¿Logrará sostenerse el Presidente Gutiérrez en el poder? Ecuador está ahora gobernado por el FMI y la ultraderecha

Revista Cronicon, nº 5

Septiembre de 2003

 

El único ganador de la ruptura del gobierno de Lucio Gutiérrez con Pachakutik, el partido político de los indígenas, es el patriarca de la ultra derecha ecuatoriana, el septuagenario ex presidente León Febres Cordero, líder del Partido Social Cristiano. Y con él, las recetas neoliberales que el Fondo Monetario Internacional (FMI) busca imponer al esquema económico del Ecuador.

Esa ruptura entre el partido de los indígenas que, en últimas, le dio el triunfo a Gutiérrez en los comicios presidenciales de finales de octubre de 2002 se veía venir por la contradicción de posturas entre el Presidente y la dirigencia de Pachakutik en temas sensibles como el manejo económico y el involucramiento del Ecuador en el controvertido Plan Colombia.

Desde comienzos de año los analistas políticos visualizaron un rompimiento entre los dos sectores. Inclusive el vocero de la Asociación de Juristas de Ecuador, Galo Chiriboga Zambrano en entrevista concedida a CRONICÓN que aparece en nuestra edición anterior, señaló que "Gutiérrez va a terminar haciendo pactos soterrados con la derecha ecuatoriana".

Sin embargo, Chiriboga se equivocó al manifestar que esos pactos iban a ser "soterrados". Todo lo contrario, el presidente Gutiérrez los ha venido consolidando de "cara al sol". Después de haber calificado a Febres Cordero como "el político más nefasto del país", el coronel que llegó al Palacio de Carondelet gracias a los movimientos sociales de izquierda y a los indígenas que fueron precisamente atacados y reprimidos durante el mandato del jefe de la ultra derecha ecuatoriana (1984-1988), ahora señala que si el Partido Social Cristiano tiene la mayoría de diputados en el Congreso "por algo será".

Si bien Gutiérrez traicionó su discurso político, gracias al cual accedió a la Presidencia, y terminó entregándose a la ultraderecha de su país y a los dictados del FMI, las circunstancias políticas en nada le son favorables y, como lo advirtió recientemente en Bogotá, el vocero de la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos del Ecuador, Alexis Ponce, los sectores políticos y sociales que se sienten defraudados no se van a quedar con los brazos cruzados y se empeñarán tenazmente en emprender una serie de acciones que si no logran defenestrarlo como ocurrió con Jamil Mahuad (1998-2000) o Abdalá Bucaram (1996-97), por lo menos le van a generar condiciones complejas de gobernabilidad.

Ponce señaló que de ahora en adelante se buscará armar un bloque democrático nacional en el que se va a presentar una acumulación de fuerzas de riguroso análisis para saber cuál es el tipo de resolución: levantamiento con quién y para qué. Lo único cierto es que Lucio Gutiérrez tiene temor, pánico de una movilización social inusitada estilo 21 de Enero de 2000, cuando él junto con varios coroneles y la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) encabezaron el movimiento de protesta que terminó tumbando al entonces presidente Mahuad.

ANTECEDENTES DE LA RUPTURA

El coronel Lucio Gutiérrez, del Partido Sociedad Patriótica, ganó ampliamente los comicios presidenciales a su contendor, el magnate bananero Álvaro Noboa Pontón, gracias al apoyo que le dieron los sectores sociales, concretamente la CONAIE y su brazo político Pachakutik. El proceso de Gutiérrez se asimilaba a aquel de Hugo Chávez en Venezuela. Ambos militares se insurreccionaron en contra del régimen político acusándolo de corrupto; ambos se situaron por fuera de la clase política tradicional para lograr legitimidad y construir una plataforma política electoral; ambos apelaron a sectores sociales muy críticos al establecimiento; y ambos mantuvieron durante su campaña discursos fustigadores y radicales a las políticas de ajuste del FMI y del Banco Mundial.

