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El TLC se acata, ¡pero no se cumple!

Alberto Acosta

La Insignia

Quito, 9 de noviembre de 2005

Mientras en la reciente cumbre de presidentes, realizada en Mar del Plata, Jorge Bush II polarizaba a los gobernantes de la región reintroduciendo el tema del ALCA, en un aparte, haciendo gala de su conocido cinismo, alentó a los mandatarios andinos a seguir negociando el TLC. Bush II enfundó dicha negociación como parte de la lucha en contra de la droga, diciendo, además, que con el TLC se busca cumplir las Metas del Milenio, es decir abatir la pobreza. Y sin pestañar ratificó el compromiso de su país para continuar negociando "de buena fe". ¡Realmente hay que ser descarado! Lo que menos que hay es buena fe en las negociaciones del TLC, que es el camino a través del cual se suman los retazos del ALCA.

Si Washington realmente quería impulsar una relación equitativa, lo mínimo que se podía esperar es que el punto de partida, en el ámbito comercial, sean las preferencias arancelarias andinas ya otorgadas, no que éstas tengan que volver a ser negociadas. Indigna que productos -como el atún, las flores, el brócoli y el camarón-, que se benefician de dichas preferencias hasta diciembre del 2006, sean utilizados como rehenes por parte de Washington para asegurarse ventajas en otros puntos. Eso es chantaje, no buena fe. Que los EEUU no eliminen el proteccionismo a su agricultura, mientras presionan para que los países andinos desarmen sus bandas de precios, establecidas para defender de alguna forma su producción agrícola, que involucra a amplios segmentos de su población, tampoco es buena fe. Pretender uniformar las legislaciones de los países andinos al modelo del Consenso de Washington por la vía del TLC, lo que significa condicionar las potestades legislativas de estos países, no es buena fe, eso es -en palabras del jurista liberal Fabián Corral- "imperialismo legal".

En su hemorragia de impudicias, Jorge Bush II incluso aconsejó a sus colegas de la región diciéndoles que "la mejor manera de tener derechos es en una sociedad democrática, donde la gente realmente participe en las decisiones del gobierno". Cinismo puro. Que se sepa desde Washington no hay señales para que la región recoja esta recomendación. No se plantea instaurar una democracia que llame a los pueblos para que participen en las decisiones de sus gobiernos y que, para empezar, se pronuncien en las urnas sobre el TLC. Este es un tema de mucho fondo. Rememorando épocas coloniales, el imperio puede imponer su voluntad y los presidentes de muchos países latinoamericanos -en su mayoría eternos candidatos a virreyes- podrán acatar la imposición del TLC, pero no podrán esperar que sus pueblos lo cumplan. No habrá espacios para consensos pro TLC luego de su imposición. No es posible que las sociedades acepten sumisamente los cambios que hagan falta para viabilizar el TLC, es decir a trabajar para completar el ajuste estructural y asegurar los recursos de la región en función de la demanda de acumulación del capital transnacional, la gran pretensión de los EEUU.

Siendo importante decirle no al TLC, no es suficiente. Hoy más que nunca hay que darle contenido al enfrentamiento. Requerimos propuestas concretas para construir una integración verdadera, que no sea una simple reedición de caducas prácticas integracionistas.

[fuente]
http://www.lainsignia.org/2005/noviembre/ibe_038.htm

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