Logo Llacta!

Un fantasma recorre el Ecuador: ¡La Democracia!

Raúl Borja

Quito, 28 de abril de 2005

En el Ecuador todos estamos metidos en un torbellino de fuerzas muchas de ellas difusas y contradictorias, en el que es fácil "perder la cabeza" en la comprensión de y el compromiso con la coyuntura política. Es posible que pronto todos vayamos a la arena de una Asamblea Constituyente, a tratar de construir el sentido de la democracia en el Ecuador de hoy. Esta es también una urgencia, a la que, sin embargo, debemos encarar escapando del bochorno de la coyuntura. Estas ideas sobre la democracia en el Ecuador son pequeños guijarros de una cantera común.

La democracia y el poder real

En el Ecuador, la sociedad como sistema funciona asentada en tres pilares: la concentración de la riqueza, la exclusión de amplios sectores sociales, étnicos y regionales, y la representación política oligopolizada por minorías que organizan periódicamente procesos electorales destinados a mantener su poder incólume no obstante las reformas que -a modo de operaciones estéticas- se hacen en el sistema.

La ecuación es simple: en lo económico, a más pobreza distribuida en la mayor parte de la sociedad, más riqueza concentrada en una minoría social. En lo político, a menos actores participando con libertad en las decisiones del Estado, más poder concentrado en los grupos de inversión electoral.

En síntesis: el ejercicio actual del poder se asienta sobre la falta de equidad social y económica, impedimento real para el ejercicio de una democracia sustantiva y participativa, que respete y garantice el ejercicio de los derechos civiles, políticos, sociales, económicos y culturales.

La democracia en el Ecuador es -en el mejor de los casos- un cascarón de proa de un régimen oligárquico asentado sobre un sistema económico y social excluyente. No hay una democracia sustancial si millones de personas subsisten con hambre, si el desempleo lacera a más de la mitad de la fuerza laboral, si la población padece de enfermedades curables, carece de vivienda digna, si ha sido apartada inhumanamente de los goces de la recreación, la cultura y el descanso.

En el Ecuador la Constitución garantiza los derechos políticos, entre otros los referidos a la elección de los mandatarios, inclusive su revocatoria por mandato popular. También garantiza los derechos civiles, por ejemplo, el acceso a la justicia para todas las personas en igualdad de condiciones. Pero todo lo bueno de la Constitución ha sido convertido en letra muerta, pues el ejercicio oligárquico del poder político se alimenta del sumun de la falta de equidad económica y la ausencia de justicia social.

Queremos vivir una democracia sustantiva en la que todas las personas dispongan al menos de oportunidades para educarse, de trabajo y empleo, de salud, vivienda, seguridad social, recreación, ambiente sano... No queremos una democracia fantoche en un escenario que se cae en pedazos, sino un paradigma de vida cotidiana.

El Estado Social de Derecho en el Ecuador

No somos apocalípticos. No todo es tan malo. No todo está perdido...

En los últimos años se han alcanzado logros democráticos en el Ecuador que se reflejan más que todo en dos "espejos": lo jurídico-constitucional, y lo socio-organizacional.

La Constitución vigente desde 1998 define al Ecuador como "un Estado Social de Derecho... democrático, pluricultural y multiétnico... cuyo más alto deber consiste en respetar y hacer respetar los derechos humanos..." El Estado Social de Derecho consagra en la Constitución vigente la ciudadanía para todas las personas nacidas en el Ecuador, reconociéndoles el estatus de personas con derechos políticos, sociales y económicos, inclusive a las personas de la niñez y la adolescencia independientemente de su edad.

El Estado Social de Derecho reconoce como sujetos colectivos con derechos específicos a los pueblos y nacionalidades indígenas, a las mujeres, a los niños - niñas y adolescentes, dotándoles a todos de facultades concretas para incidir en el Estado mediante instancias tales como el CODEMPE, CONAMU el Consejo Consultivo de la Niñez y Adolescencia, entre otros.

El Estado Social de Derecho garantiza el Control Social, la Rendición de Cuentas de los Mandatarios, la Revocatoria del Mandato por el pueblo. La práctica de esos derechos políticos posibilita que la sociedad civil intervenga en asuntos públicos tradicionalmente delegados a los organismos del Estado: Contraloría, Congreso, entre otros.

Hacer realidad el Estado Social de Derecho -que hoy es letra muerta- es un reto del proceso actual de construcción de la democracia sustantiva en el Ecuador. Ese proceso está en marcha desde hace algunos años, cuando sectores sociales importantes se movilizaron para ganar derechos y defenderlos. La Constitución de 1998 fue uno de los mejores resultados de una larga y sostenida lucha social. Hoy es hora de tomar el relevo en esta "carrera de postas"...

Los sectores sociales han desarrollando conceptos y propuestas claves de una Agenda de la Democracia del Ecuador. Hay avances sobre asuntos claves como la deuda externa, deuda social, inversión social, economía social solidaria, productividad, empleo digno, seguridad alimentaria, reforma de la estructura de propiedad agraria, redistribución de los recursos fiscales, participación ciudadana, control social, derechos de las minorías, soberanía nacional, entre otros.

