Ecuador: Pensando en la unidad

Edgar Isch L.

Quincenario Tintají

Quito, 22 de octubre de 2003

 

El Congreso de los Pueblos se va constituyendo en un importante espacio de integración y unidad de amplios sectores de los trabajadores y los pueblos del Ecuador. La presencia en su seno de organizaciones sociales junto a los partidos y movimientos de izquierda, plantea una configuración ideológica común y básica sin la que un proceso unitario a largo plazo no es posible.

Cierto que allí no están todos los que deben estar, pues a pesar de haber sido convocada, falta la CONAIE (Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador) y la importante vertiente popular que representa con el Movimiento Pachakutik. Cierto también que esa integración es necesaria en un país como el nuestro. Pero igualmente es verdad que la unidad de los sectores populares no responde solo a las actitudes o posiciones de los actores y menos a la de un solo sector.

¿Qué nos diferencia del Brasil o Uruguay con importantes procesos unitarios? Mucho, historias distintas, una diversidad étnica con mayor trascendencia nacional, una composición de fuerzas diferente. En fin, en este caso, si no se consideran los contextos específicos cualquier comparación quedará corta y lo peor, puede llevar a consideraciones como que "los ecuatorianos somos así, incapaces de unirnos".

Esto no significa pesimismo frente a las posibilidades de unidad. Al contrario, es desearla y estar dispuestos a trabajar por ella pero desde la base que la realidad del país y los pueblos del Ecuador presentan y que nos obligan, a todos, a partir desde el reconocimiento del otro, de su presencia tanto como de su accionar, de los puntos en los que coincidimos y de los que mantenemos visiones distintas pero que no justifican confrontación.

Y eso lleva a la segunda condición: el debate franco y de cara a los que cada quién representa. Poner en cuestión, por ejemplo, si la unidad debe incluir a oligarcas como Joice Ginatta o debe privilegiar acercamientos entre los sectores claramente identificados con la lucha contra el neoliberalismo; o sobre la experiencia de participación en el gobierno nacional, no parcialmente desde el ángulo de cada fuerza sino desde el significado que tuvo para el conjunto del movimiento popular en el Ecuador; o el ejercicio de gobierno local que deja réditos y avances para la gente, pero que no afecta en la esencia del sistema de dominación.

A esto hay que sumar la lucha por los objetivos comunes. Hemos estado tantas veces compartiendo las plazas, calles y comunas, lanzando las mismas consignas con la misma fuerza y ánimo, que cabe recordarlo para valorar lo que hemos logrado cuando todos hemos estado juntos, tanto para tumbar gobiernos o para tener significativos triunfos electorales.

No se trata de una fórmula para la unidad. Son simplemente algunos requerimientos, tal vez los principales, que nos pueden permitir acercamientos a largo tiempo, más allá de las discrepancias puntuales y que pueden darse tanto en lo local como en lo nacional. Tan solo unas ideas desde el anhelo y compromiso unitario.

Por eso, nuevamente, la importancia del Congreso de los Pueblos como ejercicio unitario sobre el que todos hemos insistido y al que muchos le apuestan y la urgencia de lograr la confluencia entre el Congreso de los Pueblos y la CONAIE. Por eso y porque la nueva ofensiva neoliberal nos obliga a plantear la alternativa integral para el Ecuador y su destino.

 

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