El ex-sacerdote Eduardo Delgado quiere que vuelva la esperanza

Diario La Hora, edición digital

Quito, 29 de marzo de 2004

 

Al salir de la Casa de la Niñez, un albergue para niños indigentes, en su mayoría hijos de campesinos, ubicado en el barrio de San Roque, en el centro de Quito, le preguntamos a Jorgito, Luis y Carlos, de ocupación lustrabotas, sobre qué calidad de persona es el señor Eduardo Delgado. Los tres responden que Delgado no es un señor, sino el Padre Delgado. "Lo de cura se lleva en el corazón y no en la sotana", dice seguro de sí mismo Jorgito, un niño de apenas 10 años.

Lo que él y sus amigos ignoran es que por dedicarse a ellos (por defender la causa de los pobres), Delgado está ahora desempleado y viviendo en un pequeño departamento.

De mediana estatura, frontal pero no agresivo, con un carisma único y dueño de un rico lenguaje en donde sobresale la palabra "esperanza", Eduardo Delgado Torres, es noticia en el país desde el año 1991. Coincidencia o no, detractores y admiradores siempre lo relacionan con los pobres.

Este hombre, salido de una familia de agricultores, de la región de Sucúa, en la provincia de Morona Santiago, es el sexto hijo de una familia de diez hermanos. "Somos una tribu pequeña", dice.

Su niñez y adolescencia estuvo relacionada con los indios shuar; estudió hasta el tercer año de básica en el colegio Río Upano y terminó la secundaria en Cuenca.

Según Delgado, fue en esa ciudad, Cuenca, en donde tomó la decisión de servir a los pobres. Todo fue casual. Siendo miembro de una comunidad de base, ligada a la organización salesiana, un sacerdote le invitó un sábado a que le acompañara a la cárcel de adolescentes. "Vi que los niños vivían en condiciones adversas", dice.

Las visitas se hicieron semanales y al terminar el colegio, Delgado decidió hacerse cura. En casa, su padre César y su madre Isabel, al igual que sus hermanos, no vieron con buenos ojos esta decisión, porque todos lo habían comenzado a ver como un futuro médico o aviador. Pese a ello respetaron su voluntad.

En problemas por los pobres

Abrazar la causa de los pobres le ha traído serios problemas a Delgado. Antes de ordenarse como sacerdote estudió en un seminario en Colombia, luego regresó a Quito e ingresó a la Universidad Católica, en donde se graduó como sicólogo educativo. Posteriormente ingresó a la Facultad de Teología de esta misma universidad, de donde fue expulsado, supuestamente por sus ideas de justicia que a los superiores les parecieron de izquierda.

Sobre este particular, Delgado dice que con un grupo de estudiantes pidieron un cambio en el pénsum de estudios. El objetivo era que el evangelio se enseñe desde la realidad de América Latina. Las autoridades de ese entonces estuvieron en desacuerdo y lo expulsaron.

Viajó a Chile. Ese país estaba viviendo los dos últimos años de la dictadura de Pinochet. A la par que estudiaba teología, se metió a trabajar con los movimientos sociales. "El objetivo era sacar al dictador del poder", manifiesta.

Tras terminar sus estudios regresó nuevamente al Ecuador. Sin lugar a dudas, el mejor momento de un sacerdote es cuando le ordenan como tal.

Ordenado en Méndez

La ordenación de Delgado tuvo lugar en Méndez. Quería estar junto al pueblo, porque para él, el evangelio es un compromiso, un deseo de servir a los demás. Y el pueblo respondió. El coliseo prácticamente resultó pequeño. Monseñor Pedro Gabrieli, Obispo de Méndez - Gualaquiza, le ordenó como sacerdote. Fue en el año de 1991.

Desde esa fecha (1991) hasta 1998, Delgado fue coordinador general del proyecto salesiano " Niños de la Calle". Por tal motivo estuvo al mando de lo que sucedía en Quito, Santo Domingo de los Colorados, Esmeraldas y Ambato.

Luego pasó a la Universidad Politécnica Salesiana, en donde lo nombraron decano de la facultad de Ciencias Humanas y Sociales. El trabajo que hizo, calificado de excelente por sus superiores, le sirvió para que le nombraran pro rector de esa institución.

En el 2001 se dio el levantamiento indígena y Delgado los acogió en las instalaciones de la universidad. Allí comenzaron sus problemas, pues recibió varios llamados de atención, tanto del Nuncio Apostólico, como de ciertas autoridades de la Iglesia Católica.

