Incongruencias

Luis Alberto Luna Tobar

Diario El Hoy, edición digital

Quito, 28 de junio de 2003

Dos posiciones, muy comentadas en medida de los intereses de momento, definen las incongruencias dominantes de nuestra historia social de cada día. Pertenecen esas expresiones a personajes con poder ejercido o en ejercicio, de acuerdo con la voluntad popular que los caracterizó. Incongruencia ocasional lleva consigo una de las posiciones. De un estado constante de incongruentes actitudes se revelan las contradictorias declaraciones del responsable de la otra posición; pero ambas posiciones se originan en mentes que están obligadas a pensar mucho y a medir con recia rectitud responsable sus declaraciones.

Pocos políticos ecuatorianos se han empeñado tanto en reclamar gobernabilidad, postularla y exigirla, como el ex presidente de la nación que hace pocos días le pidió a ella, a nuestra comunidad nacional, que destituyera al actual gobernante, siguiendo huellas de viejas defenestraciones políticas gubernativas. Si la gobernabilidad es un postulado cardinal de la ideología de este caballero de nuestra historia presente, ¿cómo se puede compadecer esa mentalidad con la excitación social para una destitución, sin extremar los esfuerzos naturales para conseguir que gobierne quien aún no ha demostrado gobierno? ¿Qué es lo congruente: exigir que gobierne o incapacitarlo terminantemente para hacerlo?

No se pueden airear banderas de inocencia o de transparencia ingenua y nítida, cuando desde el poder se prepara el ambiente para conseguir arreglos de apariencia legal en favor de una posible, tanto como discutible, amnistía de la cual el primer beneficiado es el poderoso que prepara ese regalo, esa graciosa concesión. Similar incongruencia a la de incitar a quitarle poder al que ha demostrado que no gobierna, en lugar de incitarle y exigirle gobernabilidad y gobernación, es la de confesar un pecado, una culpa , un error y absolverse de responsabilidad después de haber asumido con valor lo confesado o declarado. Dos casos de impresionante incongruencia en personajes cuya posición social exige nítida transparencia.

El país tiene necesidad de una reflexión profunda a partir de la imperiosa necesidad de superar el infantilismo político en el que subsistimos. Todos, sin excepción de persona u organización social presente, debemos comprometernos tanto en vivir con voluntad de ser gobernados, como en asumir con dignidad las responsabilidades de lo que somos y realizamos. Exijamos al coronel presidente que gobierne y recordemos una verdad histórica que nunca se quiso asumir como objetiva y subjetivamente aconteció. El levantamiento de los coroneles no fue rebelión armada, no fue rebeldía contra la autoridad, aunque pudo existir algún autocandidato muy alto para cualquier dictadura. No fue rebelión armada. Los coroneles, sin arma alguna, todos desarmados, pero con uniformes, interpusieron sus uniformes, en su cuerpo de hombres para impedir que nuestros indígenas, que se habían tomado Quito a pie, caminando días y noches centenares de kilómetros, fueran recibidos por otros militares y policías, ellos sí armados, que cuidaban más el miedo que el significado político de los gobernantes de Carondelet, los jueces y los diputados. Si los coroneles, sin armas pero con uniforme, no se acercan a esos tres sitios con los indígenas, centenares de ellos habrían entregado suxs vidas al miedo de los grandes hombres del país. Esa es la verdad, que la amnistía no redimirá de la sentencia con la que se la canceló seudohistóricamente.

Fuente: http://www.hoy.com.ec/sf_noticia.asp?row_id=150450

 
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