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Mandato Minero, nueva Constitución y... el posible temor de los asambleístas a éllos mismos

Kintto Lucas

Quito, 27 de febrero de 2008

El ser humano se enfrenta diariamente a diversos miedos, pero tal vez el más preocupante es el miedo a sí mismo. Aquel por el cual muchas veces las personas se inmovilizan, dudan, se ponen trabas para no actuar, ponen excusas, elaboran teorías para justificarse ante los demás, se burocratizan, y terminan trabajando contra cualquier tipo de cambios, porque en definitiva temen a los cambios que muevan estructuras.

El miedo a sí mismo es un miedo ideológico, es un miedo que traba el desarrollo de cualquier proyecto, es un miedo retrogrado.

El miedo a si mismos puede llevar a que ciertas personas de escuden en leguleyerías para que nada cambie, puede llevar a creer que la Constitución del CONESUP (Consejo Nacional de educación Superior) propone algún cambio, que ciertos analistas a los que leen poco menos que nadie son grandes inocentes jurisconsultos, que la definición de Soberanía es un concepto neutral, que una Constitución está alejada de toda ideología y que en su construcción no existe lucha ideológica.

Una Constitución que no entre a fondo en la soberanía económica y no siente las bases para empezar a quebrar el modelo neoliberal, que no prohíba la privatización del agua y no reconozca el acceso como un derecho humano fundamental, que no modifique el actual modelo de desarrollo, estaría traicionando cualquier expectativa de transformación.

El miedo a sí mismos también puede llevar a que ciertas personas contrarias a la explotación minera de gran escala, acepten, por ejemplo, mantener las concesiones a algunas pocas mineras fortaleciendo su monopolio, o que se opongan al consentimiento expreso de las comunidades afectadas, o que no les duela contaminar las fuentes de agua.

Levantar la mayoría de las concesiones mineras pero dejar intocables dos o tres monopolios trasnacionales -que vienen gastando un buen dinero en relaciones públicas para influir en la decisión final-, se opone a un modelo de desarrollo basado en el tan mentado buen vivir, iría contra elementales normas de equidad, contra el cambio pregonado y contra el sentido común.

A veces el miedo a si mismo puede ser sinónimo de ingenuidad, otras veces de oportunismo y algunas solo miedo.

Confío en que los asambleístas no padezcan de ese mal, venzan el miedo a sí mismos y no teman decidir cambios profundos, no teman ir de las palabras a los hechos. Sobre todo aquellos a los que se les puede considerar con cierto camino en la resistencia al modelo neoliberal y en la lucha por cambios políticos, económicos y sociales en el país. A los otros no se les puede pedir mucho.

Confío que el miedo a si mismos no pesará en los sambleístas a la hora de decidir el Mandato Minero, y mucho menos en el momento de redactar la nueva Constitución.

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