La coyuntura política actual nos reta a todos los ecuatorianos y ecuatorianas a organizar un proceso de Asamblea Constituyente. Esta es la oportunidad para consolidar lo democrático de la Constitución vigente, mejorándole sustancialmente. Al mismo tiempo, es la ocasión para poner las bases de la materialización del Estado Social de Derecho.

La democracia, el desarrollo económico y la soberanía nacional

El desarrollo económico debe servir para que los ecuatorianos y ecuatorianas nos realicemos como seres plenos, individuos felices y comprometidos con el bien social y el destino de nuestra nación. El desarrollo económico debe sostener la práctica de las libertades civiles y políticas, afirmar la soberanía nacional e integrar nuestra nación al concierto mundial en igualdad de condiciones.

Somos una nación en riesgo de ser liquidada en sus reservas materiales (recursos naturales), en sus reservas políticas (soberanía), en sus reservas culturales (dignidad y valores éticos). Revertir esta tendencia implica fortalecer la democracia sustantiva, pues nuestro destino debe ser determinado libremente por el pueblo, sin rasgos de tutelaje de quienes creen ser los predestinados al rol de guardianes de la democracia en el mundo y adalides de la civilización humana.

El Estado ecuatoriano ha cedido la conducción de su política económica a los organismos internacionales, lo que ha deteriorado su soberanía y autodeterminación. Sobre esa base se ha consolidado la deuda externa a cuyo servicio se destina el 50 % del presupuesto fiscal. El endeudamiento es un instrumento de control político de los organismos financieros internacionales a los gobiernos de turno, y la oportunidad para un enriquecimiento leonino de conciudadanos dueños de papeles de deuda.

La riqueza petrolera ha sido administrada de modo errático por el Estado ecuatoriano, y su aprovechamiento ha sido entregado en gran proporción a empresas extranjeras en condiciones desventajosas para el Ecuador. Su explotación ha dañado irreparablemente el ambiente natural, social y cultural en la Amazonía, llevada de la mano de una visión economicista y utilitaria de los gobernantes de turno.

El Ecuador padece los impactos del sostenimiento de un gasto militar inútil e injustificado. Para encaminar el desarrollo humano debemos bajar al mínimo el gasto militar, y comprometernos en el concierto internacional a una moratoria de la compra de armas. La soberanía nacional y la democracia no se garantizan con recursos bélicos, cuyo costo lo pagamos con mayor pobreza y menores oportunidades de desarrollo para el conjunto de la sociedad y la Nación.

La asistencia técnica y financiera internacional tiene que respetar los procesos de identidad y el grado de desarrollo económico del Ecuador, convirtiéndose en un medio facilitador del desarrollo humano y por ende de la democracia, jamás en herramientas de estrategia geopolítica de naciones y círculos internacionales de poder.

En las negociaciones del Tratado de Libre Comercio jamás los gobiernos consultaron al pueblo, a pesar de que está demostrado que el TLC afectará de muerte áreas de la producción nacional, como la agropecuaria y farmacéutica. Debemos discutir los contenidos del Tratado de Libre Comercio y sus implicaciones antes de que este instrumento se consagre y nos obligue a respetarlo.

El Tratado de Protección de Inversiones suscrito por el Estado ecuatoriano con los Estados Unidos desconoce nuestras instancias judiciales y administrativas y somete al país a tribunales internacionales, alegándose que en nuestro país se da un trato no equitativo a las compañías extranjeras.

Por último, el gobierno de Mahuad concedió la Base de Manta a las fuerzas militares de Estados Unidos supuestamente para controlar al narcotráfico, sin consultar al pueblo ni al Congreso sobre la conveniencia de ese tratado internacional que afecta la soberanía nacional. Ese convenio vincula al Ecuador con el conflicto de Colombia y es el pretexto para continuar con un gasto militar injustificado.

Los ámbitos de la agenda de la democracia

La democracia implica cambios culturales

Para que la democracia no se convierta en letra muerta, momificada en instrumentos jurídicos y enclaustrada en instituciones que ya no tienen legitimidad en el pueblo, debemos gestar cambios en la cultura política de la sociedad. La democracia sustancial es vivencia de las personas e instituciones básicas como la familia, el sistema educativo, las organizaciones territoriales, las organizaciones sociales, los partidos políticos y otras instancias de la sociedad civil.

La sociedad civil y el Estado debemos concertar políticas que eslabonen la democracia con la cultura. Se debe direccionar recursos a fin de gestar cambios de actitudes que nos lleven a superar todo tipo de conductas excluyentes como el racismo, homofobia, xenofobia, que sitúan a unas personas "encima" de otras. Tenemos que cultivar -día a día- los valores de la solidaridad, el respeto a la diferencia, la convivencia en medio de la divergencia, en una sociedad intercultural como es la ecuatoriana.

Valid XHTML 1.0! Valid CSS!

:: http://www.llacta.org ::