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¿Quién le teme a la constituyente?

Alberto Acosta

La Insignia

Quito, 4 de noviembre de 2005

Los temores ante la posibilidad de una Asamblea Constituyente afloran desde varios lados. Los más preocupados son los politiqueros tradicionales. Ellos, que se han reciclado una y otra vez, en varios partidos políticos, en distintos momentos, embusteros y manipulados a la vez, han respondido con elegancia... con la elegancia de los cobardes y mentirosos, atacando con calumnias incluidas a quienes quieren una Constituyente. No les importa una puñetera mierda el país y su gente. Reaccionan aterrados al intuir que sus privilegios están en peligro. Estos charlatanes de oficio no están dispuestos al debate de ideas y menos aún, válgame Dios, a que el pueblo, al que dicen representar, pueda decidir la convocatoria a una Constituyente en una justa electoral y, peor, a que esa misma gente, con otras reglas de juego, sin el tutelaje mafioso de la partidocracia, pueda escoger otros representantes para decidir colectivamente su futuro.

En juego están muchas prebendas del poder. La sola idea de que la ciudadanía libere los órganos de control de la férula de la partidocracia, les angustia. Que el Tribunal Supremo Electoral, para citar el botón de muestra, llegue a controlar a quienes deben ser controlados, esto es a los partidos y organizaciones políticas, les atemoriza. Les hiela la sangre pensar que esta liberación se extienda a las cortes de justicia, a la contraloría y a los otros tribunales. Tan hábilmente han tejido su control, que algunos partidos ya no necesitan competir por la Presidencia de la República para sostener los diversos hilos del poder político, compañero inseparable de su poder económico.

Mientras mucha gente reclama la Asamblea Constituyente, lo máximo que estarían dispuestos a autorizar algunos diputados, como lo proclamó uno de los especimenes más poderosos del Congrezoo, es una Asamblea Constitucional... con poderes limitados, un parlamento paralelo dedicado a cambiar unas cuantas leyes, aquellas que el poder crea conveniente cambiarlas para que nada cambie, contando con el visto bueno de algunos renombrados politólogos y de varios economistas "ortodoxos, conservadores y prudentes" (OCP), que también se muestran angustiados porque la Constituyente podría afectar su estabilidad macroeconómica, su dolarización, su TLC... Pero hay otros miedos en escena. Algún pretendiente de la Presidencia, en nombre de la austeridad, sugiere adelantar las elecciones, no vaya a ser -me imagino que estará pensando- que el proceso constituyente altere sus actuales opciones de triunfo... en las encuestas.

Desde el otro lado, entre quienes alientan la Constituyente, hay temores. Justificados, por cierto. La novelería provoca confusiones y éstas, a su vez, pueden dispersar a la sociedad, abriendo la puerta para que los representantes del poder oligárquico se reubiquen en renovadas instituciones. Los infantilismos, las miopías, los personalismos, las envidias, las viejas broncas, los egoísmos, tanto como los oportunismos pueden echar al traste la Constituyente, en tanto espacio incluyente que convoque la representación de todos los sectores del país, para que, desde una nueva correlación de fuerzas políticas, intentemos la construcción de un Ecuador democrático, más equitativo y soberano.

[fuente]
http://www.lainsignia.org/2005/noviembre/ibe_013.htm

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