Logo Llacta!

Triunfo de Correa: Round para el bolivarianismo

René Báez

Agencia Latinoamerica de Información (ALAI)

Quito, 7 de diciembre de 2006

La segunda vuelta de las presidenciales ecuatorianas, cumplida el último 26 de noviembre, confrontó a dos posiciones político-ideológicas radicalmente contrapuestas: el monroísmo/neoliberalismo y el nacionalismo de inspiración bolivariana.

Antecedentes inmediatos

En el pasado reciente tales posturas se habían enfrentado ardorosamente en el marco de la resistencia policlasista al neoliberalismo y autoritarismo que, en abril del 2005, se saldó con la defenestración de Lucio Gutiérrez, titular de un régimen autoproclamado como "el mejor amigo y aliado de los Estados Unidos". Al relato de los episodios que conformaron ese acontecimiento que provocó la "histeria de los mercados", dedicamos nuestro estudio "Fundamentalismo liberal explota en Quito".

Poco después de la Rebelión "Forajida" y como repudio al esquinazo de Alfredo Palacio al mandato nacionalista/bolivariano que emergiera de las jornadas abrileñas, recurrentes y heteróclitas contestaciones extraparlamentarias colocaron de nuevo en la picota al maltrecho fundamentalismo moderno. Particularmente relevantes fueron las movilizaciones populares –especialmente de los indígenas agrupados en la CONAIE– que, entre diciembre del 2005 y marzo de este año, semiparalizaron el Ecuador y forzaron al sucesor de Gutiérrez a modificar la Ley de Hidrocarburos y declarar la caducidad del contrato con la petrolera OXY, decisiones que derivaron en la suspensión del TLC que venían negociando Washington y Quito, acuerdo visualizado por la mayoría de compatriotas como un Tratado de Libre Colonización.

Un análisis de la traición de Pa-Lucio puede encontrarse en nuestros trabajos "Palacio: Refundación al revés", "TLC y autonomías: golpes de gracia al Estado-nación" y "El último tango de Alfredo Palacio".

Plataformas polares

Las fraudulentas primarias del 15 de octubre pasado que denunciáramos en "Elecciones de nuevo tipo y corrupción sistémica", otorgaron el primer puesto al magnate Álvaro Noboa, impresentable "candidato de Bush" y de la oligarquía y bancocracia criollas, quien, en su tercer intento por ocupar la silla de Carondelet, recorrió el país con una prédica liberal maximalista y un derroche de demagogia social.

En los últimos meses, el multimillonario, dueño de más de 100 empresas –entre ellas del populista PRIAN–, había devenido líder de los junkers costeños y gran unificador de las distintas mafias político-empresariales representadas en el tablero electoral por el propio partido de "Alvarito", el PSC del dueto Febres Cordero-Nebot, el PRE del prófugo Abdalá Bucaram, la ID del momificado Rodrigo Borja y la UDC del fundamentalista Osvaldo Hurtado, principal panegirista en estas tierras del trasnochado Consenso de Washington.

La plataforma del binomio Noboa-Taiano (este último empleado del inescrupuloso empresario) se sustentó en planteamientos del siguiente orden: securitización para las inversiones extranjeras y nacionales, privatización del petróleo y la seguridad social, rebaja del impuesto a la renta, completa flexibilización laboral, reanudación de las negociaciones telecistas, ruptura total con el proteccionismo mediante el establecimiento de zonas francas, respaldo al secesionismo promovido por caciques de visión comarcana (los cambas ecuatorianos obsecuentes al eje Washington-Madrid), ruptura de relaciones con Cuba y Venezuela, intervención directa en la guerra civil colombiana, cesión de la Base de Manta al Comando Sur después del 2009... Todo esto edulcorado con múltiples anzuelos para el "pobretariado": computadoras, sillas de ruedas, camisetas, fundas de víveres, dinero... Amén de descomunales ofertas de empleo y vivienda, clínicas especializadas gratuitas, alzas salariales, aumento del bono de la pobreza... e incluso hoteles de cinco estrellas al estilo de Las Vegas y una réplica de Disneylandia en las playas de Atacames. Elementos claves de la propaganda noboísta fueron la apelación a ritos del catolicismo (invocaciones, rezos, "milagros") y la campaña sucia contra su oponente, el académico Rafael Correa, a quien tildó de "comunista".

