Pachakutik, la Alianza y la Democracia Disruptiva

Víctor Hugo Jijón

Quito, enero de 2004

 

Luego de un año de gobierno del Coronel Lucio Gutiérrez el país se encuentra en peores condiciones que antes, pese a que el maquillaje estadístico macroeconómico pretende mostrar una que otra mejoría. En gran medida, esto obedece al acelerado abandono de los objetivos y compromisos establecidos en el marco de la alianza política que le llevó a la primera magistratura, dejando de lado medidas concretas que reactiven la producción, fomenten las inversiones y la generación de empleo. Priorizar el pago de la deuda externa, adular a la oligarquía y desatar el populismo han agravado el desempleo, la pobreza y la emigración. Quedaron atrás las esperanzas de sentar las bases de una transformación social y económica que apuntalen un desarrollo humano sustentable con identidad, equidad y respeto al medio ambiente.

Esta experiencia de gobierno ha sido analizada y calificada desde diversos horizontes, generalmente externos al Movimiento Pachakutik, protagonista de la alianza con el Partido Sociedad Patriótica, fundado por el coronel. A fin de que la ciudadanía conozca con mayor detalle varios aspectos de este proceso que no han sido suficientemente difundidos o que han sido objeto de interpretaciones tendenciosas, los miembros de Pachakutik que ejercieron cargos de responsabilidad nacional publicarán en los próximos días un libro con una breve narrativa de su gestión y las perspectivas luego de la ruptura de la alianza.

Si bien esta información fue parte de la rendición de cuentas que hicieron en el III Congreso Nacional del Movimiento, en septiembre de 2003, es necesario ampliar su socialización como elementos importantes de construcción de la memoria colectiva, en tanto lecciones aprendidas útiles para el fortalecimiento político y organizativo societal, con el cual enfrentar los nuevos desafíos de la lucha social y política planteados por el imperio y la oligarquía. Como anticipo a esa reflexión, se señala a continuación una breve panorámica de algunos aspectos relevantes de esta experiencia gubernamental, sobre la cual, sin duda, hay mucho por debatir.

 

1. Un proceso con rasgos regionales de cambio

La victoria electoral de la Alianza entre el Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik – Nuevo País y el Partido Sociedad Patriótica 21 de Enero ocurrida en el Ecuador, en noviembre de 2002, que llevó al triunfo presidencial al Coronel Lucio Gutiérrez, se insertó en aquella tendencia que en América Latina comenzó a escoger candidatos que en sus campañas condenan el orden socioeconómico existente y se comprometen a realizar políticas que lo modifiquen profundamente. La esperanza popular marcó las campañas electorales en Venezuela, Ecuador, Brasil, Argentina y ahora Paraguay, en donde las grandes mayorías manifestaron con el voto su convicción de que los cambios al modelo neoliberal son posibles, en un marco de respeto a la institucionalidad constitucional.

Estas elecciones constituyen un serio revés para la estrategia de dominación estadounidense en América Latina y se realizan en un momento en que los Estados Unidos refuerzan las presiones para imponer el ALCA y los Tratados de Libre Comercio, con todos los riesgos que significa para las vulnerables economías de la región la apertura indiscriminada de sus débiles economías a una competencia desigual y sin concesiones equivalentes en el mercado estadounidense.

Aunque si bien las situaciones nacionales existentes, los hombres y las perspectivas difieren bastante de un país a otro, tanto Hugo Chávez como Lucio Gutiérrez, Lula da Silva, Néstor Kirchner, y ahora Nicanor Duarte, persuadieron en su momento a quienes los eligieron y apoyaron de que sus gobiernos estarían en condiciones de transformar la sociedad y mejorar la calidad de vida, en el ámbito de la democracia representativa. Claro que ya en el ejercicio de sus funciones, cada Presidente electo ha tenido grados diferentes de respeto a sus ofertas de campaña, moviéndose entre las presiones de las élites económicas locales y las de los organismos internacionales, por un lado, y las acciones de resistencia popular por otro.

En el Ecuador, la victoria de Lucio Gutiérrez fue fundamentalmente la victoria de los movimientos sociales urbanos y rurales que sostuvieron su candidatura, en particular de aquellos identificadas con Pachakutik, con el respaldo de una amplia alianza social y política que abarcó a múltiples sectores poblacionales pobres y medios; en un país abrumado por una enorme deuda social, una economía agobiada por la dolarización y una nefasta herencia fiscal del anterior gobierno. Por lo mismo, las expectativas de cambio eran enormes.

Estas expectativas eran también por demás legítimas, en razón de que Pachakutik constituye la expresión política de una tendencia innovadora en los movimientos sociales ecuatorianos que trasciende lo meramente reivindicativo y contestatario hacia una acción política capaz de incidir en el ámbito de lo público, haciendo presencia en diversos escenarios de participación política y de actividad legislativa, en gobiernos locales y juntas parroquiales, todo ello en la perspectiva de mejorar la calidad de vida de la población, defender la soberanía alimentaria, impulsar el desarrollo sustentable y construir políticas públicas bajo un horizonte estratégico de empoderamiento y transformación social.

2. La situación de crisis nacional previa a las elecciones

El acceso al gobierno de la alianza política entre el Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik - Nuevo País y el Partido Sociedad Patriótica 21 de Enero, Listas 18 y 3 respectivamente, ocurrió en el marco de una crisis múltiple, económica, social, moral y de inestabilidad política, jalonada por el derrocamiento de Abdalá Bucaram en 1997 y de Jamil Mahuad en el 2000; procesos en los cuales los principales protagonistas fueron el movimiento indígena, las organizaciones sociales y los militares. En cierta forma, la Alianza 3-18 significó la continuidad en el ámbito electoral de los actores fundamentales de las acciones insurreccionales en contra de estos gobiernos demagógicos y corruptos.

Los planteamientos que inicialmente propiciaron el acercamiento entre estas dos organizaciones tendían esencialmente a dar respuestas viables a los diversos problemas generados por veinte años de aplicación de las políticas neoliberales de ajuste estructural, que si bien no habían logrado totalmente sus nefastos propósitos gracias a la resistencia indígena y popular, sí habían agudizado la pobreza y la exclusión social, la descapitalización y la desinversión productiva.

