Los tagaeri vuelven a atacar ante invasión de sus tierras





Kintto Lucas

Corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI

Quito, 2002


Nota de Llacta!: Recuperamos este artículo del año 2002 por sus interesantes aportaciones en relación a la masacre sufrida por los Tagaeri en mayo 2003.


Conforman uno de los pocos pueblos amazónicos que no mantiene contacto con la cultura occidental ni con otros indígenas. Desesperados ante la penetración imparable de colonos, petroleras e indígenas de otras etnias en su territorio, los tagaeri han vuelto a atacar a muerte, especialmente a los miembros de la nacionalidad indígena kichwa. Hace 35 años no atacaban.

Para algunos son sólo fantasmas que caminan por la selva amazónica huyendo del contacto con otras civilizaciones, en una guerra permanente con quienes se cruzan por su camino. Para otros constituyen el último pueblo de la Amazonia que se mantiene mimetizado a la selva, y en su lucha por seguir viviendo atacan cuando se ven amenazados.

Son los tagaeri, conocidos como aucas o patas coloradas, y conforman uno de los pocos pueblos amazónicos que no mantiene contacto con la cultura occidental ni con otros indígenas. Sus miembros, estimados entre 80 y 150, mantienen un modo de vida nómada internados en la selva, y viven de la caza y de la pesca.

Sin embargo, desde hace algunos meses el territorio donde se mueven está siendo ocupado por empresas petroleras, que los han empujado hacia territorio de la nacionalidad indígena kichwa. Entonces han vuelto a atacar. En noviembre del año pasado dos ancianos kichwas que cosechaban una chacra y recogían huevos de tortuga fueron sorprendidos por un grupo de tagaeris que los mataron a lanzazos.

Luego los clavaron con 14 lanzas "a la tierra que los vio nacer", cumpliendo así el ritual de la muerte, reconocido en este pueblo amazónico que vive en guerra permanente por mantener su espacio de tierra, cuando mata a un enemigo.

Como consecuencia, en los últimos meses muchos kichwas que habitan la zona donde se mueven los tagaeri están abandonando su hogar por temor a un ataque.

En Curaray, una localidad de la provincia de Pastaza a la que sólo se accede navegando en canoa o en avioneta, la mayoría de los 300 kichwas que vivían ahí decidieron trasladarse a Shell, un pueblo cercano a Puyo, la capital provincial, y abandonar sus viviendas en medio de la selva.

Los kichwas abandonan su tierra, animales y cosechas porque no tienen seguridad para seguir en la zona, comentó Sebastiana Vargas, de la comunidad de Curaray, quien afirmó: "Salí porque tengo que proteger a mi familia. Allá ya no podemos dedicarnos a la agricultura, ni a la caza, ni a la pesca".


Un pueblo desesperado.-

Según el dirigente indígena Luis Awa, los tagaeri se habrían aliado con los taromenane, otro grupo que vive en condiciones semejantes entre Ecuador y Perú. "A través de alianzas selladas con matrimonios, este grupo está ahora siendo empujado cada vez más hacia el sur amazónico", aseguró.

Los pobladores de Curaray están asustados porque saben que los tagaeri no se han ido y temen por su vida. "Hemos quedado pocas familias. Salieron a Shell las que tenían dinero para pagar el pasaje en avión. Otras se fueron en sus canoas aguas arriba", dijo Telmo Gualinga, poblador de Curaray.

Los que se quedaron sólo se mueven en grupos, van armados con escopetas, duermen juntos en una sola casa y no se alejan del poblado para cazar, pescar o realizar tareas agrícolas. En los últimos meses habían incorporado a sus actividades el ecoturismo, que luego de las muertes ha desaparecido porque las agencias de viaje dejaron de enviar turistas a la zona.

Las organizaciones indígenas de la zona se muestran impotentes para resolver este problema, porque los tagaeris siguen resistiéndose a cualquier contacto con otros pueblos. Armando Vargas, otro de los habitantes de la comunidad atacada, aseguró que desde hace 35 años los tagaeri no atacaban a las comunidades kichwa aunque se mantuvieran en un área relativamente cercana. Esto hace pensar que están desesperados ante la penetración imparable de las petroleras a su territorio.

Giovanna Tassi, directora de la Agencia de Prensa ambientalista Tierra en Puyo, considera que el ataque tagaeri es un llamado de atención a la actividad petrolera que se desarrolla en la Amazonia ecuatoriana y podría provocar un fuerte deterioro ambiental.

