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Alberto Acosta, candidato a la Asamblea Constituyente

Manuel Chiriboga

Diario El Universo, edición digital

Guayaquil, 19 de junio de 2007

Me imagino que el Gobierno evaluó con mucho cuidado cuáles de sus ministros y altos cuadros poner en las listas para asambleístas de Alianza País y a cuáles dejar en sus cargos. Por lo que se supo, al menos en un caso se evaluó su popularidad provincial y se la descartó y me imagino que así se procedió con cada ministro, al menos entre los de mayor visibilidad política. También se sopesó su fortaleza electoral y su vulnerabilidad política. Por ello, hubo dudas en la selección de un ministro para candidato.

Está claro que la elección de Alberto Acosta para presidir las listas es pues resultado de reflexión pausada y cuidadosa. Su popularidad es alta, no tiene flancos débiles, ni en el pasado ni recientemente luego de su cargo como ministro de Energía y Minas, que puede utilizar la oposición para atacarle. Y esto es así. Estoy seguro que hará una campaña impecable, pero que también jugará un papel gravitante en la Asamblea, donde se desempeñará con personalidad propia e independencia, frente a todos quienes quieran manejar la Asamblea desde afuera.

Seguramente por esas mismas razones su paso a candidato a asambleísta deja al gabinete del presidente Rafael Correa sin su principal referente moral y de principios, quien daba tranquilidad entre todos quienes apuntamos a un cambio auténtico y democrático. No hay en su historia reciente videos, al contrario evidenció la presencia de cámaras en su despacho; habla lo que tiene que hablar y el micrófono o la cámara no le tientan; sentó por primera vez en la historia de los gobiernos democráticos, bases sólidas para la política energética del país para el mediano y largo plazo; pero actuó con eficacia para solucionar temas agrandados por el descuido de funcionarios indolentes, como en el caso de Paute; y, no dudó en buscar el consenso entre diversos actores, para diseñar una política minera, tal vez el tema más candente del momento. A ello se añade una línea de comportamiento transparente y limpia a toda prueba.

Tal vez su acción más importante es haberse jugado por el Parque Yasuní, esa enorme reserva de biodiversidad, y oponerse a su explotación por una corporación petrolera que debe ocuparse de solucionar los problemas en los campos petroleros en explotación y de mejorar sus estándares ambientales, más que pensar siquiera en introducir un taladro en el ITT. Espero que Alberto Acosta haya dejado los candados que resguarden al Parque Yasuní de la tentación de su explotación, por quienes buscan ingresos fáciles, para arcas fiscales ávidas de recursos, para mantener un ritmo de gasto que parece insostenible.

Y es esto lo que más me preocupa de la salida de Alberto Acosta: su papel de contrapeso efectivo en muchas de las grandes decisiones gubernamentales. Sabía ponerse la camiseta por los aspectos en que realmente cree y mantenerla puesta de ser necesario. Por lo que se sabe, promovía discusiones y debates dentro del equipo gubernamental y no se dejaba tentar por la adulación al poder, tan normal en este y otros gobiernos.

Difíciles zapatos de llenar para el presidente Correa que espero no haya desvestido un santo para arropar otro.

[fuente]
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