En efecto, bajo la tutela del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, la reducción del aparato estatal, las privatizaciones, la descentralización, la flexibilidad laboral y la desregulación económica y financiera, aunque no alcanzaron la misma magnitud que en otros países latinoamericanos, lograron afectar puntos neurálgicos de la economía y de los servicios públicos a través de la restricción de la capacidad de control del movimiento bancario, de la falta de políticas monetarias debido a la implantación de la dolarización y de la reducción del presupuesto gubernamental.

En un Estado asediado por conflictos étnicos y regionales propios de su conformación histórica repleta de injusticias y marginaciones, con una economía dependiente de las exportaciones de productos primarios y un mercado interno pequeño, la formulación de un Plan de Gobierno necesariamente debía realizarse a partir de lo que ya se había avanzado en respuesta a esta situación a lo largo de los últimos años; es decir, de las numerosas propuestas diseñadas en varios procesos y eventos desarrollados anteriormente, por iniciativa de Pachakutik y de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, CONAIE, y en las amplias sesiones de trabajo y Talleres que tuvieron lugar en varias ciudades, para elaborar un Presupuesto Participativo.

El programa de reformas impulsadas por Gustavo Noboa había llegado a un punto muerto. El gobierno dependía de los préstamos exteriores para cubrir su enorme déficit fiscal y, al mismo tiempo, vinculaba cada vez más el pago de la deuda pública a la disponibilidad de dólares que en su mayor parte provienen de la exportación petrolera y de las remesas de los emigrantes; lo cual le hace extremadamente vulnerable, tanto a las percepciones de riesgo en los mercados financieros internacionales como a cualquier cambio negativo en la economía internacional, en particular una baja significativa de los precios del petróleo.

En efecto, luego de la caída de Jamil Mahuad ocurrida por la insurrección popular del 21 de enero del 2000, que visibilizó la convergencia decisiva del movimiento indígena con la joven oficialidad militar patriota, el Vicepresidente Noboa asumió la Presidencia y en vez de hacerse eco de las demandas de cambio continuó el mismo programa neoliberal de sometimiento al FMI, dolarización incluida, transando con la oligarquía costeña y serrana, cediéndole ministerios y cargos públicos a cambio de respaldo político.

Junto al mantenimiento de la dolarización y sus dramáticos efectos en el encarecimiento de la vida, la falta de inversión y el desempleo, Noboa impulsó una reforma económica a través de leyes de "modernización del Estado" con las cuales intentó privatizar las empresas eléctricas; impulsó una Ley de transparencia y responsabilidad fiscal que restringe severamente el crecimiento del presupuesto público y condiciona buena parte de sus recursos al pago de la deuda externa; contrató la construcción del Oleoducto de Crudos Pesados a un precio de 1.400 millones de dólares (dos veces y media su valoración inicial) garantizando su propiedad y operación privada por más de veinte años. Más aún, pretendió obligar indebidamente a que se trasporte el crudo pesado estatal por ese ducto, pagando una tarifa que significaban pérdidas cercanas a los cincuenta millones de dólares anuales, mientras quedaba semi vacío el oleoducto de Petroecuador.

Noboa también continuó la política de salvataje bancario canalizando ingentes recursos públicos a la Agencia de Garantías de Depósitos, favoreciendo así el imperio de la impunidad y la corrupción existente dentro de esta institución, creada para supuestamente cobrar a los banqueros corruptos y devolver el dinero a los depositantes estafados. El lavado de las deudas de los banqueros prófugos y de grandes deudores personales o empresariales, representó más de seis mil millones de dólares; casi la mitad de la deuda externa del país. En consecuencia, no ocurrió la tan esperada reactivación económica, las tasas de interés continuaron elevadas y aún con economía dolarizada la inflación llegó, en los años 2001 y 2002, a cifras superiores a los dos dígitos, estableciéndose la paradoja de que Ecuador es el único país en el que de hecho se deprecia el dólar.

Fue así como la dolarización, sumada al aperturismo comercial, al descontrol del sistema financiero y a los elevados costos de los servicios para la producción, ocasionaron una caída dramática de la balanza comercial que en el año 2002 cerró con un déficit aproximado de 3000 millones de dólares. Con excepción del petróleo, las exportaciones se deterioraron mientras que se produjo un ingreso masivo e indiscriminado de productos importados, ocasionando el cierre de empresas, la quiebra de pequeños y medianos productores del campo y la ciudad, y la destrucción del aparato productivo. El desempleo se mantuvo elevado, disminuyendo únicamente por la masiva emigración de cientos de miles de ecuatorianos a España y Estados Unidos; la pobreza urbana no bajó del 70% y en el sector rural alcanzó el 85%, estimándose un 45% de población indigente. La canasta familiar llegó a costar 330 dólares, imposible de ser cubierta con salarios mínimos unificados de 130 dólares.

Sólo el enorme aporte de las remesas de los emigrantes, cifrado en 1.400 millones de dólares, sumado al incremento del precio del petróleo y al mayor esfuerzo tributario que realizaron los sectores medios, salvó al país de la catástrofe económica y social.

Durante este período, la restringida y excluyente democracia ecuatoriana fue incapaz de procesar los conflictos y contradicciones en el seno de la clase dominante, y peor aún de responder a la constante movilización social contestataria originada en la desatención gubernamental a las demandas de mejorar los servicios públicos y la inversión productiva para el desarrollo local. La crisis de representatividad de los partidos y la pérdida de credibilidad ciudadana en la institucionalidad, provocada por los engaños demagógicos y por la corrupción generalizada, han sido elementos claves de la inestabilidad política.

La presencia constante de los movimientos sociales, liderados por el movimiento indígena-campesino, creó un polo de acumulación política alternativo que concentra de manera creciente los brotes y expresiones del descontento popular, y que tuvo éxitos importantes al frenar las políticas de ajuste y las privatizaciones. Esta línea de conducta establecida por el Movimiento Pachakutik y la CONAIE generó numerosas simpatías en vastos sectores sociales y sentó las bases para el posterior ascenso electoral.

