La soberanía popular

Diario El Comercio, edición digital

Quito, 14 de enero de 2004

 

Análisis

De acuerdo con las normas constitucionales, la soberanía radica en el pueblo, por lo tanto éste es el mandante del poder soberano.

Los gobernantes solo son mandatarios. En la práctica, la expresión popular se queda en el acto del sufragio, que a la vez se distorsiona por la forma mercantilista de la mayoría de las campañas, camisetas, sorteo de electrodomésticos y aún de viviendas, por millones de dólares, y las ofertas ilimitadas de milagreros, a más del "control electoral" que se realiza mediante manipulación de votos y escrutinios, por parte de algunas empresas electorales, por la falta de independencia efectiva de quienes controlan el sistema del sufragio.

Para rescatar el ejercicio de la soberanía, en consulta el pueblo ecuatoriano, en 1997, aprobó la revocatoria del mandato en toda forma electiva de designación, pero los legisladores constituyentes excluyeron de la revocatoria al presidente y al vicepresidente de la República. Su riesgo es el de destitución por el Congreso Nacional.

A falta de la revocatoria como posibilidad constitucional, siempre hay riesgo del ejemplo boliviano, con la señal de inestabilidad política y económica que asusta, sobre todo, a los sectores económicos externos.

Para actuar en democracia, los gobernantes deben revisar lo que propusieron en campaña, tener la franqueza de explicar que entonces se equivocaron, si es el caso, y por qué en el ejercicio del poder toman decisiones y ejecutan acciones diferentes: Es una ofensa al país la generalización de que una cosa es con guitarra y otra con violín.

Debe haber sensibilidad, superando resentimientos, para el diálogo que permita rectificaciones, por parte de los sectores opositores. En el Ecuador de hoy, los más beligerantes son los compañeros del ruta del 21 de enero del 2000.

¿Habrá en el Gobierno actual algún civil que ese día salió a las calles, los caminos y las plazas, equivocado o no, exponiendo su vida y libertad, para apoyar al levantamiento militar e indígena, dirigido por el coronel Gutiérrez?, de haberlos serán muy pocos, los que sí están cerca del poder, en parte, son los que eran militares y policías, así como civiles que en su derecho político se unieron en la campaña del 2002, al presidente Gutiérrez se le han juntado en el 2003 algunos que la madrugada del 22 de enero del 2000 no durmieron, hasta que al amanecer se anunció que Gustavo Noboa se posesionaba en el Ministerio de Defensa, luego fueron a la sesión del Congreso en el Banco Central, cuando ya no había conflictividad social ni militar, a condenar a Gutiérrez, a los indios, a Moncayo, Yandún y otros.

La escena se repitió días después en Quito, cuando se expulsó del Parlamento a los dos últimos mencionados.

La explicación es la de gobernabilidad, la misma impuesta a Durán Ballén y a Dahik, en los tres primeros años, a Bucaram en el reparto de la Corte Suprema en 1996, lo que le sirvió pocos meses, a Fabián Alarcón como gobierno propio, a Mahuad los primeros seis meses, a Gustavo Noboa que envió en la ley trole 1 todas las reformas legales que la derecha política y económica había preparado con el presidente expulsado en sus últimos días de gestión.

Con Gutiérrez llegamos a la frustración de sus adeptos iniciales es que sienten que se está en lo mismo de lo mismo y con los mismos.

 

Fuente: http://www.elcomercio.com/noticias.asp?noid=83338

 

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