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El tráfico de madera sigue en el Yasuní

Jaime Plaza

Diario El Comercio, edición digital

Quito, 24 de mayo de 2007

Ceiba, Parque Nacional Yasuní (Foto:El Comercio)

Uno y hasta dos días selva adentro, en canoa y a pie y provistos, de motosierras, machetes, escopetas y otras provisiones. Así es como se inicia la empresa que está acabando con el chuncho, cedro, ceibo y otras especies maderables del Parque Nacional Yasuní y sus alrededores.

Solo cuatro piezas de cedro en avanzada descomposición se pudo encontrar en un recorrido por la parte norte de la reserva. En largos tramos ya no fue posible encontrar un árbol de cedro en pie.

Aquello evidencia la incontrolable extracción de madera, aunque Edison Pozo, gerente general (e) de Vigilancia Verde, y otras autoridades ambientales insisten en que es imposible frenarla. Inclusive ni el anuncio del presidente Rafael Correa, de hace un mes, sobre la veda maderera surte efecto.

Carlos Aguinda, habitante de la parroquia Dayuma, ubicada en el km 40 de la vía Auca, confiesa que él fue parte de esta incontrolable extracción. Relata que, tras ubicar los gigantes y gruesos árboles, los aserradores o picatroncos les convierten en tablones. Luego los trasladan en canoas de hasta 12 metros de largo.

Si se trata de chuncho y cedro, maderas más pesadas, las piezas son atadas en forma de vagones para trasladarlas aprovechando las crecidas de los esteros.

Aguas abajo, otro grupo recupera las piezas del río y las apilan en puertos improvisados como el de la comunidad Rodrigo Borja, al margen derecho del río Tiputini. Allí, el pasado viernes 11, se observó dos pilos de piezas de madera, junto a dos embarcaciones. Por lo general se aprovecha la noche para cargar en los camiones.

Milagros Aguirre, en su libro ¡A quién le importan esas vidas!, señala que al menos 12 campamentos madereros están instalados a lo largo del río Shiripuno. Lo comprobamos por aire... y también por río, en un periplo emprendido en agosto del 2006.

Lo peor es que nadie frena esta actividad ilícita. Miguel Ángel Cabodevilla, misionero capuchino que trabaja en la zona por más de 12 años, denunció que los camiones cargados de madera transitan ante las narices de militares y policías y nadie hace nada.

Pozo se lamenta: hay una dificultad muy grande para los controles considerando la inmensidad del Parque frente al personal y recursos que tenemos.

Para cuidar las 986.000 hectáreas del Yasuní, el Ministerio del Ambiente ha asignado apenas cinco guardaparques.

En cambio, Vigilancia Verde tiene dos puestos de control y 90.000 dólares anuales de presupuesto para honorarios, movilización, alimentación y otros gastos. Pero no tiene medios para movilizarse por tierra o para un sobrevuelo.

Ante esa situación, por ejemplo en el Puesto de Cupi, en el km 75 de la vía Auca, los cuatro policías forestales y uno de Vigilancia Verde, el pasado 11 de mayo, permanecían casi inactivos.

Pozo y Aguirre coinciden en que el principal mercado está en Colombia. Y para evadir los controles, aparte de las vías abiertas sobre todo por las empresas petroleras, se utilizan ríos como Tigüino, Yasuní, Tiputini...

Según Pozo, los traficantes se ingenian mecanismos cada vez más sorprendentes. Por ejemplo, la madera es camuflada en camiones con ganado o bajo aserrín, en tanqueros o volquetas con lastre.

Esta actividad ilícita no solo causa daños ambientales. Pues, Cabodevilla no descarta que sea la responsable incluso de la masacre a un clan Tagaeri en el 2003 y del aserrador William Angulo, en abril del 2006. Además, Milagros Aguirre señala que una serie de denuncias no son tramitadas por la Función Judicial.

Así, en medio de este desangre del Yasuní, el anuncio presidencial de la veda maderera todavía espera su concreción.

Lo contradictorio

Milagros Aguirre y Edison Pozo, al igual que otros denunciantes, coinciden en que el principal mercado está en Colombia. Allí un tablón de cedro llega a costar USD 30.

Según Wilmer Armas, vicepresidente de la Junta Parroquial de Dayuma, un aserrador gana 15 dólares diarios y pasa dos semanas en la selva.

Los remates de la madera decomisada se volvieron una mecanismo para legalizar el tráfico de madera. Los propios traficantes se benefician.

[fuente]
http://www.elcomercio.com/noticiaEC.asp?id_noticia=112448&id_seccion=8

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