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Forajidos, identidad y democracia

Erika Silva

Quincenario Tintají, nº 66

Quito, 30 de abril de 2005

La movilización en contra Gutiérrez

Presumo que esta crisis ha evidenciado una convergencia inédita y extraña entre el tradicionalismo ideológico, las concepciones juridicistas sobre la democracia y aquellos discursos radical demócrata formulados por diversos actores co-participantes de las movilizaciones.

En torno a las concepciones juridicistas sobre la democracia la alianza opositora PSC-ID-PK articuló -desde diciembre en adelante- la impugnación al régimen de Gutiérrez y el cuestionamiento a su legitimidad y contó, para ello, con la caja de resonancia de la mayoría de los medios de comunicación. Este discurso -definitivamente partidista- logró encarnar en la población. Era un discurso, sin embargo, falaz, que escondía la doble moral de quienes lo emitían pues ellos mismos habían participado en anteriores y sucesivas transgresiones a la Constitución. El mensaje parecía ser que hay quienes tienen el privilegio y quienes no lo tienen de violar la ley. Un mensaje de claro corte colonial. Esta doble moral se demostró cuando defenestraron a Gutiérrez violando una vez más la Constitución, frente a lo cual ha habido un silencio cómplice. Quienes defendieron "la democracia" cuando la alianza oficialista cesó a la Corte Suprema de Justicia, por ejemplo, no se han pronunciado al respecto. Se evidenció que el discurso juridicista sobre la democracia, en el cual es experta la derecha, es un discurso hueco de filosofía democrática, pero pleno de contenido político favorable a los poderosos.

Pero, la coyuntura también convocó a participantes que formularon un discurso crítico del poder: los que identificaron a Gutiérrez como traidor a la agenda de cambio, plantearon críticas a su entreguismo a los EE.UU., a su decisión de firmar el TLC y de entregar a los gringos la base de Manta, o participar en el Plan Colombia. Fueron los que plantearon "que se vayan todos", las Asambleas Populares y que fueron estigmatizados por los medios televisivos el mismo 20 de abril a la medianoche como "infiltrados", "anarquistas", un sector cuyo discurso no fue hegemónico en la movilización, pero que fue arrastrado por el discurso y la agenda del poder, como lo fue la mayoría de la izquierda -partidista y no partidista- a lo largo de la coyuntura.

¿Por qué el rechazo a Gutiérrez?

Creo que ambas vertientes, sin embargo, no son las únicas que se manifestaron en la movilización de Quito, específicamente. Sospecho que la movilización de ciertos sectores de esta ciudad contra el régimen debe ser comprendida más allá de la política, pues parecería tener raíces más profundas, en los prejuicios, y el racismo-elitismo, propios de los grupos tradicionales de la sociedad quiteña. No es casual que el rechazo al gobierno haya convocado a sectores sociales que nunca se movilizan, como las clases medias altas y sectores burgueses del norte de Quito, que se sienten orgullosos de su herencia hispánica y que cada año, en las fiestas de Quito, se dan un baño de hispanidad al recrear la gesta de la conquista y la colonización. De hecho, la movilización tenía un aire de fiesta; se tomaron los mismos espacios en los que se desenvuelven las fiestas, y se utilizaron sonidos y banderas como símbolos de identificación de los movilizados. Estos sectores sociales que seguramente se asumen como "blancos" o se enfilan hacia un "blanqueamiento", bien pudieron haberse movilizado también en rechazo al "cholo", o "indio" en el poder. De hecho, había expresiones escritas y verbales, tales como "Yumbo fuera" o "Jibaro fuera", así como otras que visualizaban a Gutiérrez según el típico imaginario de la dominación sobre los indios: feo (cachetón, narizón), sucio, burro, etc. La furia social que provocó Gutiérrez, la sed de venganza, el ensañamiento contra su persona de parte de los/as manifestantes sugieren que no solo había razones políticas ahí. Sugeriría una especie de catarsis colectiva, un desahogo de sentimientos insoportablemente guardados dentro de cada familia (el núcleo que se movilizó en el norte de Quito) asociados, seguramente, a su sentido étnico de la jerarquía. De comprobarse este punto de vista, podría sospecharse que el "heroico pueblo de Quito" no tiene mucho de heroico y menos de "pueblo", por más que el discurso oficial así lo difunda. Más que entusiasmarnos tanto con lo que ha pasado, más bien deberíamos preguntarnos sobre lo que esto nos dice sobre nuestra identidad y sobre el contenido real de nuestro pensamiento democrático.

[fuente]
http://www.tintaji.org/modules.php?name=News&file=article&sid=1012

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