Por la vía Auca, una vía petrolera que corta a la mitad el territorio ancestral de los aucas, avanzan los tubos de los pozos petrolíferos. "Los tagaeri huyen del ruido, del acoso. Ahora se han quedado en la zona de Curaray. Es tiempo de huevos de charapa (tortuga) y los monos están gordos, listos para ser cazados y comidos. Por lo tanto permanecerán ahí", dijo Tassi, quien vive en Puyo desde hace 18 años. La periodista, experta en temas ambientales e indígenas, señaló que se debería proteger a este pueblo amazónico porque corre peligro de extinción.


Entre la "tradición y la civilización".-

Los tagaeri pertenecen a una rama de la etnia huaorani que ha permanecido sin contacto con la civilización, y tras los hechos de noviembre, en enero de 2001 volvieron a mostrarse. Fueron vistos por un grupo de turistas a los que pretendieron atacar, cerca de la comunidad de Bataburo, aseguró Richard Ima, dirigente huaorani de la zona.

"Al principio los extranjeros trataron de fotografiarlos creyendo que se trataba de huaoranis civilizados, pero al notar la violencia con la que se acercaron, los guías realizaron disparos al aire para evitar que los turistas sean lanceados", señaló el líder indígena.

Ima agregó que han podido identificar a dos grupos de tagaeri, uno que ha sido avistado en ocasiones anteriores, que tiene como líder a Taga, y otro, que es comandado por Taromenalli; ambos grupos viven en bohíos que han sido ya localizados por los huaoranis de su comunidad, en las riberas de los ríos Cuchillacku, Tigüino y Bataburo, en la provincia de Pastaza. "Están armados con lanzas de hasta dos metros y medio de largo y con pelo hasta las caderas, que andan completamente desnudos y son muy temidos por su violencia ya que matan sin piedad", dijo Ima.

La intención de Richard Ima, de localizar y civilizar a los pata colorada, fue rechazada por la Organización de la Nacionalidad Huaorani de la Amazonia Ecuatoriana (Onhae), con sede en Puyo. "No podemos prestarnos para que sean sometidos a la civilización del blanco, pues es el único grupo que conserva intactas nuestras tradiciones huaoranis ancestrales, que se perdieron con la evangelización del Instituto Lingüístico de Verano, entre 1957 y 1967", señaló Niwtza y culminó diciendo que los tagaeri se ven obligados a salir de su territorio ante el acoso de colonos, petroleras e indígenas de otras etnias.


El ritual de las lanzas.-

El primer aparecimiento fugaz de los tagaeri se remonta al 20 de enero de 1956, en el río Curaray, cuando fueron asesinados cinco estadounidenses. En 1971, en el río Tiputini murió lanceado un cocinero de la compañía Western. En 1977, en el río Tivacuno fueron lanceados tres trabajadores de una petrolera. El 21 de julio de 1987, cerca del río Tigüino fueron asesinados monseñor Alejandro Labaca y la hermana Inés Arango. En 1993 en el río Cuchiyacu fue lanceado el huaorani Carlos Omene.

El caso que transformó a los tagaeri en noticia internacional y que luego el escritor y periodista colombiano Germán Castro Caycedo lo transformó en tema de un libro, fue el de 1987, cuando más de 100 lanzas acabaron con la vida del obispo de Coca, Alejandro Labaca, y la religiosa Inés Arango, que llegaron en helicóptero a territorio auca para conversar con ellos. Los religiosos intentaban contactarse con los tagaeri para ponerles al tanto de la avanzada petrolera y analizar medidas para ayudarlos. "Los clavaron en el suelo amazónico que tanto amaban, inmolados sobre el altar del petróleo", comentó Tassi.

Esa fue la primera vez que los occidentales escucharon hablar de este "temible pueblo guerrero", definido por el investigador Miguel Angel Cabodevilla como el último grupo de indígenas no contactados que deambulaban por la selva como fantasmas errantes, armados de lanzas, desnudos, defendiendo su espacio vital.

"Ese espacio vital es recorrido incesantemente por los aucas, quienes lo van marcando con sus lanzas y pisadas", dijo Tassi. "Catorce años después de lo que ocurrió con los religiosos, se vuelve a repetir el mismo ritual de las lanzas pero esta vez con indígenas de otro pueblo".






 
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