3. La constitución de la Alianza y las elecciones

La participación de Pachakutik en el proceso electoral fue decidida en marzo del 2002 con varios objetivos: desarrollar un gran frente que permita la construcción de una alternativa frente a la derecha y el populismo; fortalecer la presencia del Movimiento en los espacios institucionales, esto es, un bloque significativo de diputados, consejeros provinciales y concejales cantonales; y desencadenar un proceso participativo de Plan de Gobierno Democrático de Salvación Nacional, con diversos sectores sociales y políticos. Se decidió también una consulta interna a escala provincial y nacional para escoger un candidato propio, lo cual recayó en el economista indígena Auqui Tituaña, a la fecha Alcalde de la ciudad norteña de Cotacachi, varias veces galardonado internacionalmente por su gestión.

Esta nominación fue reconsiderada en razón de que la CONAIE no pudo superar contradicciones internas que la vinculaban a su antiguo y cuestionado dirigente, Antonio Vargas, quien se postulaba desde otra organización indígena, la FEINE, su vieja rival evangélica, que para fines electorales asumió el membrete de Amauta Jatari, en clara manipulación divisionista del movimiento indígena, aupada por la derecha. La CONAIE decidió no postular un candidato indígena para supuestamente preservar la unidad interna; lo cual no evitó que Vargas se autocandidatizara, aunque obtuvo una votación insignificante.

A escasos cuarenta y cinco días de arranque del proceso electoral, esta actitud de la CONAIE, núcleo fundamental de Pachakutik, descartaba toda posibilidad de posicionar a otro candidato interno y, por lo tanto, condenaba a la búsqueda de alianzas con candidatos ajenos. Un proceso que buscaba la unidad de los partidos de izquierda y centro izquierda fracasó debido a las ambiciones personalistas de dirigentes políticos tradicionales, en particular de Rodrigo Borja y de León Roldós, de Izquierda Democrática y del Partido Socialista Ecuatoriano, respectivamente, quienes no querían saber nada de una alianza con Pachakutik, preocupados por captar un electorado del centro derecha, supuestamente alejado de las posiciones anti-neoliberales de las fuerzas sociales identificadas con Pachakutik.

En estas condiciones internas complejas y con un margen de alternativas limitado, el espectro de alianzas se circunscribió a la relación con el coronel Lucio Gutiérrez y su Partido Sociedad Patriótica. Se entendía que el complemento electoral estaba logrado articulando un candidato relativamente posicionado en el electorado aunque sin una estructura partidaria sólida y un movimiento basado en organizaciones indígenas y sociales con experiencia electoral, capacidad propositiva y suficiente madurez como para asumir tareas de formulación política y gestiones de gobierno. La idea básica era recuperar la dimensión insurgente del 21 de enero del 2000 y las implicaciones políticas y éticas que ello significaba. Un nuevo proceso de consulta provincial interno y una reunión de Consejo Político Nacional, el 5 de julio del 2002, en el que participaron dirigentes de las organizaciones indígenas, campesinas, legisladores, ex-dirigentes y delegaciones de Pachakutik de provincias decidió la participación en Alianza con Sociedad Patriótica. Esto desmiente una versión malévola difundida posteriormente de que la alianza fue inconsulta y resuelta por unos cuantos dirigentes mestizos.

Los elementos básicos para la conformación de la alianza fueron:

  1. La definición de un Programa de gobierno conjunto elaborado sobre la base del Programa de Gobierno de Pachakutik.
  2. La estructuración de un Buró bipartito de dirección política, responsable de las decisiones fundamentales del proceso.
  3. La formación de listas unificadas en todos los casos que sea posible, tratando de respetar los espacios ganados por Pachakutik.
  4. La coparticipación en la definición de Vicepresidente y la presencia de un candidato Pachakutik para la candidatura de Parlamentario Andino.
  5. Un plan operativo de campaña conjunto.

La alianza fue asumida como "el mejor juego posible" para las candidaturas nacionales a la Presidencia y Vicepresidencia, así como para Parlamentarios Andinos. Al respecto, escoger a la persona que acompañe en binomio a Gutiérrez no fue nada fácil. Cuatro prestantes figuras costeñas progresistas fueron invitadas, tres de ellas mujeres de amplia trayectoria pública y muy reconocidas por la ciudadanía, pero lamentablemente desistieron sucesivamente, pese a expresar su coincidencia con la mayoría de las propuestas de Pachakutik.

Un aspecto grave de esta fase de construcción de la alianza es que jamás se logró detallar de manera conjunta un verdadero Plan o Programa de Gobierno. La evidente inmadurez organizativa de Sociedad Patriótica le privaba de propuestas suficientemente reflexionadas y había un cierto recelo a asumir las de Pachakutik como válidas para toda la alianza. En ocasiones, incluso las propuestas que lograban estructurarse desde el Buró de Campaña eran difícilmente "digeridas" por el candidato presidencial, quien frente a los medios de comunicación lucía impreciso, ambiguo, repetitivo e inseguro, aunque con una cierta sensibilidad para lograr identificaciones que encarnaban "lo popular y lo nacional". Gutiérrez logró construir un discurso contra la partidocracia tradicional y la promesa de moralizar el país, para con esos recursos combatir la pobreza y la marginación social. Por parte de Pachakutik, se hicieron serios esfuerzos por precisar objetivos y metas específicas sectoriales, sobre la base de su propio Programa de Gobierno, aprobado en dos Congresos Nacionales, y de numerosos diálogos con la sociedad civil.

Pese a esta debilidad de una alianza un tanto improvisada, las expectativas ciudadanas de cambios profundos en el sistema dominante y la esperanza de la población de mejorar su calidad de vida encontró en las propuestas de la Alianza 3-18 la credibilidad suficiente y la vía adecuada para voltear la página de la explotación, la discriminación y la injusticia.

El 20 de octubre del 2002, la Alianza 3-18, encabezada por el binomio Gutiérrez-Palacios, obtuvo 943.123 votos, logrando una diferencia de 148.509 votos sobre su inmediato seguidor, el Abogado Alvaro Noboa; 237.530 votos sobre el tercero, León Roldós y 304.530 votos por encima del candidato de la Izquierda Democrática, Rodrigo Borja, favorito en las encuestas. En la segunda vuelta, Gutiérrez alcanzó un total de 2.803.243 votos, el 54,4%, y Noboa el 45,6%.

