Ojo con la respuesta de las élites





Editorial Revista Opción, nº 38

Ecuador, diciembre de 2003




¿Qué raro no? Ahora ningún conductor de la opinión pública habla de “darle un compás de espera de por lo menos seis meses” al nuevo mandatario, como lo hicieron con cada gobierno neoliberal que se ha turnado en el poder. Más bien han iniciado ya con las críticas, que en lugar de ser constructivas, suenan a condenas, y eso que Lucio Gutiérrez aún no se posesiona. Un ejemplo es el furibundo ataque de Jorge Ortiz al presidente electo, por no haber dicho los nombres de las empresas transnacionales y nacionales que habrían intentado coimar a sus colaboradores para conseguir contratos y puestos claves en el área petrolera y de telecomunicaciones. Ortiz quiso quitarle el real significado a la denuncia: el hecho de que el nuevo gobierno no aceptará esas presiones por parte de los grupos de poder económico nacional y extranjero.

El acostumbrado “paquetazo” orientado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) al comenzar el año, siempre fue justificado de mil formas por ellos: “es que hay que ajustarse un poquito el cinturón hoy para ver luego resultados”, “es necesario un ajuste para estabilizar la economía”, “los subsidios no son dignos de un Estado moderno”, etc. Ahora se condena el “pinchazo” del que habló el nuevo mandatario, sin contar con más información que sus propias especulaciones tendenciosas.

Nada se le perdona al gobierno “de los indios y de los comunistas”. Si Lucio Gutiérrez no anunció los nombres de todo su gabinete el 15 de diciembre como había dicho, ha de ser, según el de pronto izquierdozo Carlos Vera, porque es mentiroso y no cumple con los plazos.

Cuando el periodismo cumple con su papel de informar, lo hace siempre ubicándose en la defensa de unos intereses específicos. En el caso de los grandes medios, esos intereses son los de los monopolios empresariales y financieros, y de sus organizaciones políticas tradicionales.

Existe una experiencia cercana en América Latina, donde actitudes como la mencionada desembocaron en una abierta acción propagandística, antes que periodística. Esa experiencia es la de Venezuela. Y según ellos mismos han dicho insistentemente: “no queremos que nos pase lo de Venezuela” ¿verdad?

Los hogares pobres no estarán dispuestos a aguantar un nuevo “paquetazo”, eso lo sabemos desde siempre. Lo que hay que saber hoy, y se constituye en un reto para el nuevo gobierno, es cómo dar respuestas inmediatas y efectivas a un problema serio como el del déficit fiscal que deja el gobierno de Noboa -que según se conoce es superior a los 900 millones de dólares- sin afectar a los más pobres.

Hay que ponerle atención a la actitud de los grandes medios de comunicación y de sus conductores de la opinión pública, relacionándola con la respuesta que las élites están poniendo en marcha luego de la derrota electoral que sufrieron el 24 de noviembre.

Una expresión de esta respuesta es la marcha convocada en Quito por la seguridad ciudadana. Se trata de buscar un leiv motive que permita movilizar grandes segmentos de la población, acudiendo a un problema que es muy sentido entre los ecuatorianos y los quiteños en particular, y que podrá servir como pretexto para conspirar contra el próximo gobierno. Políticamente, toman el problema de la inseguridad para dar razón a sus argumentos fascistas de represión, así se entiende el hecho de que pidan la extradición de todo extranjero indocumentado.

Ojo con lo que ocurrió en Venezuela, ojo con las respuestas de las élites que podrían estarse cocinando sin que nadie se dé cuenta.







 
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