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Propuestas demagógicas y doble discurso

Leonardo Vicuña Izquierdo

Guayaquil, 4 de noviembre de 2006

Un candidato a la presidencia debe ser serio, coherente, responsable y transparente

Una exigencia popular permanente hacia él, debe ser la presentación de un programa para resolver los problemas que afectan al desarrollo del país y bienestar de la población, programa y propuestas viables, no demagógicas.

No puede ser que, como lo esencial de una campaña electoral, esté la palabra vacía ("educación", "salud", "turismo", "libre mercado"), sin contenidos; y menos, la referencia irresponsable a países hermanos como Cuba y Venezuela; y mucho menos, suplantar con la caridad publicitada como la entrega de fundas de harina, cajas de banano o silla de ruedas, que se reparten en centrales políticas y mítines a unos cuantos "afortunados", con la aspiración de que ingenuamente se lo vea como "enviado de Dios" para salvarlos. Esto es burla, actitud denigrante, que busca confundir, reemplazar el derecho del pueblo a su bienestar con paternalismo y dádivas.

Lo que resulta intolerable es que el candidato Álvaro Noboa "advierta" con devolver a la petrolera OXI "su" bloque y "su" plata; que mantendrá la Base de Manta y las políticas de sometimiento a EE.UU. y seguirá subordinado al FMI. No hay en su discurso, sentido de Patria, de país; si hay, en cambio, toda una campaña de manipulación... todo un circo, saturado de poses y gritos destemplados Esto convoca a un ejercicio de "exorcismo" cívico, que los ciudadanos deben practicar, esta vez con un voto conciente por el PAIS y de rechazo al actual estado de cosas, de caos, corrupción, inequidades y atraso.

Se debe rechazar el doble discurso. Es el caso de Noboa, por ejemplo, en la búsqueda febril de apoyo de Lucio Gutiérrez de quien se expresa como su "amigo", pero no recuerda que impidió que sea candidato y traicionó el pacto electoral con él. Dice que perseguirá a los golpistas, pero alaba a Cynthia y al PSC, actores del último golpe Estado. Dice ser el primer agricultor del país y no reconoce precios oficiales; en cambio, vende la urea a altos precios a los productores del campo; se queja del intervencionismo estatal, olvidándose las enormes ventajas que ha recibido del Estado, que al igual que a otros empresarios millonarios, como las devaluaciones, la dolarización, la política y administración tributaria. Dice que ama a los pobres y los trata como mendigos; que está contra las "trincas", pero acepta su apoyo y ser instrumento para que conserven el poder.

Es momento del cambio y éste no vendrá si no rechazamos estas formas antidemocráticas de hacer política; sobre todo, si no somos capaces de elegir un gobierno que lo impulse. Para ello es indispensable que cambiemos al Estado y organicemos todos sus poderes, para que contribuyan a ello. Todo, con la participación democrática de los ciudadanos, como lo reclaman cada vez más diversos sectores.

Por ello apoyemos la propuesta alternativa, nacional y patriótica de Rafael Correa con reforma política, previa consulta popular para elaborar una nueva constitución; construcción de una economía popular y reactivación productiva, recuperación del petróleo, reestructuración de la deuda y reforma financiera; política social de desarrollo humano; y defensa de la soberanía y dignidad de la Patria.

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