Fue únicamente luego de la segunda vuelta electoral y antes de la posesión del Presidente electo que se pudo realizar un Taller Programático, con la participación de delegados de ambas organizaciones y de consultores internacionales; en el cual se profundizaron algunos puntos esenciales para la definición de las políticas económicas y sociales a implementarse, en particular las metas para los primeros cien días de gobierno.

4. El intento de cogobierno

En la tradición presidencialista ecuatoriana, la conformación de un gabinete ministerial o equipo de gobierno suele parecer un asunto de mero trámite burocrático, potestad de quien ganó las elecciones, y de concesiones clientelares, familiares o de devolución de favores de campaña. En este caso todo se combinó. El Presidente y su círculo cercano se atrincheraron en un Hotel de Quito y desde allí repartían cargos burocráticos a miembros de Sociedad Patriótica, parientes y paisanos ávidos de concretar una consigna que incluso varios periodistas constataron con estupor, el "ahora o nunca" depredador de la institucionalidad pública. En verdad, antes que preocuparse por las políticas y programas que requería cada sector productivo, económico o social, la cúpula que rodeaba al Presidente se extasiaba ante los organigramas ministeriales e institucionales, contando y seleccionando los cargos de libre remoción, sobre todo aquellos que implicaban manejo de recursos económicos y contrataciones. El hecho de que la prensa publique que existían alrededor de 3.500 cargos públicos de libre remoción concentró su atención exploratoria.

En esas condiciones, las discusiones para afinar el Plan de Gobierno y conformar el Gabinete fueron por demás arduas e incómodas, en razón de la intención de Gutiérrez por minimizar la participación de Pachakutik y ubicar a personajes maleables, que se presten a las presiones del FMI y de los sectores empresariales que, según se afirmaba, habían apoyado para la segunda vuelta electoral. Paradójicamente, y por citar un ejemplo, la discusión para la nominación que fue la más saludada por la opinión pública nacional e internacional, la de la compañera Nina Pacari al Ministerio de Relaciones Exteriores, duró más de una semana, debiendo vencer objeciones de todo tipo, inclusive raciales, frente a un candidato que no cesaba de insistir, pese a disponer de una carpeta con graves denuncias y cuestionamientos, el Dr. Nelson Zuquilanda, quien finalmente se salió con la suya.

Un primer acuerdo de nombrar alternadamente un ministro de Sociedad Patriótica y un subsecretario de Pachakutik, aparentemente equilibrante, no funcionó desde el inicio, en razón del incumplimiento en varias carteras y del vaciamiento de recursos presupuestarios allí donde Pachakutik logró colocar un funcionario. Una vez conformado el Gabinete y aceptada la participación de Pachakutik en los ministerios de Agricultura, Educación, Turismo y Relaciones Exteriores, en el Consejo de Administración de Petroecuador y unas cuantas Subsecretarías, así como la del Movimiento Popular Democrático en el Ministerio de Medio Ambiente, el primer gran tropiezo programático constituyó el nombramiento de Mauricio Pozo, connotado académico neoliberal, como Ministro de Economía y Finanzas, y la firma de la Carta de Intención con el FMI impulsada por él, a pocos días de posesionado el Presidente, sin que fuesen recogidas las propuestas alternativas de Pachakutik y sus observaciones a varios puntos de la mencionada Carta. Eso significó ajustes de precios de los servicios eléctricos y telefónicos, fuerte elevación de los precios de los combustibles, congelamiento de los salarios, reducción del número de servidores públicos en un 10% al igual que la masa salarial nominal del gobierno central, incremento de apenas 3,5 dólares al bono solidario, de 11,5 a 15 dólares, en vez de la duplicación ofrecida en campaña, suspensión de los préstamos del Seguro Social. La elevación del precio del cilindro de gas no se produjo únicamente por las fuertes presiones de Pachakutik, la CONAIE, el Seguro Social Campesino y otros sectores sociales.

Una planificación gubernamental conjunta propiamente no se dio, por la falta de voluntad política de Lucio Gutiérrez, circunscribiéndose a consensos generales puntuales o acuerdos bilaterales con cada ministro o ministra, respecto a alguna propuesta presentada, o sobre aspectos delicados inherentes a su área. Esto ocurría así pese a que paralelamente se institucionalizó el proceso de Diálogo Nacional, bajo responsabilidad de Pachakutik, como mecanismo de construcción de una forma de democracia participativa y deliberativa, en la cual se establezca un acuerdo nacional por la producción y el desarrollo.

Era evidente que la matriz cuartelaria del pensamiento y la acción presidencial descomponía aceleradamente las posibilidades de un ejercicio democrático, ordenado y racional de un gobierno de alianza. El estilo de conducción presidencial fue rápidamente caracterizándose por el verticalismo y el autoritarismo, por las gestiones paralelas y la intromisión de métodos de inteligencia militar y escucha telefónica. La distribución y ocupación de cargos obedecía más al amiguismo castrense y familiar que a la calificación profesional. Esto generó un ambiente de desconfianza en varias instancias públicas, dificultando el trato adecuado de los problemas políticos y administrativos. El funcionamiento del Gabinete fue irregular, la coordinación política muy escasa y el debate poco profundo. El mismo Presidente se encargaba de diluir las temáticas que no conocía o que iban en contra de su afán complaciente a determinados grupos económicos y al FMI. En ese contexto, y a menudo desacertadamente, quien tuvo siempre la última palabra en los temas fundamentales fue Lucio Gutiérrez y su círculo más cercano, sin tomar en cuenta al Gabinete. Para colmo, pretendió silenciar a los ministros de Pachakutik, prohibiéndoles toda crítica o expresión pública de sus discrepancias.

