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Las dirimentes FFAA

Rodrigo Tenorio Ambrossi

Diario El Hoy, edición digital

Quito, 3 de mayo de 2005

Le comunicamos que el Comando Conjunto de las FFAA ha tomado la dolorosa decisión de retirarle su apoyo. Palabras mágicas que surgen de los poderes ilimitados y que, en un instante, son capaces de quebrar el tiempo y dividirlo entre un antes y un después que nunca más podrán unirse, allí donde se daban unidades y continuidades simbólicas, se produce un abismo que devora los ordenamientos para dar lugar, luego de un momento de suspenso e incertidumbre, a otro universo que pretende ser la continuación del anterior. Pero no hay continuidad sino ruptura, herida y vaciamiento de sentidos.

Plural metafórico, todos esperan ese pronunciamiento, incluso cuando el Congreso ya ha decidido que el presidente ha dejado vacante la Presidencia por haber roto el ordenamiento constitucional. Pero esta decisión no vale aún, su poder es todavía tan pobre que hasta podría ser desconocido. Se espera la magia de esas palabras a las que nadie se atreve a contradecir, pues son absolutas. En ese instante, las decisiones del Congreso se fortifican y se llenan de sentido y poder. El presidente agacha la cabeza y se va.

Como en los dos casos anteriores en los que se produjeron súbitas terminaciones del mandato presidencial, las Fuerzas Armadas acaban asumiendo el papel de instancia dirimente que decide que hasta ahí no más llega el ejercicio democrático del poder del presidente. Le retiramos nuestro apoyo y, con ello, todo termina irremediablemente porque las palabras, la sentencia, los gestos se hallan respaldados por soldados, armas, fuerzas unidas que obedecen de manera irrestricta a sus jefes.

¿Por qué se arrogan facultades no contempladas en la Constitución? ¿Por qué transformaron a los cuarteles en el mejor escenario para las arengas y diatribas políticas del anterior presidente? ¿Por dudosas lealtades? Las FFAA se han dejado arrastrar abiertamente a los juegos sucios y limpios de la política civil, a los enmarañamientos del poder político del que deben mantenerse alejadas, pues representa lo contrario de lo que implica el orden militar. Dirimen, se autorizan por sí mismas a poner la estocada final a un toro ya lidiado y que se sabe herido de muerte. Pero esa muerte pertenece a los ordenamientos de la ley y no de la fuerza. La organización popular, de donde nace el poder, pidió su renuncia al presidente que, como es obvio, tenía que ofrecer pelea. Al Congreso le corresponden los análisis y determinaciones legales, incluso desde esa perenne y legítima conspiración política que lo caracteriza.

Hace unos meses estuvo entre nosotros una misión de militares franceses que quedaron atónitos ante la permanente injerencia de nuestros militares en lo cotidiano del ejercicio político. Cuanto más alejados se hallan los militares de la política civil, dijeron, más se cohesionan y fortalecen las democracias. Tal vez así se explique el raquitismo de nuestra democracia porque se halla amparada en el juego de los militares que, tras bastidores o de manera frontal, opinan y hasta deciden en un campo que no les pertenece. Si se desea que el sistema democrático se robustezca, es imperativo que los militares retornen a sus espacios propios y nunca más se introduzcan en lo que no les compete.

[fuente]
http://www.hoy.com.ec/NoticiaNue.asp?row_id=203810

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