"El Nuncio me dijo que con mis acciones daba un sesgo político a la institución y que estaba poniendo en riesgo a las instituciones de la iglesia. Pero yo le contesté que no abrir las puertas de la universidad también era involucrarme en política", asegura.

Gutiérrez traicionó la esperanza de los pobres

Pese a no tener pruebas, Delgado está más que seguro que quien lo sacó de la iglesia fue Lucio Gutiérrez, a quien considera "un asesino de la esperanza de los pobres".

Asegura que todo comenzó cuando celebró una misa en la calle, en memoria del ingeniero Patricio Campana, técnico de Petrocomercial que fue asesinado de un disparo.

"La Policía prácticamente nos cercó. A pesar de aquello el oficio se llevó a cabo. Ese día no hubo periodistas pero sí decenas de agentes de seguridad pública. Durante el sermón yo dije que vivimos una suerte de terrorismo de Estado, que el gobierno de Lucio Gutiérrez era neofascista, propio de gobiernos mediocres que cuando no hay argumentos recurren al garrote. Por último, yo invité a dejar a un lado el miedo, a enfrentarse a este Gobierno que había asesinado la esperanza de los pobres y que Gutiérrez era el asesino de esta esperanza".

Delgado manifiesta que a las pocas horas el Rector Mayor de los salesianos, Pascual Chávez, que coincidencialmente estaba de visita en el país, se le acercó y le dijo que traía una queja del Nuncio Apostólico. Según Delgado, el Nuncio no había visto con buenos ojos el que haya celebrado una eucaristía en la calle. Igualmente, le habría dicho al máximo rector de los salesianos que él (Delgado) estaba comprometiendo a la iglesia.

Entonces vino la propuesta. Chávez le dijo a Delgado que fuera a Roma a un retiro espiritual, a fin de tener un discernimiento espiritual. Le pidió, además, que se dedique a lo sacerdotal. "Yo le respondí que mi problema no es de vocación, sino de opción. No podía claudicar con mis principios, entre quedarme con el cura o el pueblo, yo escogí lo segundo", asegura.

Pero Delgado va más lejos. Hace un poco de conjeturas y dijo que de ley, los agentes de seguridad grabaron la misa y se la dieron a su superiores y éstos al ministro de Gobierno. Asegura que Gutiérrez ordenó o fue la persona (a nombre del Gobierno) que se quejó por las labores que hacía en beneficio de los pobres. La queja fue al Vaticano y allí rebotó en el Nuncio Apostólico.

Futuro candidato

A pesar de los duros golpes recibidos, Delgado ha demostrado ser un hombre de acción. En la actualidad se encuentra recorriendo todo el país. La semana pasada estuvo en Guayaquil, ciudad en donde le recibieron bien, especialmente en Los Guasmos. Posteriormente viajó a Loja y en los próximos días recorrerá algunas provincias de la serranía central.

Manifiesta que el objetivo de estos recorridos es para proponer un gran frente social, que agrupe a todas las fuerzas políticas y sociales del país que quieran realizar el cambio que tanta falta le hace al Ecuador. "Hay que devolverle la esperanza al pueblo", dice.

Delgado asegura que varios movimientos sociales le han pedido que sea el próximo candidato a la Presidencia de la República. Sobre este tema, asegura que si hay unidad y compromiso de todos por llevar adelante una verdadera revolución democrática, él aceptará participar como candidato a presidente en las próximas elecciones presidenciales.

Por ello, el 15 de abril se realizará un encuentro nacional, para hacer surgir la esperanza. Dice que se necesitan 3 mil hombres honestos y bien capacitados para sacar al Ecuador adelante.

Como no todo es color de rosa, pues por sus ideas de izquierda va a tener mucha resistencia, sobre este particular Delgado asegura no preocuparse pues podría darse lo mismo que en Venezuela, donde el pueblo es el que sostiene al Gobierno.

Pero él no quiere enfrentamientos inútiles y por eso a todos los ecuatorianos, ricos y pobres, les va a pedir que dejen a un lado el nerviosismo y se embarquen en el vehículo del cambio.

Propone desmantelar el modelo neoliberal y negociar dignamente la deuda externa, a fin de que los recursos sirvan para la educación y salud. "Un modelo económico humanista que no vea el bien del capital, sino el de la gente. Una política más clara".

Delgado, un ex cura, alegre y frontal, se embarca ahora en el carro de la esperanza. Solo el tiempo dirá si en el camino encontró las piezas para hacer andar a ese vehículo.

 

[fuente]
http://www.lahora.com.ec/noticiacompleta.asp?noid=247279

 

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