El Ministerio de Relaciones Exteriores tuvo una intensa labor en problemáticas complejas como: el posicionamiento por la paz frente al Plan Colombia y la negativa a involucrarse en operaciones militares combinadas con las FFAA colombianas, tal como es la presión de EEUU y del Presidente Uribe; los Convenios sobre la población de emigrantes internacionales; la posición de no apoyar la invasión a Irak y ceñirse a las resoluciones de la ONU, cuestión que contrarió públicamente al Presidente Gutiérrez, proclive a enviar tropas ecuatorianas en apoyo a quien declaró "su mejor aliado"; las presiones estadounidenses para que Ecuador no suscriba que los soldados norteamericanos pueden juzgados por sus crímenes en la Corte Penal Internacional. También se propusieron tesis soberanas frente al ALCA, el fortalecimiento de relaciones con países interesados en consolidar el intercambio comercial y cultural en términos de equidad, y se avanzó la firma de acuerdos de canje de deuda externa por inversión social. Pese a la complejidad de que la política internacional está directamente a cargo del Presidente y que su criterio no fue siempre coincidente con la Ministra, nadie puede dudar de la posición digna que fue impulsada como país, más aún si se contrasta con la enorme diferencia de fondo y de forma que hoy se observa; en particular el alineamiento obsecuente con Estados Unidos, a quien Gutiérrez declaró "el gran hermano".

En el Ministerio de Agricultura, bajo la cobertura programática de la "Minga Nacional por el Agro" tuvieron fuerte impulso los Programas de Promoción y Modernización de los Servicios Agropecuarios, de Desarrollo y Atención Sectorial, del Servicio de Información y Censo Agropecuario. Entre las acciones en curso se encontraban las campañas de titulación de tierras, agua para todos, créditos para pequeños y medianos agricultores, reactivación del Programa Nacional de Comercialización, el fortalecimiento de la infraestructura productiva y el Plan de Desarrollo Rural. Merece destacarse la propuesta de creación del "Fondo de Reactivación Productiva" que la prensa denominó "Plan Macas", impulsado por un equipo interministerial con la participación de Turismo, Agricultura, Asesoría del MEF y Educación. Esta iniciativa suscitó el celo político del Coronel y el inefable boicot presupuestario del Ministro de Economía. Una donación de tractores y computadoras por parte de la República de China, destinada a comunidades previamente seleccionadas, fue alterada por el Presidente de la República para posteriormente destinarlos a entregas de carácter clientelar publicitario.

El Ministerio de Educación y Culturas fue justamente redenominado así para plasmar una realidad multiétnica y pluricultural que la tradición liberal se ha negado a reconocer. Aquí se vivió una etapa muy conflictiva tanto con el personal administrativo como con la Unión Nacional de Educadores, UNE, y con un Subsecretario impuesto por Sociedad Patriótica que obstruía y boicoteaba la labor de la Ministra. Pese a ello, con el paraguas programático de la "Minga por un Ecuador que lee y escribe" se puso en ejecución siete grandes Programas de alcance nacional: Educación Básica para Todos, Calidad y desempeño profesional, Fomento de la lectura y escritura, Articulación y fortalecimiento del sistema Educativo, Educación Popular Permanente y Educación Ciudadana; Gestión Moderna del Ministerio, Fortalecimiento de la Educación Intercultural Bilingüe. Lamentablemente, los posteriores ministros se dieron a la ingrata tarea de desmantelar esta labor, llegando inclusive a la supresión de secciones informativas en la página web del Ministerio.

El Ministerio de Turismo lanzó varias iniciativas tendientes a desarrollar el Turismo Comunitario, el Ecoturismo, el Turismo Social y las Microempresas Turísticas. La idea fuerza que guiaba su accionar fue impulsar el turismo con base local, concebirlo como un polo de desarrollo y generación de empleo, superando la vieja consideración de "vender el Ecuador al mundo ". Paralelamente al diseño de una estrategia de mercados y de productos, enfatizando la potencialidad del país desde el punto de vista cultural y ecológico, se estableció una estrategia nacional de ecoturismo y sostenibilidad ambiental, definiendo los modos de financiamiento y parámetros de rentabilidad de la inversión turística, como segunda fuente de ingreso económico del país en un plazo de cuatro años.

En Petroecuador, en donde Pachakutik ejerció la Vicepresidencia Ejecutiva, la gestión se concentró en reactivar la producción petrolera sin tener que privatizar los campos todavía en su posesión, promover la inversión extranjera en nuevas áreas sin afectar a los intereses del Estado, modernizar y optimizar la refinación, exportar el saldo de crudo no refinado a los mejores precios internacionales y asegurar el abastecimiento interno oportuno de combustibles, sin eliminar el subsidio al gas; implementando además mecanismos que eviten y prevengan el contrabando y las pérdidas ilícitas. Estas posiciones, mantenidas en el Consejo de Administración de Petroecuador, CAD, entraron en contradicción con las del Ministro de Energía y Minas, interesado en satisfacer las demandas de las empresas transnacionales, ávidas de explotar los recursos hidrocarburíferos por medio de "Contratos de Asociación" que prácticamente no le dejan réditos al Estado y entregan por veinte años, gratis y sin ningún riesgo, las reservas ya en explotación. Sin embargo, en lugar de asumir una posición que preserve el patrimonio nacional, el Presidente Gutiérrez no encontró mejor solución al impasse que la destitución de los miembros del CAD, en el mes de junio, sin causal administrativa que la justifique; aduciendo simplemente que "no se están cumpliendo mis políticas". Pese a lo cual mantuvo en sus funciones a uno de los miembros del CAD, yerno de la hermana del Presidente, esposa del cuestionado Coronel Napoleón Villa.

Esta situación fue llevada a una demanda judicial por parte del ex-Presidente Ejecutivo de Petroecuador, encontrándose el proceso en manos de jueces que hoy se ven fuertemente presionados para no dar curso a lo que significaría una sentencia de prisión para los miembros del Directorio Político de la Empresa (tres ministros y el delegado de Fuerzas Armadas).

Un lugar especial en la acción de Pachakutik durante su breve gestión de gobierno es su presencia en la Agencia de Garantías de Depósitos, en donde logró que se nombre a la Gerencia a una persona que sin ser militante de sus filas, reúne las cualidades éticas y profesionales para realizar la inmensa y dura labor de recuperar la cartera, devolver el dinero a los depositantes estafados y extirpar la corrupción de esa institución. Esto le valió serias oposiciones y amenazas de aquellos sectores empresariales y financieros acostumbrados a actuar dolosamente en plena impunidad; demandaron a Gutiérrez que la despida, aunque gracias a la presión ciudadana y a una larga explicación de lo que realmente sucedía la mantuvo en el cargo.

