¿Quién quiere matar al Presidente Gutiérrez?





Franklin Falconí

Revista Opción

Quito, abril de 2003




Un extraño llega a la oficina de una diplomática de las Naciones Unidas, en Colombia, y hace la denuncia de un supuesto complot para asesinar al Presidente de la República del Ecuador. Antes, habría estado tratando de que le atiendan en la embajada del Ecuador, pero al no encontrar respuesta se dirigió a la sede de la ONU. La diplomática que se entrevistó con él se niega a identificar al denunciante, por aquello de la ‘confidencialidad de la fuente’. Pese a que la funcionaria tiene experiencia en este tipo de casos -a lo mejor por eso le pidió al denunciante que escribiera lo que tenía que decir, a mano, en un papel común-, por ser de la Unidad de Defensa de los Derechos Humanos de la ONU; dice no saber dónde ubicar ni cómo contactar a Miguel (pseudónimo con el que se identifica a este personaje).

Además de este relato, y del papel manuscrito presentado por el comandante general de Policía, Edgar Vaca, no existe ninguna prueba de peso que permita considerar como cierta su denuncia presentada ante el Congreso, el jueves 10 de abril, y que causó un gran revuelo en el país.

Además, la Cancillería de Ecuador descalificó las afirmaciones de Vaca, ya que la mencionada denuncia habría sido hecha a través de una carta firmada por “Miguel” y colocada, el 27 de marzo, en el buzón de la Embajada de Ecuador en Colombia, y en ningún momento su autor habría intentado contactarse con funcionario alguno.

La alarma pública que siguió a esto tiene sus componentes de sospecha. Según se ha dicho, el Presidente y, por ende, la Policía, conocían de este supuesto complot tres semanas antes de que Vaca lo hiciera público, pero las extremas medidas de seguridad se hicieron visibles solo al siguiente día de armado el escándalo.

La sospecha aumenta cuando se ve a la embajadora de Estados Unidos, Kristie Kenney, poner a disposición del presidente Gutiérrez los organismos de seguridad de su país.

La seguridad del Presidente es algo que ningún ecuatoriano podría considerar de poca importancia. El hecho de criticar la forma y el escaso sustento con que se hizo la denuncia, no quiere decir que no se esté de acuerdo con que se extremen las medidas de seguridad para el Primer Mandatario. Es una obligación de la Policía Nacional hacerlo, pero no de ningún otro país, por más ‘guardián del mundo’ que se crea. También es obligación de la Fuerza Pública nacional llegar hasta el final con las investigaciones, y mostrar resultados contundentes.

Preocupa que el general Vaca, en el programa de televisión “Cero Tolerancia”, del 13 de abril, haya dicho que las investigaciones de la Policía llegaron hasta ahí (¿hasta dónde?) y que ahora le corresponde al Ministerio Fiscal continuarlas.

Tratándose de un Presidente de la República, ¿no será que la confidencialidad de la fuente puede pasarse por alto, por parte de la funcionaria colombiana? Un identikit, por ejemplo, ayudaría mucho… ¿o no? ¿Queremos quedarnos otra vez con nombres ficticios, como los de Victorino y Milanta, como pasó en el caso del asesinato del diputado del MPD, Jaime Hurtado González? ¿Por qué de pronto la actitud diligente de la embajadora de Estados Unidos para meterse en este tema interno, y relacionarlo inmediatamente con el conflicto armado que vive Colombia? ¿No será que esperamos que en el país, a pretexto de reprimir a las “transnacionales del crimen”, se inicie una cacería de brujas, que termine con el asesinato a algún connotado líder social?

Hay que poner atención a lo que está sucediendo en estos días. El agente Fiscal de Pichincha, Raúl Salgado Serrano, llamó a la escritora y activista de los derechos humanos, doña Nela Martínez, para que -pese a su avanzada edad- comparezca el 16 de abril de 2003 a declarar con carácter reservado ante el Grupo de Apoyo Operacional de la Policía, en una investigación que se realiza sobre supuestos delitos contra la Seguridad del Estado.

Mientras tanto siguen apareciendo mensajes en la Internet del denominado grupo “Legión Blanca”. El último aparecido en la página de Indymedia Ecuador, el 14 de abril, además de continuar con las amenazas contra dirigentes sociales y periodistas, resalta el “eficiente” trabajo del Comandante General de Policía, ¿será pura coincidencia?

¿Para qué fue citado Vaca al Congreso? La razón original para que el Comandante de Policía acudiera al Congreso, era para responder a un cuestionario que planteó el jefe de bloque del MPD, Luis Villacís, y que versaba sobre las declaraciones que hizo durante de la ceremonia por la conmemoración de los 65 años de la Policía Nacional, realizada en la Escuela Superior de Pusuquí, en donde estuvieron invitados además del Presidente y Vicepresidente de la República, los ministros de Gobierno y de Defensa, y los Comandantes policiales de Chile, Paraguay, México, Bolivia, Perú y Brasil. El general Vaca sostuvo, en esa reunión, que existían “organizaciones internacionales delictivas infiltradas en el Gobierno, la Justicia, el Congreso y la Policía”.

El jefe policial solo se remitió a leer una aclaración que publicó el diario El Comercio sobre sus declaraciones, y a enumerar una serie de aciertos de la Policía en su combate al narcotráfico. Pero más allá de esto, el general Vaca nunca explicó de manera detallada qué está haciendo la institución que él dirige, para localizar a los supuestos delincuentes infiltrados en el Gobierno, y mucho menos para descubrir a los responsables de los mensajes amenazantes del denominado grupo “Legión Blanca”, que amenaza de muerte a los dirigentes populares y sociales, y a todo aquel que se oponga al jefe del mundo, George W. Bush, y a su representante más leal en América Latina, Álvaro Uribe.

Lo cierto es que en el país se vive un clima de tensión; si no son las bombas de supuestos grupos subversivos que se oponen al Gobierno, son los propios errores y la negligencia de las Fuerzas Armadas, que causan muertes y zozobra en la población. La creación de un clima de inseguridad y de terror podría servir, en este escenario del Plan Colombia, para que tomen fuerza las actitudes intervencionistas y fascistas de Estados Unidos y la extrema derecha criolla. La seguridad es necesaria, pero ubicada del lado de los pueblos.


Franklin Falconí
Editor general revista Opción






 
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