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Imbéciles hablando en serio

Alberto Acosta

La Insignia

Quito, 7 de junio de 2006

Mark Twain, indignado con los gobernantes de su época, se preguntaba "si el mundo está gobernado por personas inteligentes que nos toman el pelo o por imbéciles que hablan en serio". No se cómo se respondió el autor, cuyo verdadero nombre era Samuel Langhorne Clemens, pero lo cierto es que aún sirve su cuestionamiento. En medio del actual debate petrolero, cabe averiguar si quienes se rasgan las vestiduras por la caducidad de la Oxy o porque la empresa estatal se hace cargo de los campos de dicha empresa son personas inteligentes que defienden el interés transnacional o simples imbéciles que creen que hablan en serio.

Se entiende que algún diputado estadounidense vinculado a intereses petroleros exhorte a su gobierno para que sancione al Ecuador por lo que él considera una confiscación de los activos de la Occidental. Lo que llama la atención es que "compatriotas", sumados a la peregrina tesis de la expropiación, inviten a infringir la ley con el fin de salvar la negociación del TLC. No sorprenden las acciones que despliega la Oxy con el respaldo de su embajada y con el apoyo conciente e inconciente de "cipayos y vendepatrias" (Jorge Salvador Lara dixit). Lo que indigna es la posición de ciertos funcionarios que no previeron para nada las consecuencias de la caducidad, pero que, ahora, en lugar de apoyar decididamente a Petroecuador para que asuma la tarea, le entregan recursos con cuentagotas tratando a la mayor empresa del país como cualquier dependencia burocrática, a la que luego la critican por su burocratismo. Incluso un editorialista afirma que es mejor que el Estado se conforme con el 20% de la extracción de petróleo antes que la empresa estatal controle el 100% de la misma.

Las necesarias exigencias de transparencia a Petroecuador, por lo demás, no alcanzan a su Consejo de Administración, que acaba de adjudicar a dedo toda la producción de crudo Napo de los campos que eran de la Oxy. El beneficiario fue el cartel de las compañías que compra el crudo Oriente; empresas que, a principios del 2006, utilizaron como fachada a petroleras estatales para conseguir dos contratos de residuo; empresas que suministran el gas licuado que importa el país. Habiendo tiempo, no se convocó a una licitación que habría permitido verificar el verdadero valor del crudo Napo, con lo que se pudo haber logrado, con bastante seguridad, un mejor precio, reduciendo los sospechosamente altos diferenciales de calidad. Y de paso estos fulanos, para dicha de los importadores de derivados, como comentaba hace un par de días Napoleón Arregui, quien fuera un gran conocedor del tema y uno de los pocos honestos en el sector, habrían comprometido el crudo que podría ser refinado en Venezuela.

En esta encrucijada, el popular escritor norteamericano, creador de Tom Sawyer y Huckleberry Finn, no habría tenido dificultad en identificar a los bromistas al servicio del capital transnacional y de su propio bolsillo, acolitados por varios tontos útiles ofuscados por su dogmatismo.

[fuente]
http://www.lainsignia.org/2006/junio/ibe_016.htm

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