Pero más allá de las acciones individuales, la participación global de Pachakutik se caracterizó por presentar nuevas formas de gestión que han sido reconocidas y apoyadas por la ciudadanía: la participación, fue uno de los signos propios del movimiento, que estuvo presente en todos los espacios y da pautas para pensar en una administración distinta a los círculos burocráticos y exclusivos con que tradicionalmente se ha gobernado. Igualmente, la ética y la transparencia, que además de una gestión honesta y de rendición de cuentas, implicó la investigación y denuncia de actos de corrupción anteriores. La equidad y la justicia social que se vieron expresados en la preocupación constante por favorecer los programas de corte social, la promoción de los sectores más desfavorecidos, y la justicia y progresividad tributaria. La apuesta por la reactivación productiva que se reflejó en el sinnúmero de programas y planteamientos relacionados con el apoyo a los pequeños y medianos productores y la orientación hacia un modelo de desarrollo sustentable y equitativo.

5. Las discrepancias de fondo y la ruptura

La motivación inicial de la alianza fue la posibilidad de realizar desde el gobierno los cambios indispensables para contrarrestar los efectos perniciosos de dos décadas de políticas neoliberales que han devastado el aparato productivo, el tejido social y la moral ciudadana. En tal sentido, el gobierno de la Alianza 3-18 debía asumir este desafío mediante dos elementos esenciales: nuevas políticas para salir del modelo neoliberal y un equipo de gobierno consecuente con quienes le dieron su confianza en las urnas. En este marco, la conducción de este equipo debía ser determinante, individual y colectiva a la vez, con un timonel a toda prueba. Fue lo que falló.

Lucio Gutiérrez venía de una breve trayectoria política en la cual incursionó por casualidad, en momentos de tomar parte en la insurrección indígena, popular y militar de enero del 2000; fue perseguido, encarcelado, juzgado y amnistiado. Reunió así los requisitos para erigirse en portavoz de un hecho político en el que intervino por azar y lo cultivó en beneficio personal. Paseó por varios países su figura de militar insurrecto progresista, enarbolando un discurso reivindicativo y hasta revolucionario que despertó simpatías en más de un foro internacional; fue invitado por varias organizaciones sociales, partidos y movimientos políticos del continente, cuyos dirigentes recuerdan hoy con sorpresa e indignación el haber sido timados y abusados en su solidaridad.

En verdad, cómo no adherirse a un coronel montonero que decía en San Salvador, en julio de 2001, que "lo peor que tenemos en América Latina es el dominio de las transnacionales que saquean nuestros recursos naturales"; que afirmaba en Sao Paulo, por la misma temporada, que "la alternativa es echar abajo el modelo neoliberal"; que más tarde, en Caracas, no dudaba en proclamar que "en Ecuador debemos hacer algo parecido a la Revolución Bolivariana, distribuir la tierra a quienes son sus verdaderos dueños". Luego en Quito, en mayo 2002, expresaba sin tapujos que "si Ecuador se involucra en el Plan Colombia puede convertirse en un nuevo Vietnam y estaría obedeciendo a intereses extra nacionales", agregaba enseguida que "la dolarización es una de las muchas medidas que favorecen a pocos banqueros y empresarios que pudieron acumular dólares, pero la mayoría de los ecuatorianos seremos perdedores".

Pocos meses más tarde ya no era el mismo: "el dólar es una herencia dolorosa que hemos recibido, aunque sigue siendo inconstitucional. Pero no vamos a llorar sobre la leche derramada. Nosotros somos de la firme convicción de fortalecer la dolarización." (...) "Mientras tanto, la dolarización hay que fortalecerla, porque regresar al sucre sería terrible. Para eso hacen falta reformas profundas, por ejemplo con una reforma tributaria que aumente la masa de contribuyentes y no los impuestos. Hay que eliminar los monopolios, la corrupción, hay que reducir aranceles, hay que modernizar el Estado." "En relación con la Base de Manta, mi gobierno será respetuoso de los acuerdos internacionales." Gutiérrez prometió el reimpulso del desarrollo y la prioridad para lo social, pero dejó que esos dos objetivos fueran bloqueados por el Ministro de Economía y Finanzas, para priorizar el pago de la deuda externa.

Ya alineado con la derecha, el Presidente armó y desarrolló una estrategia de desgaste y confrontación con los funcionarios de Pachakutik y con las organizaciones que lo componen, a fin de provocar su salida y la ruptura de la alianza. Esto le facilitaba sustituirlos por elementos vinculados a los partidos de la oligarquía, a cuyos líderes quería mostrar de que su viraje político neoliberal era definitivo. Paralelamente, se inventó varias estratagemas para desconcertar a la opinión pública y confundir a las bases de las organizaciones: que los opositores eran unos cuantos dirigentes mestizos y no los indios, que las bases indígenas estaban con él y no con la cúpula de la CONAIE, etc. A fin de dividir a las organizaciones de la CONAIE, llegó a montar una oficina adscrita a la Presidencia de la República, Fedepicne, con indígenas asalariados de dudosa trayectoria, encargada de montar actos populistas de entrega de picos y palas en comunidades previamente manipuladas. Esto fue luego motivo de denuncia, por utilizar fondos correspondientes al Programa de Alimentación Escolar, PAE, financiado por Naciones Unidas, destinado para 1'412.000 niños y niñas.

Estos aspectos terminaron dándole características esquizofrénicas a la manera de gobernar, interpretadas en primera lectura como "doble lenguaje" o "doble moral" presidencial por parte de algunos analistas políticos o columnistas de periódicos. A la vez, se hacían públicas y con insistencia las demandas y sugerencias de que Pachakutik salga del gobierno "para que no se desgaste y termine embarrado por tanto engaño e ineptitud". "Para que no le salpique la corrupción". "Para que no sea cómplice de la traición". No pocas personas, pertenecientes o no a Pachakutik, reclamaban a la dirigencia "que reaccione a tiempo y con dignidad ante las humillaciones perpetradas por Gutiérrez".

