Las medidas económicas, qué hay detrás





Editorial Revista Opción

Ecuador, Enero de 2003




La lucha contra las elites está dentro y fuera del gobierno Franklin Falconí EDITOR GENERAL DE OPCIÓN La esperanza en el cambio sigue incólume. Nunca, como ahora, había sucedido que un gobierno inicie su gestión con medidas económicas antipopulares y continué contando con el apoyo mayoritario de los ecuatorianos. La rebeldía de los pueblos que habitan este país, no ha permitido aquello a ninguno de los gobiernos neoliberales que se han sucedido hasta el 15 de enero pasado.

Sin embargo, nadie puede negar que el anuncio del incremento de los precios de la gasolina y el diesel no gustó, que es una medida que golpea la escuálida economía de los hogares pobres del país, por la escalada inflacionaria que trae consigo, y que sí existen alternativas que podían tomarse.

En el último número de OPCIÓN, por ejemplo, el economista Rafael Correa, que era uno de los candidatos a ocupar el Ministerio de Economía, hablaba de aplicar una política de optimización en la recaudación del Impuesto a la Renta y, sobre todo, de la necesidad de recabar lo que deben las empresas evasoras (que son 13.219 y que adeudan más de 1.500 millones de dólares). Además, en la mejora de la recaudación aduanera se podrían recuperar, por ejemplo, hasta 200 millones de dólares. Y la opción más lógica es aquella de no pagar la totalidad de las obligaciones en cuanto a deuda externa, es decir, se podían haber pagado hasta 1.500 millones de dólares, con una reprogramación negociada con los organismos financieros, para contar así con un colchón de por lo menos 500 millones de dólares, entre otras medidas de este tipo.

Pero más allá de la solución del problema fiscal, heredado del gobierno anterior, que actuó junto a los grupos económicos de poder para dejar un Estado en bancarrota, como parte de la conspiración contra el proyecto patriótico que se configuraba desde que Gutiérrez ganó la primera vuelta, la clave está en el manejo económico que se plantea a largo plazo, y en eso, para perjuicio del país, parece que han tomado ventaja las posiciones neoliberales del ministro Mauricio Pozo.

Lo que ocurre, y no hay que admirarse, es que existe una contradicción entre las elites económicas y políticas que han dominado el país en estos 24 años, con los pueblos del Ecuador, tanto fuera como dentro del gobierno. La lucha contra los poderosos, luego de ganadas las elecciones, continúa.

Ese “compás de espera”, que ningún formador de la opinión pública ha solicitado, pero que la población le está dando a Gutiérrez, se explica porque los ecuatorianos mantienen vivas sus expectativas en lo que puedan hacer, en este escenario, las organizaciones populares y los partidos de izquierda que están en el gobierno. En ellos recae la responsabilidad de enrumbar este proyecto hacia objetivos más ambiciosos.

Pero también las organizaciones del espectro popular, democrático y patriótico, que están fuera del Gobierno, tienen vela en este entierro. De ellas se requiere una actitud responsable frente a sus bases, de no simplemente ‘palanquearse’, como en algunos casos, cuotas burocráticas con sus actitudes pseudocríticas. El proyecto que el pueblo anhela que se concrete es el del cambio, y eso solo se lo puede hacer, en este momento, actuando en el gobierno y fuera de él para derrotar a las oligarquías que se mueven en una actitud conspirativa permanente.

La esperanza de cambio sigue incólume, y es necesario responder bien a ella.







 
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