Sin embargo, Gutiérrez a diferencia de Chávez no fue coherente con su discurso. Al posesionarse de la Presidencia el 15 de enero 2003, el coronel ecuatoriano estructuró su equipo económico con los tecnócratas y banqueros que siguen a pie juntillas las formulaciones del FMI. Esta decisión dejó sin piso la propuesta de los movimientos sociales y los sectores de izquierda que lo habían respaldado en su campaña electoral y que pensaron que desde el nuevo gobierno era posible realizar cambios en función de una agenda social y de redistribución del ingreso. Se equivocaron en su percepción.

En efecto, luego de tres semanas de haberse posesionado como Presidente de la República, Gutiérrez impone un duro paquete de ajuste económico incrementando los precios de los combustibles, de la energía eléctrica y de otros servicios, como paso previo para la suscripción de una Carta de Intención con el FMI.

AVAL DEL FMI

El acuerdo que el gobierno de Gutiérrez buscaba con el FMI tenía como propósito la aprobación de un empréstito (stand-by) por trece meses y por un monto de 151 millones de dólares de DEG (Derechos Especiales de Giro, la unidad de cuenta del FMI), una cifra si se quiere insignificante para una economía que tiene un PIB de 26 mil millones de dólares. Pero en el fondo, lo que el equipo económico del gobierno ecuatoriano buscaba era el aval del FMI en el concierto internacional para lograr la aprobación de nuevos créditos por parte de la banca multilateral y una probable apertura de los mercados financieros internacionales hacia el país.

Obviamente Gutiérrez exhibió su acuerdo con el FMI como uno de los logros más importantes al iniciar su gestión. Las cosas en el ámbito económico empezaban a caminar, según los cálculos del gobierno. Pero, al mismo tiempo, los sectores sociales y los movimientos políticos que habían contribuido con la victoria presidencial de Gutiérrez comenzaron a recelar y a expresar sus reservas en torno de la manera cómo el Presidente se iba "derechizando".

En desarrollo de la firma de la carta de intención entre el gobierno ecuatoriano y el FMI, los resultados no se hicieron esperar. El Banco Mundial hizo pública su "Estrategia de Asistencia al País" (Country Assistance Strategy, CAS), en la cual manifestaba su voluntad de abrir una cartera de créditos para un portafolio de programas por más de mil millones de dólares a ser desembolsados durante el lapso 2003-07, es decir, el periodo de gobierno de Gutiérrez. En esta etapa el Banco Interamericano de Desarrollo, BID, comprometía recursos igualmente por algo más de mil millones de dólares. Como si lo anterior fuera poco, la multilateral regional, Corporación Andina de Fomento, CAF, también ofreció un importante paquete de ayuda crediticia. De esta manera, parecería que el gobierno de Gutiérrez obtiene los favores de la banca multilateral. Favores que, como es apenas obvio, no serán nada gratuitos, si se tiene en cuenta que el sector financiero internacional no da puntada sin dedal.

Según las entidades multilaterales de crédito lo que les "animaba" a auspiciar de manera tan decidida al nuevo gobierno ecuatoriano era la presencia del movimiento indígena dentro de las esferas del poder.

El Banco Mundial, en su Estrategia de Asistencia al País, párrafo Nº 5, señala que: "El compromiso de la nueva Administración para reducir la pobreza, la fuerte presencia indígena en el Gobierno, con sus tradiciones de procesos participativos para asegurar la concertación y de vigilancia pública para fortalecer la transparencia ... son elementos que presentan una ruptura significativa con el pasado, y que justifican mayor colaboración y apoyo por parte del Banco para el Ecuador."

La verdadera intención de la banca multilateral con esta postura era la de consolidar a los indígenas, en este caso a Pachakutik, como partido de gobierno para tener un mejor control sobre los alcances de su proyecto político, en lo que se puede interpretar como un claro chantaje.

Empero, tanto la Carta de Intención con el FMI, como la Estrategia de Asistencia al País del Banco Mundial, estructuran una agenda de exigencias de tipo económico que había sido fuertemente cuestionada por el movimiento indígena en el inmediato pasado, al extremo de que sus mismos contenidos fueron la causa de las movilizaciones sociales que desembocaron en la destitución de dos gobernantes: Bucaram en 1997 y Mahuad en el 2000, así como en una serie de levantamientos.