En efecto, varias reuniones internas de dirigentes y autoridades fueron convocadas por el Coordinador Nacional, Miguel Lluco, para caracterizar al gobierno, detectar los márgenes de participación de Pachakutik y establecer las condiciones mínimas de continuidad de la alianza, cuyas resoluciones fueron divulgadas en sendas ruedas de prensa. Cuatro aspectos fundamentales eran motivo de evaluación: el comportamiento humano del Presidente, su indefinición política, el control institucional y el cumplimiento de las ofertas de campaña. En realidad, la falta de liderazgo político de Gutiérrez y su variabilidad de criterios, que rayaba en lo impredecible, junto a su incontinencia verbal y su extrema facilidad para contradecirse, ponían a menudo en situaciones delicadas a Pachakutik ante la opinión pública. Sus frecuentes afirmaciones de que no tenía ideología "ni de derecha ni de izquierda" no lograba encubrir su derechización. En las instituciones nacionales y provinciales, la nominación de funcionarios de Pachakutik era postergada y reducida al mínimo, impidiendo incidir en su conducción técnico administrativa. Las ofertas de campaña estaban relegadas, como la lucha contra la pobreza, la despolitización de la Corte Suprema y la lucha contra la corrupción; por el contrario, el nepotismo se enseñoreaba en todos los niveles institucionales. La Carta de Intención funcionaba como un dogal y atentaba a un manejo soberano y justo de la política nacional e internacional.

En esas condiciones, la militancia y el país vieron que los esfuerzos realizados por cambiar el rumbo de la dirección política y económica del gobierno eran vanos, que Gutiérrez había traicionado al pueblo que generosamente le brindó la confianza y que la presencia de Pachakutik en el gobierno ya no tenía objeto. Como por esas fechas coincidentalmente apareció la exigencia del Coronel de que se apruebe en el Congreso Nacional la reforma a la Ley de Servicio Civil y Carrera Administrativa, enviada por él en complicidad con la derecha, incrementando la semana laboral a 44 horas y eliminando varios derechos salariales, lo cual era inaceptable, la negativa de los diputados de Pachakutik en la votación se convirtió en el choque definitivo de la alianza y su desenlace de ruptura.

6. La democracia disruptiva y la izquierda caviar

La inesperada victoria electoral que se gestó en el 2002 planteó desafíos inéditos que la mayoría en Pachakutik aceptó con humildad, entereza y entusiasmo, conciente de que muchas expectativas populares represadas largo tiempo creyeron encontrar en ella la posibilidad concreta de su realización. Sin embargo, tal como se dieron los acontecimientos, resultó muy difícil para Pachakutik tener una mayor incidencia en la conducción gubernamental dentro de un régimen presidencialista que concentra la mayoría de la toma de decisiones en una sola persona. Más aún al constatar que como nunca en el Ecuador, un mandatario ha demostrado tanto cinismo para cambiar de decisiones de un día para otro y para incumplir sus compromisos. La hipótesis de que con una movilización paralela desde las organizaciones indígenas y sociales hubiese cambiado el curso de los acontecimientos siempre quedará como tal; sin que ello impida la explicación, la crítica y la autocrítica de que por qué no se la preparó o se la retardó demasiado.

Muchas dificultades del funcionamiento de la alianza fueron tempranamente detectadas por articulistas y analistas de renombre, que realizaron valiosos aportes para mejorar las definiciones políticas, los proyectos y el desempeño en las funciones asumidas. Algunos columnistas expresaban pertinentes observaciones y críticas señalando pautas o sugerencias concretas, en ámbitos sectoriales como la agricultura, la educación, el comercio exterior o el gerenciamiento institucional. Sin embargo, no faltaron quienes en lugar de la crítica constructiva se sumaron en una labor de desgaste de la alianza, enfocando sus más severos juzgamientos a los funcionarios pertenecientes a Pachakutik, frecuentemente distorsionando los acontecimientos. Las inevitables dificultades de conducción institucional, por el mismo hecho de los cambios planteados y el forcejeo político al nivel de Gabinete fueron caricaturizadas como "pelea por cargos", como "embelesamiento en el poder", pasando por alto lo esencial, la capitulación del Presidente a la cual Pachakutik cuestionaba, dentro y fuera del gobierno.

En las obvias divergencias programáticas de una alianza improvisada se ensañaron, para hacer "oposición radical", todos aquellos observadores, líderes y pseudolíderes que habían votado por Rodrigo Borja o por León Roldós y que no terminaban de digerir su pérdida de ubicación burocrática. Algunos de estos personajes no dudaron en confeccionarle a Pachakutik una versión que les sea cómoda para caricaturizarlo, atacarlo más fácilmente y de esa manera eludir el análisis crítico, el debate sobre lo sustancial.

Desde los mullidos sillones académicos y los amplios salones de Fundaciones y ONG desarrollistas, connotados rectores, profesores, consultores y asesores bien remunerados, supuestamente progresistas, escribían o se hacían entrevistar para pontificar sobre "los errores de Pachakutik", "la ignorancia de su dirigencia", "la incapacidad técnica de los nuevos burócratas", "la insoportable ingenuidad de creerse gobierno", "es muy difícil que dirigentes sociales o indígenas capten estas sutilezas económicas y epistemológicas", y destilaban así su ciencia infusa al margen de cualquier sugerencia práctica o teórica que realmente aporte para mejorar la orientación o la actuación "en donde las papas queman".

En las normales discrepancias de un proceso de cambio se entretuvo un vacuo periodismo de pujilato, ávido de contendientes para inmolar, curioso de rivalidades primarias, celos políticos y envidias profesionales, presto para exhibirlas como confrontación de crónica roja; priorizando el espectáculo y banalizando lo político. Para esta intoxicación mediática se prestaron algunos intelectuales y dirigentes de la vieja izquierda que incubaban antiguas rivalidades y resentimientos, en ocasiones haciéndole el juego a la campaña psicológica orquestada desde la Presidencia de la República, como cuando trató de dividir a la dirigencia de Pachakutik entre indios y mestizos, o cuando estigmatizó a los trabajadores petroleros para debilitar su huelga y privarla de solidaridades. Aun hoy, luego de haberse conocido muchas peripecias de la gestión, y algunas fricciones internas, no falta un diputado socialista, rector de universidad, que periódica y patológicamente aparece en televisión para acusar, sin ningún fundamento, de que "la administración de Pacari ha sido la más nefasta en Relaciones Exteriores". Este mismo catedrático no dice nada de su coideario, ex - Presidente de la central sindical CEOSL, que funge de asesor en la Presidencia de la República, quien jugó un rol clave para que el Ministro Arboleda establezca los vistos buenos contra los dirigentes petroleros que lanzaron la huelga en defensa de PETROECUADOR.

