de manera unilateral y sin contraprestación".

Cuando estados Unidos habla en ese tono quiere decir: rendición incondicional y cuando el gobierno colombiano habla de no ir a Guayaquil está remitiendo todo a la cita de Washington a mediados de julio próximo en la cual Estados Unidos haciendo uso de toda su capacidad de presión doblegará a un gobierno dócil, vulnerable y que desde el primer día supo que no habría TLC si no es a la medida de las exigencias estadounidenses y que sin embargo sometió al país a un costoso e irresponsable proceso de negociación.

A pesar de lo que afirman los negociadores colombianos de que algunas mesas como la agrícola requieren más trabajo, lo cierto es que todas las cartas están sobre la mesa y lo que hace falta es firmar las exigencias norteamericanas.

Desde el punto de vista de nuestra Red conviene aclarar un aspecto importante que además ha sido motivo de controversia en el país. Es cierto que en este episodio, como en otros, aparece la resistencia de ciertos gremios particulares lo cual para nosotros es una prueba más de la inconveniencia del Tratado. Sin embargo, tenemos claro que no se trata solamente de esa resistencia sino, como lo acabamos de señalar, de muchos otros perjuicios que ni siquiera se pueden asociar con sectores particulares afectados. Se trata, ante todo del conjunto del tratado su filosofía y sus objetivos que para nosotros debe ser rechazado, justamente en defensa del interés público, de los intereses generales de la nación.

El ambiente andino no es más favorable, el mismo negociador peruano no descarta una prolongación de las negociaciones hasta septiembre en Ecuador el presidente del Congreso, Wilfrido Lucero, consideró ayer que los ecuatorianos deben opinar a través de una consulta popular sobre el TLC que se negocia con los EEUU y criticó la falta de información por parte de la anterior comisión negociadora del TLC, que ahora ha sido sustituida por otro grupo.

Las movilizaciones y el descontento aumentan en toda la región. En Lima a finales de mayo tres gremios agrarios del Perú realizaron un paro de 48 horas en rechazo a las negociaciones con participación de los productores de algodón, arroz y papa, quienes consideran que el pacto los llevará a la ruina ante la competencia desleal de sus subsidiados para norteamericanos y preveen el inicio de un paro por tiempo indefinido a comienzos del venidero mes de julio. En Ecuador la indefinición del gobierno ha aumentado el margen de acción de los opositores al Tratado y en Colombia centenares de organizaciones aumentan su condena al tratado y exigen una consulta popular.

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