El Estado ecuatoriano

Julio César Roca De Castro

Diario El Universo, edición digital

Guayaquil, 26 de junio de 2003

La Constitución de la República define al Ecuador como un Estado social de derecho, soberano, unitario, democrático, pluricultural y multiétnico.

¿De derecho? Quienes pretenden seguridad jurídica para sus privilegios, se quejan constantemente de que no hay tal, por la falta de respeto de legisladores, jueces y autoridades, a los derechos adquiridos. Pero no solo ellos son las víctimas. Para la inmensa mayoría de la nación, sus derechos, pese a estar reconocidos en las leyes, no son respetados. ¿Qué seguridad jurídica pueden tener los trabajadores con sueldos insuficientes; la gran masa de subempleados con sus precarios oficios; los desempleados que perdieron sus puestos en el altar de la competitividad, de la mala administración, del abuso; los profesionales a merced del poderoso señor del dinero y de la corrupción pública? Y con ellos, sus familias.

¿Estado soberano, independiente? Quizás, pero más lo es el Director del Fondo Monetario Internacional, papel que finge asumir la mamá de Mafalda para hacerle tomar la sopa que la chiquilla no quiere, jugando a ser presidente de un país. Y encima del Estado ecuatoriano, otros superestados que le imponen su dirección económica y política.

¿Democrático? El pueblo sabe y siente que el poder reside en la cima a la que aún no ha llegado. Susanita –de nuevo Mafalda– dice: “¿Y para qué quieren el poder, para ensuciarlo? Y es que hasta ahora sigue afirmando Luis XIV: “El Estado soy yo”, no obstante las parciales participaciones y conquistas populares.

¿Pluricultural y multiétnico? Tal vez. Para la postal. Una misma cultura y una misma etnia siguen gobernando, a despecho de las marginales y de los pocos y acomodados integrantes de un movimiento indígena actualmente relegado y adormecido.

El Estado ecuatoriano da cabida a la improvisación, a quienes se suben en los hombros del pueblo, para después aplastarles la cabeza. A “padres de la patria” que son solo padres de sus hijos, de sus engaños, de sus codicias, de sus trifulcas, de sus enredos. A jueces mandatarios de hacendados políticos o que imparten justicia de acuerdo al tamaño de las alforjas de los incautos.

Es una vaca a la que todos quieren ordeñar, ora con los puestos públicos, ora con los jugosos contratos. Una vaca a la que se desea exprimir, sin mayor esfuerzo.

Un padrino bienvenido para aliviar heridas autoinfligidas y despreciable cuando trata de regular el funcionamiento del cuerpo social. Un padre de familia que atiende más a sus engreídos o a los que puede contentar con picos y palas. Que reparte cheques sin ton ni son.

Un ser obeso que con Mussolini proclama: “Todo dentro del Estado, nada en contra del Estado, nada fuera del Estado”. Que persigue, apalea, vilipendia, encarcela, a quienes se atreven a reclamarle.

Que alza la voz para tratar a los humildes y la baja, adentro y afuera, para someterse al más fuerte.

Que tiene a algunos Goebbels que mienten y que nos exhortan a que sigamos distraídos, comprando cualquier cosa, viendo alguna banalidad, distorsionando los valores, equivocando los conceptos.

Mas, en todos los ámbitos de la vida social, existen seres de buena voluntad que trabajan con dignidad, que luchan silenciosamente y otros no tanto, algunos que creen y otros no, en la unidad, en la posibilidad de juntar las manos para buscar fortalezas.

Fuente: http://www.eluniverso.com

 
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