Estos y otros escollos son ahora insumos de historia contemporánea; como lo son los posicionamientos que preservaron el patrimonio nacional ante los designios del imperio, que evitaron el involucramiento del país en la guerra fomentada por el Plan Colombia, o los avances en la reactivación productiva, en la titularización de tierras, en la transformación del sistema educativo y tantas otras iniciativas que dejaron de ser proclamas contestatarias para convertirse en compromiso de gobierno.

Ya ha sido dicho mil veces, el estancamiento de la democracia representativa y el debilitamiento de la autoridad es el caldo de cultivo de liderazgos populistas que acarrean más problemas que soluciones, pero son momentos inevitables ante los disfuncionamientos del régimen político y la ilegitimidad de sus élites gobernantes. Factores económicos y psicosociológicos determinan la frustración de las masas y las desilusiones ante proyectos políticos empobrecedores y excluyentes. A su vez, salvo contadas excepciones, los líderes populistas se revelan a menudo incapaces de prever un proyecto de sociedad a largo plazo y son demasiado sensibles al poder despótico, más aún si provienen de raigambre militar. Era el reto que se planteó Pachakutik al aliarse con el Coronel: sociedad en crisis general, respuesta a medias con un aprendiz de líder y de estadista, cuasi desconocido, apostándole a la sola fuerza de la persuasión y a la capacidad de movilización. La una fue insuficiente, la otra inexistente. Es lo que hay que evaluar.

El desgaste de la representación y la degradación de la participación son los factores degenerativos del régimen democrático liberal. Para buena parte de la población, una nueva frustración ante lo que pudo ser y se pudo creer como última oportunidad de cambio puede ser aún más grave y desencadenar fenómenos de dura confrontación social, con riesgos fascistizantes. Es lo que se debe evitar.

Y para ello hay que salir de la ortodoxia esclerosada o del postmodernismo diletante, ya que para algunos es difícil entender los nuevos desafíos de la acción política, de la necesaria ruptura del clivaje entre lo social y lo político, del indispensable desenclaustramiento de "lo reivindicativo en las organizaciones sociales y lo político en los partidos". Esa caracterización corresponde al pasado y la misma globalización neoliberal se ha encargado de archivarla. Ahora hay que asumir la construcción del sujeto social – político, aquel que actúa dentro y fuera del Estado a la vez, que construye poder desde abajo sin perder autonomía, como parte de la gran transformación social, combinando lo institucional y lo extra – institucional.

7. ¿Alguien dijo levantamiento?

Al parecer la única pregunta que se hace el Coronel es ¿De dónde saco dinero para durar en el gobierno? No para gobernar sino para durar haciendo dádivas clientelistas y cumpliendo religiosamente con el servicio de la deuda. En esas circunstancias, la privatización de los campos petroleros, la concesión de las empresas eléctricas y la apertura indiscriminada e irracional al comercio internacional, surgen como boya de salvación de un gobernante que prefiere someterse a la oligarquía antes que enfrentarla.

Gutiérrez termina su primer año de gobierno con un promedio de tres ministros en cada cartera del área social, pero mantiene a su ministro de economía, verdadero procónsul de Bush en Carondelet. Eso da la pauta de su incertidumbre ante las demandas populares y su abandono en brazos del FMI. En su informe se ufanó de haber bajado el puntaje de riesgo país pero no dijo que eso se debe al aumento de la liquidez internacional, beneficiaria de los altos precios del petróleo y no tiene nada que ver con la política que está ejecutando. El saldo de la balanza comercial es resultado de la recesión que disminuye las importaciones y no un incremento de las exportaciones.

Por ello, vagos ofrecimientos de que no subirá los precios de los combustibles o del gas de uso doméstico no tardarán en desmoronarse ante las presiones del FMI y de la oligarquía, a la cual Gutiérrez está entregando el control de toda la institucionalidad del Estado, incluida la Comisión de Control Cívico de la Corrupción. Igualmente, se pretende atender con beneplácito a las exigencias imperiales firmando un Tratado de Libre Comercio, pese a todas las advertencias de las inconveniencias y riesgos que eso implica, de lo impreparado que está el empresariado y el país para una aventura de ese tipo.

En el Ecuador del siglo XXI, la resistencia popular y la participación ciudadana corresponden a los cambios introducidos por la profundización de la economía de mercado y el debilitamiento del modelo estatista y proteccionista que ha ampliado y agudizado las necesidades, generando nuevas contradicciones y exclusiones que escapan a la simple lógica de la contradicción capital-trabajo. A parte de la fábrica y el campo, se configuraron nuevos lugares de discriminación y explotación, por lo mismo, aparecieron nuevos sujetos sociales y nuevas formas organizativas, con demandas específicas, que requieren respuestas gubernamentales y estatales. Incluso sectores de empresarios pequeños y medianos sufren diversas formas de dominación del gran capital. En tal sentido, la satisfacción de las demandas de los diversos sectores requiere de un estrategia compleja y fina, de oposición y acceso real al gobierno, a la vez, de movilización y negociación, de protesta y preparación electoral, porque de otra manera la exclusión y la depredación seguirán, en beneficio de un minúsculo grupo de privilegiados.

Esta estrategia debe combinar el corto y el mediano plazos, tomar en cuenta aspectos económicos y organizativos, articular los tiempos de los procesos productivos en crisis y sus efectos en los ingresos y en los servicios, con los tiempos subjetivos organizacionales. Tales decisiones deberán ser de amplio espectro participativo, urbano y rural, renunciando a exclusivismos y protagonismos individuales o de grupo.

 

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