Desde el inicio de la alianza entre Pachakutik y el partido del coronel Gutiérrez, Sociedad Patriótica, se pudo establecer que el proyecto de éste era incompatible con el movimiento indígena y que la colisión iba a ser inevitable. Solamente era cuestión de tiempo.

Al comenzar su mandato, Gutiérrez se mostró muy partidario de cumplir al pie de la letra los compromisos que le impondría el FMI, al fin y al cabo, éstos eran el único soporte para su gobierno.

Esta agenda comprendía, entre otros aspectos, la privatización de las empresas de energía eléctrica, de telecomunicaciones y de petróleo. Igualmente se plantearon varias propuestas de reformas estructurales: reforma de flexibilización laboral, desmantelando todas las garantías y derechos adquiridos por los trabajadores; reforma fiscal que comprendía ampliar la base tributaria hacia abajo incorporando a los ecuatorianos más pobres como sujetos de tributación, además se gravaba a las remesas de los migrantes y se planteaban exoneraciones fiscales a los sectores más pudientes de la sociedad; reforma a la seguridad social, que incluía su privatización y su probable desmantelamiento al transferirla a los municipios; y, reforma financiera, que incluye la privatización de los bancos que habían sido rescatados por el Estado en la crisis de 1998-99.

Para el gobierno de Gutiérrez, la Carta de Intención con el FMI se había convertido no solamente en su verdadero programa de gobierno sino en su carta de navegación. De su fiel cumplimiento dependían los desembolsos anunciados por la banca multilateral, los cuales irían a financiar su propuesta de desarrollo y, en consecuencia, obtendría altas posibilidades de "gobernabilidad", aunque al país esto le significaría un sobreendeudamiento que a la larga ameritaría nuevas políticas de ajuste económico.

Por su parte el movimiento indígena al ver hacia donde se dirigía el equipo económico del gobierno consideró en un principio que al interior del mismo se abría un "espacio en disputa" desde el cual se podría presionar por una agenda de reactivación productiva con equidad, justicia social y redistribución del ingreso. Pero a Pachakutik no se le habían abierto ni se le habían otorgado los espacios ni las capacidades institucionales para, al menos, lograr demostrar ante el país lo que significaba su propuesta de Estado y de gobierno.

En los primeros seis meses de administración, y a medida que debía de cumplirse el cronograma de reformas acordadas con el FMI, el movimiento indígena comprendió que la alianza era inviable políticamente y que Gutiérrez se había alineado de una manera radical con el FMI y el Banco Mundial y, por lo tanto, era imposible considerarlo como un "gobierno en disputa".

La gota que derramó la copa fue la oposición total de los diputados del movimiento Pachakutik a suscribir la propuesta de reforma laboral enviada al Congreso por el gobierno de Gutiérrez. De haberla aprobado, el movimiento indígena habría perdido de manera definitiva a uno de sus aliados estratégicos más importantes, la clase obrera y habría hipotecado los contenidos fundamentales de su proyecto político a largo plazo. Es sobre este contexto que se debe situar la ruptura de la alianza entre el movimiento Pachakutik y el gobierno de Gutiérrez.

Lo que se viene entonces para el Ecuador es un tiempo de confrontación. El movimiento indígena no va a resignar su capacidad de movilización en este enfrentamiento.

Por su parte, Gutiérrez busca ahora una base de sustentación política con las oligarquías de la costa ecuatoriana, los banqueros y el Partido Social Cristiano. Pero de esta confrontación con Pachakutik sale seriamente debilitado y comprometida su capacidad de conseguir los recursos necesarios con la banca multilateral para financiar su programa de gobierno. Por lo pronto, el movimiento indígena ha logrado suspender la reforma laboral, y es probable que mediante sus estrategias políticas y de presión en el corto y mediano plazo, pueda desmantelar los acuerdos y el cronograma de acción previstos con el FMI.

