TLC, todo lo contrario

Juan Fernando Salazar

Diario El Comercio, edición digital

Quito, 31 octubre de 2004

 

El Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos es lo más parecido a un ataque por tierra, mar y aire dirigido este mismo momento a tres países. Centrándonos en el nuestro, pocos parecen comprender que el TLC es un tratado con dos firmantes, uno de ellos el Ecuador. Antes, las invasiones se hacían de otra manera, pero las guerras de ahora se hacen mezclando el salvajismo del pasado con la crueldad cibernética estilo Iraq. En nuestro TLC, no hay guerra propiamente dicha, ni siquiera guerra comercial: hay simplemente el aviso de que debemos firmar un tratado o atenernos a las consecuencias... ¿Cuáles? A las consecuencias de no firmar el tratado. De modo que el acto de firmar, aparte de cambiar las reglas de juego, sería simplemente una muestra fehaciente de que nunca pretenderíamos no firmar el tratado que nos pondrán delante. Si no firmamos querría decir que no estamos dispuestos a obedecer una simple insinuación de buena voluntad y desprendimiento, actitud que entonces sí constituiría un desaire, un impasse diplomático, una declaración de guerra (nuestra a Estados Unidos).

Ante el ataque del TLC, el Ecuador ha manifestado una actitud sorprendente: no ha hecho prácticamente nada. Antes, ante la amenaza de guerra con el Perú, las fuerzas militares se movilizaban intelectual y materialmente para la defensa y el ataque. Ahora no: las Fuerzas Armadas del Ecuador han hecho mutis por el foro, lo que resulta revelador de la conducta de su Comandante en Jefe, que ha dado al proceso de negociación del TLC menos importancia que a las campañas políticas de sus familiares. Si las Fuerzas Armadas y sus sesudos miembros no se han pronunciado clara y explícitamente sobre este ataque por tierra, mar y aire, quiere decir o que no tememos al enemigo o que tenemos un amigo todopoderoso o que solo contamos las bajas en muertos por armas explosivas, (gracias a Dios no sabemos qué son armas de destrucción masiva).

El Gobierno no ha hecho nada para enfrentar el ataque eufemísticamente denominado de varias maneras: reto, propuesta, última oportunidad. El Congreso no se ha dado por notificado y no le falta razón en cuanto la única noticia oficial que tuvo fue durante la "performance" de Ivonne Baki en la que anunció, hablando en serio, el punto de vista de los Estados Unidos, y hablando en chiste, algo parecido a las enormes inversiones de Donald Trump cuando se le permite ganar dinero sin riesgo de ninguna especie.

Si el Congreso no reacciona ante el TLC, es casi lógico pensar que no tendremos TLC porque no sería ratificada la suscripción de los representantes de la señora Baki que osadamente se aprestan a poner su huella digital en el recuadro que dice "Equador".

Así como la firma del Protocolo de Río de Janeiro terminó con las discusiones de límites, así el TLC terminaría con las discusiones sobre la soberanía económica del Ecuador. Entonces, por ley de la gravedad, la agenda nacional será la misma concebida por el TLC, se impondrá a destiempo, pero finalmente, el neoliberalismo, y todos viviremos felices porque no podremos cambiar nada sino progresar y desarrollarnos dentro de la globalización del patio trasero.

 

[fuente]
http://www.elcomercio.com/noticias.asp?noid=107977

 

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