Las lecciones de un fideicomiso. Pachakutik entre Escila y Caribdis

Pablo Dávalos

Quincenario Tintají

Quito, julio de 2003

 

El intento de Miguel Lluco de convertirse en Administrador del Fideicomiso de las empresas EMELEC y Electroecuador, del ex banquero Fernando Aspiazu, pone de manifiesto la discusión sobre la relación entre el movimiento político Pachakutik, y el movimiento social que es su sustento, la CONAIE.

La emergencia de los indios, a partir del levantamiento de 1990, se dio en una situación en la que la clase obrera era derrotada a nivel mundial y se le endosaban los errores del denominado "socialismo real", al tiempo que emergían con fuerza los "nuevos movimientos sociales". Los indios incorporan una nueva agenda a la política ecuatoriana y prácticas políticas novedosas, como la revocatoria del mandato, la búsqueda de consensos y el diálogo como política de participación social. Pero recién en 1996 los indios, en alianza con otros sectores agrupados en la Coordinadora de Movimientos Sociales, deciden ingresar al régimen político vigente para provocar los cambios que ameritaban la creación del Estado Plurinacional. Se crea el Movimiento Pachakutik, y se abre a la incorporación de sectores sociales cuya agenda no es étnica. La idea era que el movimiento político pueda constituirse en una palanca dentro del sistema de representación política para provocar los cambios que el movimiento social reclamaba. En esa coyuntura se lograron aspectos importantes: la aprobación del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, la convocatoria a la Asamblea Constituyente de 1998, y la participación en la destitución de Abdalá Bucaram. Pero desde allí parece cumplirse la hipótesis del teórico alemán, Michels, quien al estudiar los partidos socialistas de inicios del siglo XX, comprobó que existía una burocracia de partido que a la larga terminaba confiscando la lucha social en beneficio propio y convertía al partido socialista en partido de poder. Esa disputa la vivió Pachakutik en el año 2000, durante su II Congreso, cuando la incipiente burocracia que se formó al inicio del proceso, terminó por manipular esa instancia y convertirse en una facción hegemónica al interior del mismo. Para ese año, el movimiento social había logrado la destitución del ex presidente Jamil Mahuad. Pero ya en el levantamiento de julio de 1999, su agenda fue exclusivamente nacional y no étnica. Sobre la capacidad de movilización del movimiento social, su vasto y complejo entramado organizativo y una gran legitimidad ganada en una década de lucha, Pachakutik podía posicionarse como alternativa dentro del sistema de representación política. En ese sentido debía posicionar la transformación del sistema de representación y del régimen político en su conjunto, para entrar en un proceso de reforma radical del Estado, desmontar el andamiaje neoliberal que se había estructurado desde el primer programa de ajuste en 1983 y suscitar cambios jurídicos, institucionales, y normativos dentro del sistema de representación política para lograr la constitución del Estado Plurinacional. Pero el movimiento político tuvo un desfase del movimiento social. La aparente legitimidad ganada por Pachakutik en las elecciones, hizo pensar a la burocracia formada en su interior, que podía convertirse en interlocutora directa del movimiento social. Esto se vivió ya en aquel II Congreso cuando buscó mantener su control sobre el movimiento político e independizarlo del movimiento social. Cuando esta burocracia determina la alianza electoral con Lucio Gutiérrez y Sociedad Patriótica, el movimiento social había sido desconectado de las decisiones importantes que se tomaban al interior de Pachakutik. De esta manera, el movimiento social se vio embarcado en una alianza y en una lucha electoral sin haber tenido muy claro los contenidos de la alianza. El problema se suscitó al ganar las elecciones y comprobar que la separación entre el movimiento social y su movimiento político era muy fuerte, y se habían roto los mecanismos propios del movimiento social: el diálogo y el consenso para la toma de decisiones, la participación comunitaria, el trabajo en conjunto. La burocracia que controla Pachakutik, vio en estas elecciones la oportunidad para romper la vinculación orgánica con el movimiento social, con el argumento de incorporar al movimiento político nuevos "acumulados ciudadanos" que no se sentían representados en la "agenda étnica" del movimiento social. La idea era independizar totalmente al movimiento político y constituirlo en un partido político inscrito dentro de las reglas de juego del régimen político. Así, se desataban amarras de la CONAIE y la burocracia podía llevar a Pachakutik a las aguas mansas del régimen político, y anclarlo en un espacio aparentemente vacío: la centroizquierda.

La acción de Lluco debe analizarse desde esa perspectiva. Su propuesta de constituirse en Administrador del Fideicomiso de Aspiazu, le abría a esa burocracia, la supuesta posibilidad de incorporar sectores de la Costa que habían sido perjudicados por la crisis financiera. Pero cuando el movimiento social decide denunciar esta jugada como parte de una maniobra del mismo Aspiazu, Pachakutik pierde espacio de maniobra y la burocracia fracasa. La intervención de la CONAIE en Pachakutik no sólo es justa sino una urgencia histórica. Los errores de la burocracia que controla el movimiento político son endosados al conjunto del movimiento social. Para la percepción ciudadana no existe diferencia entre movimiento social y político. Entonces el error de Lluco es imputable al conjunto del movimiento indígena. Por ello, es fundamental que la CONAIE retome las riendas de Pachakutik, lo reencause dentro de su proyecto de constituir un Estado Plurinacional, y deslinde responsabilidad de las decisiones que asumió esa burocracia, entre ellas, la irresponsabilidad de creerse gobierno.

 

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