Queremos la tierra para vivir la eternidad

Sebastiao Haji Manchineri, Coordinador General COICA

Editorial de la revista Nuestra Amazonía, nº 20, año X, primer trimestre de 2003

Coordinadora de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica

Con el permiso de los espíritus y de nuestros ancestros...

La COICA, conciente del gran desafío que tenemos para conservar nuestra diversidad humana y espiritual, agradece a cada una de las organizaciones, líderes y a todos los que creen y defienden nuestros ideales y cosmovisión.

Vivimos los impactos del desarrollo, la evangelización, la modernidad, la democracia, de la igualdad, en contra de nuestros sistemas ancestrales y del equilibrio humano y ambiental. La vida y su integridad han perdido su valor y han pasado a ser una mercancía que beneficia a los intereses de pocos, los aprovechadores de la miseria humana.

Nuestra relación con la naturaleza siempre fue respetuosa y se desarrolló considerando la infinita vida terrestre y la total conexión con el universo. Todo ser humano tiene su función dentro de la evolución del conocimiento; en cada búsqueda se afirma el poder de la existencia del ser y cada cual, a su manera, sigue su propio proceso a lo largo de los tiempos.

Hoy, los intereses de la “civilización moderna” son más fuertes que nunca. Crean conflictos, destruyen las obras de la naturaleza y de nuestros ancestros, generan millones de desplazados y eliminan nuestras culturas milenarias. Los ricos disminuyen en número y aumentan en riqueza, los pobres aumentan en número y en miserias.

Ahora, nuestra sabiduría ancestral está en la mira de la dominación. El 90 por ciento de las patentes se encuentran en los países del Norte cuando muchos de los productos se originan en los del Sur o en nuestros territorios, sin que accedamos a beneficio alguno. Las justificaciones se parecen a las del Ministro de Minas de Colombia, Villamizar: “el bienestar de 40 millones de colombianos no puede sacrificarse porque unos pocos miles de miembros del Pueblo Indígena U’wa, se oponían a la explotación petrolera en sus territorios”.

Los intereses de una minoría han hipotecado nuestro futuro y nos han condenado al pago de la deuda EXTERNA, una deuda ETERNA que es un atentado contra la soberanía de nuestros países y que genera el aumento de la pobreza, la miseria, los marginados, la violencia, la desigualdad y las guerras.

Es inadmisible que nuestros nietos, antes de venir al mundo, ya deban pagar una deuda que no la contrajeron. La vida ha perdido su valor en favor de los intereses mercantilistas.

Por ello, convocamos a todos los que siguen comprometidos con la vida y con la ética a condenar política y judicialmente a los gobiernos y empresas causantes de los prejuicios económicos, culturales y espirituales. Ellos deben pagar e indemnizarnos por las violaciones y la eliminación física de nuestros pueblos.

No pretendemos ser superiores ni tampoco inferiores. Queremos continuar con nuestra forma diferente de SER HUMANO, con nuestra vida justa y digna, guiada por la vigencia de nuestros principios. Anhelamos seguir viviendo en plenitud en nuestros territorios. No solo deseamos mejorar la vida de nuestros hijos, nietos y generaciones futuras; queremos la tierra para vivir la eternidad.

Que los dioses orienten nuestros corazones y mentes, pero que condenen a los promotores de la guerra y a los destructores de la vida.

 
Llacta!    Portada |  Organizaciones |  Comunicados |  Noticias