Una victoria electoral del "guerrero de Dios" habría significado la liquidación definitiva del mini-Estado social y la consolidación del Ecuador como un "Estado fallido", con su condensando de anomia social, corrupción implantada como "derecho general", refeudalización y violencia institucionalizada. En suma, la "colombianización" del país.

El candidato Correa –"humanista cristiano", "izquierdista moderno" y "bolivariano", conforme a sus propias identificaciones– postulado por el novísimo movimiento Alianza País y el Partido Socialista, publicitó una plataforma con cinco ejes de transformación: la revolución ética; la revolución socioeconómica, sostenible y democrática; la revolución política; una patria soberana y una integración latinoamericana. El éxito electoral que lograra tanto en la primera como en la segunda ronda se explica por la recuperación del discurso contra la partidocracia oligárquica y el "capitalismo salvaje", posición político-ideológica que se ha constituido en sustrato de la cultura política de amplios segmentos sociales opuestos a la "globocolonización", conforme verifican los incruentos derrocamientos de Abdalá Bucaram (1977), Jamil Mahuad (2000) y Lucio Gutiérrez (2005). Amén de las aludidas luchas extraparlamentarias de última data enfiladas contra Gutiérrez II.

El outsider de Elecciones 2006 concretó su propuesta de Revolución Ciudadana con banderas como las siguientes: rescate de la soberanía y dignidad nacional; impugnación de la partidocracia que ha secuestrado y envilecido la institucionalidad republicana especialmente desde los tiempos de Sixto Durán y el "mago" Alberto Dahik (1992-1996); defensa y revalorización del Estado; recuperación de las recursos naturales, energéticos y ambientales; promoción humana a través de la educación y la salud... En la campaña para la primera vuelta, embistió contra el intento oligárquico de privatizar la soberanía del Estado –adelantado en el Proyecto de Ley Orgánica del Sistema Autonómico o "Ley Palacio-Nebot-Moncayo"–, arguyendo que busca implantar un inconstitucional esquema de administración político-territorial de corte "virreinal". Para la segunda vuelta, al parecer por táctica electoral, colocó la cuestión de la liquidación del Estado unitario en el campo de la ambigüedad.

El plan de acción de Correa puede desglosarse del siguiente modo:

La noche de la victoria, Rafael Correa ratificó sus compromisos electorales e, incluso, anticipó su voluntad de reafiliar al Ecuador a la OPEP y gestionar la membresía del país a un MERCOSUR vitalizado con las iniciativas de integración-integradora provenientes de Caracas. Todo esto mientras sus eufóricos seguidores, especialmente jóvenes de ambos sexos, celebraban la derrota de la oligarquía cipaya coreando jubilosos: "La Patria Vuelve", "El neoliberalismo ha muerto", "Fuera los vendepatrias", "Viva Alfaro", "Constituyente, Constituyente, Constituyente".

Inconclusión

El nuevo campanazo libertario ecuatoriano y el apoteósico triunfo de Hugo Chávez en las presidenciales venezolanas del pasado 3 de diciembre, cuando derrotó al secesionista zuliano Manuel Rosales, apuntan a activar de modo inmediato los acuerdos de integración energética suscritos entre Carondelet y Miraflores e incumplidos por un Alfredo Palacio aprisionado por los capos socialcristianos, a la par que han colocado en terapia intensiva a la CAN monroísta y a los TLCs finiquitados entre la Casa Blanca y el debilitado eje Bogotá-Lima.

Los vientos favorables a la nueva liberación, desalienado progreso y genuina unidad y solidaridad de nuestros pueblos no agotan el escenario político andino. En el Ecuador, por ejemplo, los poderes fácticos externos e internos han reiniciado ya su labor conspirativa, contando con la invariable complicidad de la Gran Prensa.

La tercera vuelta apenas ha comenzado...

[fuente]
http://alainet.org/active/14858

:: http://www.llacta.org ::