Picos y palas





Felipe Burbano de Lara

Diario El Hoy, edición digital

Quito, 27 de mayo de 2003




Resulta ciertamente paradójico que el gobierno del cual forman parte los indígenas haya emprendido, a través del presidente, una política paternalista y humillante de reparto de picos, palas, computadoras, arroz y balones de fútbol a las comunidades.

Lucio Gutiérrez ha tenido sensibilidad para incorporar a los indígenas al Gobierno. Lo ha hecho, creo yo, por dos razones: interés político (le conviene mantenerlos como aliados); y lealtad (a ellos les debe su carrera política). Sin embargo, el presidente no ha interiorizado el eje de la propuesta indígena: una sociedad multicultural. Desde su discurso de posesión, hasta sus declaraciones como presidente, y ahora en sus recorridos por las comunidades, Gutiérrez ha mostrado solo matices distintos de la habitual posición paternal, protectora y tutelar sobre los indígenas, practicada a lo largo de la historia por las elites blancas y los grupos mestizos. Recuerdo algún discurso suyo en el cual dijo que amaba a los indígenas. Lo decía como prueba de su compromiso con ellos. Amar a los indios me sonó a un gran paternalismo político.

Algo así como "no los voy a traicionar, hijos míos".

Pero la entrega de palos, picos y todo lo demás muestra que el amor presidencial no es muy distinto al expresado por otros mandatarios. Es el amor del padre a los hijos, el amor de quien siente una obligación moral de proteger a un desvalido. César Montúfar explicaba en un artículo en El Comercio cómo este aparente gesto de generosidad presidencial muestra en realidad una relación profunda de jerarquía y distancia. Los presidentes regalan objetos a los indígenas porque sienten la necesidad de compensar las injusticias que el propio sistema, y sus propias políticas, provocan en ellos. Jamás se le ocurriría a un presidente, decía Montúfar, llegar a una reunión con empresarios y banqueros cargado de obsequios para mostrar su preocupación e interés por su situación.

Resulta sin duda paradójico que un gobierno que ha incorporado a los indios como aliado político clave, atente de modo tan dramático contra uno de los postulados centrales de su lucha: el reconocimiento a su dignidad, a su igualdad ciudadana. Los indios han peleado por tener un trato igualitario en la sociedad, no un trato discriminatorio en base a lo que algunos denominan la desigualdad étnica (en el fondo racial).

Pero el presidente hace caso omiso de esa reivindicación. Trata a los indios como los trató Sixto Durán Ballén o Gustavo Noboa: desde el tradicionalismo de la política ecuatoriana, asentado en una concepción jerárquica y estamental de la sociedad. Lo de ellos se vía muy mal pero al fin y al cabo era consistente con su propia convicción étnica y de clase. Lo de Gutiérrez molesta porque parece un contrasentido cruel que abra espacios importantes a los indios en el Gobierno, pero al mismo tiempo se relacione con las comunidades como otro gran padre protector.

Semejante conducta solo nos muestra una evidencia: el multiculturalismo, con todas sus implicaciones igualitarias, no está en el horizonte mental del presidente Gutiérrez.


http://www.hoy.com.ec/sf_noticia.asp?row_id=147608






 
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