Otras preguntas

Pepe Laso R.

Diario El Hoy, edición digital

Quito, 5 de octubre de 2003

 

Este viernes he recibido una nota con este título “Septiembre, mes de hostilidades contra la prensa”. Todo comenzó por las famosas declaraciones sobre algo como una nueva ley, que no era precisamente una ley sino que se transformó, al día siguiente, en una campaña contra los calumniadores, chismosos, mentirosos e infames. Después vino lo de la resistencia a firmar la Declaración de Chapultepec. Agremiación voluntaria u obligatoria. Carnetización a los periodistas. Fotografía del carné y negación de su existencia, también al día siguiente. Luego vino, de parte del jefe del Comando Conjunto, eso “de que así como ustedes nos exigen transparencia, nosotros también podemos exigir que nos digan de dónde sale la información”, es decir, revelar las fuentes. La acusación de Febres Cordero, contra Rodrigo Fierro y la sentencia por encargo del Juez Mora. La amenaza de la Legión Blanca en forma de parte mortuorio a Kintto Lucas y otros periodistas. El Gobierno que quiere comprar El Telégrafo y al día siguiente desiste. Guayaquil se inquieta. El presidente de la SIP señala que Ecuador incumple el Acta de Chapultepec, porque la legislación ecuatoriana viola 7 de sus principios, pero que va a llevar al acto de inauguración de la asamblea de la Asociación Internacional de Radiodifusores, la declaración en su bolsillo por si el Presidente la quiere firmar. El presidente de la República, en efecto, la firma rapidito, rapidito, con fotografía, abrazo y todo. Talvez mañana se aclare que la firmó, pero no la firmó.

Más allá de lo anecdótico y coyuntural, cada uno de estos hechos plantea problemas de diverso orden que exigen continuar el debate importante que se ha generado en los mismos medios y en otros espacios de la sociedad y para ello quizá haya que formular algunas preguntas más.

Es verdad que los políticos tienden a creer que los problemas están en los medios y no en la realidad y que la importancia desmedida que les atribuyen es proporcional a las ausencias de espacios políticos de representación. ¿Cuáles son, entonces, las relaciones democráticas entre el poder y los medios y cuáles son las relaciones peligrosas? ¿De qué naturaleza es este nuevo espacio público mediático? ¿Cómo generar una comunicación para construir lo público en época de privatizaciones y de globalizaciones? Esta construcción de lo público ¿será desde el Estado o desde las ciudadanías? Y, entre tantas preguntas, la que se hacía Kapuscinski, el más grande reportero: ¿Reflejan los medios la realidad del mundo? O la revista Diálogos: El periodismo, ese relegado objeto de estudio y debate ciudadano. ¿Dónde termina la responsabilidad de los periodistas y comienza la de los ciudadanos? Porque, como dice Ramonet, “los ciudadanos también tienen su responsabilidad. Informarse es una actividad, no una recepción pasiva”.

Vivimos en estado de televisión, decía B.Sarlo. Los medios de comunicación son, hoy, parte fundamental de la esfera de la vida pública y de nuestra vida cotidiana. Interrogarnos sobre ellos desde nuestros lenguajes propios, sencillos o sofisticados, interpelar a los medios y dejarnos interpelar por ellos, es el juego contemporáneo de nuestras libertades.

 

Fuente: http://www.hoy.com.ec/sf_noticia.asp?row_id=157528

 

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