Triunfo de la dignidad: las lecciones del 21 de enero





Fernando Ramón Bossi
Fuente: Resumen Latinoaméricano

22 de octubre de 2002




Cuando el 21 de enero del 2000 los indígenas del Ecuador se insurreccionaron contra el gobierno de Mahuad, éstos sabían que podían contar con un grupo de oficiales del ejército dispuestos a acompañarlos hasta las últimas consecuencias. El triunvirato conformado por el juez Solórzano, el indígena Antonio Vargas y el coronel Lucio Gutiérrez duró poco No llegó a un día. Las presiones de la gran oligarquía guayaquileña y del Departamento de Estado hicieron defeccionar a los altos mandos de las Fuerzas Armadas. La traición, repetida y macabra figura que empaña toda la historia de nuestros pueblos, esta vez se encarnó en la persona del general Mendoza. Así dadas las cosas, los indígenas, prometiendo volver pronto, regresaron a la sierra; los coroneles, entre ellos Lucio Gutiérrez, ingresaron a la cárcel y Gustavo Noboa, el vicepresidente, asumió la primera magistratura de la Nación.

Pero el Ecuador no se pacificó. Una sensación de "empate técnico" había quedado entre las fuerzas en pugna. Pobreza extrema, desocupación, emigración, entrega e incertidumbre seguían lacerando la escena social, de la misma manera con que la corrupción avanzaba carcomiendo toda la estructura institucional de la nación. Ecuador volvía a ser el Ecuador de las injusticias cotidianas, el país con los mayores índices de corrupción de toda América.

La partidocracia y la oligarquía suspiraban aliviadas ante la definición del conflicto, se había aplacado la revuelta sin mayores costos; ese frente popular de indios, cholos, izquierdistas y militares -estos últimos, no menos indios ni cholos-, carecía de un claro liderazgo. La conclusión de los sectores privilegiados fue simple: se cerraba una etapa de turbulencias para transitar una nueva, siempre neoliberal, pero ahora con menor grado de resistencia popular. El error de los "modernizadores" fue mayúsculo, nada indicaba que el "regreso a casa" de las masas indígenas significara una derrota, más bien al contrario, el pueblo en su conjunto había aprendido una gran lección aquel 21 de enero: la necesidad de organizarse y constituir, sin sectarismos, un poderoso frente patriótico y popular dispuesto a dar nuevas batallas.


La población indígena.

Ecuador es el país más pequeño de la región andina. Producto directo de la derrota del proyecto bolivariano del siglo XIX, nace como país independiente, separado de la Gran Colombia, el mismo año de la muerte del Libertador, 1830. Amparada por la agresiva Inglaterra, la oligarquía portuaria guayaquileña consumaba la traición a los sueños de la Patria Grande. Como país bananero nacía el Ecuador, para proveer de bananas, cacao y café a los países centrales. Recién en la década del 70, del siglo pasado, se descubren importantes pozos de petróleo en la zona costera; hace apenas 30 años. En la misma zona Estados Unidos hoy ha montado una de las bases militares más importantes de Sudamérica: la base de Manta. Bananas, café, cacao y petróleo son los cuatro productos fundamentales de la economía ecuatoriana. Todos ellos se exportan, se van del país, lo mismo que gran parte de su población.

Tal vez el Ecuador sea el país de la región que, en los últimos años, más ha expulsado gente. La causa de esto: falta de horizontes y pobreza. De los 12 millones de habitantes de la "Mitad del Mundo", casi el 50% son indígenas. De estos un porcentaje importantísimo son quechuas, viven en la sierra. Quito, Ambato, Cuenca, Loja, Riobamba, Ibarra son ciudades de marcado acento runa. El oriente, la región amazónica escenario de la reciente y fratricida guerra con el Perú, cobija una infinidad de etnias. La "cuestión indígena" entonces, adquiere un nivel sustancial de relevancia. La poderosa Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) nace así como una suerte de sindicato de las comunidades indias. Su brazo político, el Pachacutik, apoyó decididamente la candidatura de Lucio Gutiérrez. Su combativo dirigente Luis Macas encabezó la lista de diputados para el Parlamento Andino. La alianza del 21 de enero volvía a recrearse.


Costeños y andinos.

La costa es la zona de los blancos y los negros. No es difícil deducir que en las clases dominantes prevalecen los blancos, aunque esto no quiere decir que hay una inmensa mayoría de blancos que son pobres. Los negros fueron traídos como esclavos para trabajar en las plantaciones. Los mestizos, mulatos y zambos completan el mosaico étnico plagado de discriminación y prejuicios. Si el general Rumiñahui había resistido heroicamente a los conquistadores, doscientos años después el patriota y revolucionario Francisco Eugenio Espejo, hijo de indios, tuvo que cambiar de identidad para poder cursar sus estudios de medicina. Espejo, quien sentenció: "un día la Patria resucitará", se llamaba realmente Eugenio Chúshig Aldás. La discriminación aún sigue vijente en el Ecuador.