Los programas de "estabilidad y reforma estructural", que constituyen el proyecto político de Gutiérrez, impuesto tanto por el FMI como por el Banco Mundial, corren el riesgo, entonces, de quedarse a medio camino al igual que su gobierno.

Aunque ya se anuncia un plan para privatizar las empresas electrificadoras ecuatorianas, entre ellas la de Quito, las reacciones y el levantamiento popular comienza a ser mella en el gobierno de Gutiérrez, quien afanosamente trata de recomponer la integración de su gobierno y, sobre todo, con la ayuda de los sectores más recalcitrantes de la derecha ecuatoriana, intenta obtener mayorías artificiales en el Congreso.

CUADRO ECONÓMICO Y SOCIAL PREOCUPANTE

Si el plan de ajuste impuesto por el FMI no logra cristalizarse a corto plazo por el levantamiento popular y las acciones que adopte el movimiento indígena que, como se sabe, en el Ecuador constituye un respetable factor de poder, las cosas se le complicarían al presidente Gutiérrez, habida cuenta que el panorama económico del país es a todas luces preocupante y si no obtiene los recursos crediticios de la banca multilateral es evidente que ello le restará mucha capacidad de maniobra a su gestión.

Ecuador es un país con un déficit comercial que supera los 1.600 millones de dólares que representa el 6% de su producto interno bruto. Durante el año pasado se produjo una fuga de capitales provocada por la banca privada que se estima en más de 1.500 millones de dólares. Y este año para completar el panorama, el gobierno aumentó los combustibles elevando ipso facto los costos de producción. Esto ha traído como consecuencia que el sistema económico ecuatoriano esté al borde del colapso por la pérdida de competitividad, la alta tasa de inflación, la inexistencia de líneas de crédito para fomento y producción, las altas tasas de interés bancario, la contracción de la demanda y la profundización de la pobreza.

Si la confrontación entre el gobierno de Gutiérrez con los sectores populares y los movimientos políticos de izquierda que paradójicamente lo llevaron al poder, se acentúa, el tiempo político del mandatario ecuatoriano se puede estar agotando, pues el colapso de la economía terminaría por arrastrarlo. Por eso el ex presidente Rodrigo Borja Cevallos comentó que en las actuales circunstancias "el Ecuador se cae a pedazos".

Mientras tanto, el gran triunfante de este triste proceso político ecuatoriano es el ex presidente León Febres Cordero que no sólo utiliza a Gutiérrez para sus oscuros propósitos oligopólicos sino que por el momento, logra separar a los indígenas del gobierno, con miras a consolidar un proyecto de profundización neoliberal en el Ecuador.

De todas maneras el viejo zorro de la derecha ecuatoriana no las tiene todas consigo porque sus opositores tienen mucha capacidad de movilización y protesta, hasta el punto que pueden derribar gobiernos como ya lo han demostrado en el reciente pasado.

Lo decepcionante para los sectores progresistas de Ecuador y de América Latina es que nuevamente se cae en la frustración de una experimento político que prometía ser renovador y que buscaba la ruptura con un pasado lleno de lastres y de errores históricos.

"Ochenta de cada cien ecuatorianos están bajo la línea de la pobreza y, de ellos, la mitad está en pobreza crítica....Seguir lo mismo que han hecho en los últimos 30 años conduciría a los mismos resultados y el Ecuador ha votado por un cambio radical...Quiero decirle a mi pueblo que jamás le voy a defraudar, jamás le voy a traicionar. O cambiamos al Ecuador o morimos en el intento". Así se manifestaba Lucio Gutiérrez el 15 de enero de 2003 cuando tomó posesión ante el Congreso Nacional. Hoy son sólo palabras que terminó llevándoselas el viento ante su descarada traición a su discurso y a los sectores políticos que lo encumbraron en el poder. Y con esta criticable actitud se cierra otro nefasto capítulo de envilecimiento político en un país donde pareciese que ejemplos de vida y de lucha por valores como la dignidad y la libertad como los de Eugenio Espejo y Eloy Alfaro han sido en vano.

 

Fuente: http://www.cronicon.net/analisis_ecuatoriano.htm

 

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