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Reflotando el Titanic

Alberto Acosta

La Insignia

Quito, 14 de junio de 2006

El Titanic, con el tiempo, ha llegado a representar mucho. No sólo el final de un gran transatlántico. Se ha convertido en una suerte de advertencia ante la soberbia. Y en Ecuador recuerda, además, el símil de una crisis anunciada en 1999, la mayor de todas.

El presidente de ese entonces, Jamil Mahuad, vinculado a la gran banca, como casi todos los gobiernos de los últimos años, solía recurrir a la imagen del Titanic que se hundía para advertir sobre los peligros que se avecinaban. No sólo fue una profecía autocumplida, sino que en su gobierno se aplicaron todas las medidas para que se produjera. 1999 se recordará por registrar la mayor caída del PIB y como el año en el que se agudizó el deterioro institucional del país. El PIB, medido en dólares, cayó en 30,1%; el PIB por habitante se redujo en casi 32%. Entre 1995 y 2000, como resultado de las políticas neoliberales aplicadas con o sin Carta de Intención con el FMI, el número de pobres creció de 3,9 a 9,1 millones; la pobreza extrema dobló su número de 2,1 a 4,5 millones. La concentración de la riqueza fue imparable: mientras en 1990 el 20% más pobre recibía el 4,6% de los ingresos, en 2000 captaba menos de 2,5%; entre tanto el 20% más rico incrementaba su participación del 52% a más del 61%.

Mahuad, quien impuso la dolarización en enero del 2000 -una de las medidas más estúpidas que se pueda recordar-, en contubernio con sus ocasionales socios, los socialcristianos, eliminó el impuesto a la renta, al tiempo que introducía un impuesto a la circulación de capitales que agudizó la crisis. Mientras el país sufría las inclemencias del fenómeno de "El Niño" y los impactos de la crisis financiera internacional, este presidente democristiano y su equipo económico -"reinante" en los últimos veinte años, salvo el corto período del ministro Rafael Correa- dio paso a un salvataje de los banqueros corruptos con un costo neto superior a 5 mil millones de dólares; salvataje que incluyó un feriado bancario y un congelamiento de depósitos que golpearon a cientos de miles de habitantes, muchos de los cuales se vieron forzados a emigrar.

Todo esto -hechos muy frescos en la memoria colectiva-, por decisión de la segunda sala de la Corte Suprema, no sucedió, nadie fue perjudicado, nadie resultó beneficiado: Mahuad y Armijos han sido exculpados, al menos transitoriamente. Y en estos mismos días, quizás no por una casualidad, se reagrupan las fuerzas que llevaron al poder a Mahuad, resucitando alrededor de la UDC: Unión Decrépita Cristiana, desde donde se aprestan a defender la dolarización, el TLC y las políticas económicas de cuño ortodoxo y conservador, a lo mejor en nueva alianza con el socialcristianismo.

Mientras tanto las izquierdas, sin entender los riesgos del reflotamiento del Titanic, practicando un desbocado canibalismo, olvidan la recomendación de J. Swift: "podéis disputaros entre vosotros tanto como queráis; solamente tened siempre presente que tenéis un enemigo común, que es vuestro amo".

[fuente]
http://www.lainsignia.org/2006/junio/ibe_035.htm

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