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Noboa, ni prójimo de Yunus

Alberto Acosta

La Insignia

Quito, 8 de noviembre de 2006

Alvaro Noboa, en su tercera campaña electoral, inunda nuevamente el país con sus dádivas. Distribuye alimentos. Lanza miles de camisetas. Entrega un par sillas de ruedas. Regala computadoras en algunas escuelas. Y, en los últimos días, ha incorporado un nuevo producto a su promoción electoral: concede microcréditos e invita al resto de interesados a inscribirse en las centrales de su partido. Noboa se compara con el flamante Premio Nobel de la Paz, Mohamed Yunus.

Los dos, sin embargo, en nada se parecen. Mientras el uno, Noboa, haciendo gala de lo que le queda de su fortuna heredada, se precia de la vida que lleva con sus amigos multimillonarios, Yunus, brillante profesor de economía, reconoce que aprendió de la gente más pobre de Bangladesh, a la que ayuda con un renovador proyecto financiero, orientado especialmente a las mujeres. Los microcréditos, que otorga el Grameen Bank, si bien no han sido la gran solución de la pobreza y la inequidad, han tenido un efecto integrador notable para amplios segmentos de la población en varios países. Estos créditos, entregados directamente por banqueros que viven entre los pobres, están lejos de ser una dádiva, pues, como asevera el mismo Yunus, "en la mayoría de los casos, ésta no solamente no es útil, sino que es realmente dañina. Da solamente, al donante, la impresión de haber hecho algo. Es un gesto que sirve para callar la conciencia, pero que no resuelve verdaderamente el problema".

Problema que no entiende Noboa, el banquero, quien en su Banco del Litoral no ha entregado microcréditos, ni ha atendido las demandas financieras de los sectores pauperizados. Y menos aún Noboa, el candidato, para quien los microcréditos de su campaña apenas le son útiles para satisfacer su ambición: comprarse la Presidencia de la República, fomentando aquella mentalidad parasitaria que alimenta el clientelismo y que ahoga el espíritu emprendedor de la personas.

Con tanto regalo, Noboa, apoyado por el silencio cómplice del Tribunal Supremo Electoral, no sólo transgrede la ley que controla el gasto electoral, sino que, además, comete otro delito: dar créditos sin autorización contraviene el artículo 121 de la Ley de Instituciones Financieras. En él se prohíbe a personas naturales o jurídicas, que no forman parte del sistema financiero y que no cuentan con la respectiva autorización de las autoridades, que realicen operaciones propias de las instituciones que componen dicho sistema. Violación legal tipificada en el artículo 563 del Código Penal como delito de estafa, sancionado con prisión correccional.

Desde esa perspectiva, Noboa no tiene nada en común con Yunus. Más semejanzas asoman con el tristemente célebre notario Cabrera de Machala, personaje que estafó a amplios segmentos de la población, también con la complicidad de varias autoridades, al captar ilegalmente el ahorro de miles de personas incautas, tanto como al prestar dinero.

Todas éstas son prácticas que congelan en la pobreza a la gente.

[fuente]
http://www.lainsignia.org/2006/noviembre/ibe_021.htm

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