La costa representa lo moderno, lo blanco; la sierra el atraso, lo indio. Guayaquil, como ciudad portuaria, cabecera del estado de Guayas, siempre sufrió problemas de pertenencia. Ora dependiente del virreinato del Perú, ora del de Nueva Granada, zona de conflicto entre los libertadores José de San Martín y Simón Bolívar, lo cierto es que la ciudad-puerto tomó una personalidad tal que hoy sigue conteniendo algunas tendencias secesionistas. Cuando el gobierno de los Estados Unidos se enteró del triunvirato que había asumido el poder aquel 21 de enero, no dudó en comunicarse con el general Mendoza y aclarar que si no se retomaba el "orden constitucional" llevando al vice a la presidencia, se bloquearía al país económicamente y se trabajaría para la separación del Estado de Guayas de la nación. La política de rebalcanización de los países latinoamericanos caribeños, por parte del imperialismo yanqui, también incluye al Ecuador.


La izquierda ecuatoriana.

Pero ese frente patriótico y popular, que se gesta a partir de las jornadas de enero del 2000, no estaría completo sin la presencia de importantes sectores de trabajadores de las ciudades, como asimismo de estudiantes y clases empobrecidas. Allí, vale destacar la presencia de una izquierda aguerrida de profundas convicciones revolucionarias. El Movimiento Popular Democrático- cuyo máximo dirigente, Jaime Hurtado, había sido asesinado no hace muchos años-, se sumó al frente aportando experiencia como asimismo combatividad.

La izquierda ecuatoriana, entendió la necesidad de conformar un frente amplio, democrático, patriótico y popular que encausara la protesta social en una fuerza que nucleara a todos los sectores perjudicados por el neoliberalismo y la corrupción. Las banderas de la justicia social, la soberanía política y la dignidad nacional se entrecruzaron explosivamente contra los intereses de los poderosos.


¿Es Gutiérrez un nuevo Chávez?

A la hora de comparar se puede afirmar que ambos son militares que han abrazado los ideales bolivarianos de democracia, justicia y dignidad, como asimismo acérrimos defensores de los intereses nacionales y populares en la perspectiva de la unidad latinoamericana caribeña. También en este paralelismo podemos señalar que ambos han decidido representar los intereses de los más débiles ante las insaciables apetencias de los poderosos. Ambos se han negado a reprimir a su pueblo. Pero más que comparar al coronel Lucio Gutiérrez con el comandante Hugo Chávez, conviene recordar que los dos provienen de una larga tradición de militares patriotas que han dejado escuela en toda Nuestra América. Más allá de los próceres de la independencia, figuras como las de Perón, Velazco Alvarado, Caamaño, Torrijos, entro tantos otros, han señalado un rumbo claro para un sector de las Fuerzas Armadas: salvar el país de las garras imperialistas y alcanzar un mayor grado de bienestar para su población. Tanto Chávez como Gutiérrez se encuadran perfectamente en esa tradición de militares patriotas dispuestos a defender la soberanía en pos del desarrollo y el progreso de los pueblos.


¿Qué significado tiene el primer puesto obtenido por Lucio Gutiérrez en las elecciones del 20 de octubre?

Dado que el caudal de votos obtenidos no representa un triunfo contundente -de hecho habrá segunda vuelta el 24 de noviembre próximo-, Lucio Gutiérrez deberá consolidar y ampliar su frente si es que desea quedarse con la presidencia de la nación. Un 20% de los votos a su favor no es suficiente para respaldar un proyecto de gobierno que contiene, entre sus principales postulados, terminar con la corrupción imperante. Es de suponer que en un mes de campaña y negociaciones, los hombres y mujeres que han sostenido la candidatura del coronel se movilicen entusiastamente para sumar nuevos simpatizantes.

La hora de las definiciones comienza. La base para la nueva contienda electoral presenta a un Lucio Gutiérrez fortalecido y con su gente movilizada -el acto más multitudinario de cierre de campaña fue el de la lista 3-18, con más de 30.000 asistentes-.

No menos importante es trabajar para ganar esa franja del electorado que el domingo votó en blanco o se abstuvo. Si tenemos en cuenta que la coalición de Lucio Gutiérrez llevó una campaña electoral prácticamente sin recursos económicos, es de suponer que el impacto de haber obtenido el primer lugar en las elecciones, generará espectativas en una porción de la población que todavía no ha interpretado cabalmente su mensaje.


¿Contra quién deberá enfrentarse Lucio en la segunda vuelta?

Nada más ni nada menos que contra Alvaro Noboa, seguramente el hombre más rico del Ecuador, una de las 14 fortunas más importantes de América Latina, un empresario bananero. Todo un símbolo de años de historia, explotación, corrupción y entrega. El pueblo, los más pobres tendrán la última palabra. América Latina avanza hacia la unidad. Chávez, Lula, Fidel, parecen ser un fuerte dolor de cabeza que no deja conciliar el sueño a varios representantes de la globalización neoliberal. El susto de Evo Morales transitoriamente pasó, aunque ¿pasó realmente? Los planes imperialistas encuentran cada vez más escollos. Ahora irrumpe Lucio... ALCA, Plan Colombia, privatizaciones, gobiernos títeres, mano de obra barata y materias primas regaladas, control de los espacios de biodiversidad y fuerzas armadas sumisas y disciplinadas son una serie de objetivos que parecen enfrentarse cada vez más con la respuesta de los pueblos. El bolivarismo, o sea la grandiosa idea de la Unidad de Repúblicas Latinoamericanas Caribeñas avanza aceleradamente.

Rumiñahui, Daquilema, Espejo, Canizares, Manuelita Saenz, Montalvo, Eloy Alfaro y tantos otros revolucionarios, desde lo alto del cielo ecuatoriano, comienzan a bocetar una sonrisa.








 
Llacta!    Portada |  Organizaciones |  Comunicados |  Noticias