Matanzas, escenario y actores - Tagaeri





Miguel Ángel Cabodevilla
Sacerdote católico capuchino

Diario El Comercio, edicion digital

Quito, 2 de Junio de 2003




No una sino varias matanzas se han dado últimamente en un escenario tenazmente desconocido para el pueblo ecuatoriano: las selvas amazónicas entre las provincias de Orellana y Pastaza. Unas palabras sobre ello y sus actores.

Nueve guerreros allegados al clan Babeiri acaban de asaltar una vivienda cercana al Curaray. Han matado entre 15 y 20 personas. Disculpen si insisto en lo más obvio: ¡seres humanos! En esta ocasión ellos han actuado según sus normas: han ejecutado una venganza familiar y tribal.

He sentido enorme pena y vergüenza al ver exhibida innoblemente, como un trofeo, esa cabeza humana. Unos pocos huaorani, por dinero, se han desnudado ante las cámaras y han mostrado ese despojo. Pero, además, me di cuenta de algo que sospechábamos hace tiempo: ese hombre asesinado no parece tagaeri, pertenece a otro grupo que, a su vez, eliminó violentamente a éstos. Ese macabro hallazgo es la constatación de al menos dos matanzas (además de otras recientes y conocidas por todos) que se han dado en este país con la despreocupación general.

Hay motivos para preguntarse, ¿qué está haciendo y hará en adelante la sociedad ecuatoriana, sus responsables públicos, los actores más cercanos a esa repetida tragedia?

No es este un espacio extenso para analizar esos comportamientos, pero sí para alentar una reflexión y, ojalá, fuera del insufrible morbo y banalización con el que se está tratando el caso, unas decisiones bien pensadas y eficaces. Porque cuando hay una guerra, todos fracasamos un poco. Algo estamos haciendo mal, o de forma insuficiente.

Sugiero al lector que piense en la actuación de las organizaciones indígenas, en el silencio (al menos hasta el momento de escribir esta nota, días después de la última tragedia) de Conaie y Confeniae, en esa nota voluntariamente confusa de Onhae (no ha habido madereros acá ni petroleros o turistas ni genocidios de gringos; esto es "made in" huaorani, manufactura propia). Las organizaciones indígenas, a imagen y semejanza de la sociedad en general y sus políticos, están metidos en asuntos de más empaque, no queda tiempo para preocuparse de escaramuzas selváticas.

Después de la tragedia, siempre después, las autoridades militares, policiales, civiles, de la zona se han apresurado a hacer vuelos, certificar cadáveres, realizar modestos alardes de control "pos mortem". Sin duda, habría sido preferible ejercitar ese afán antes del rito de las lanzas.

Quince años después de la muerte de Mons. Alejandro Labaka en el lugar de estas últimas tragedias, queriendo evitar, precisamente, hechos como éstos que están sucediendo con demasiada frecuencia, ¿no es hora de afrontar de verdad la complejidad de ese escenario, el trabajo de cada uno de sus actores y, por tanto, reorganizar mejor la compleja y peligrosa situación actual?


http://www.elcomercio.com/noticias.asp?noid=62769






 
Llacta!    Portada |  Organizaciones |  Comunicados |  Noticias