Ecuador: ¿Después de las elecciones qué?





Amanda Pinto

Fuente: Servicio de Prensa Alternativa (Serpal)

17 de octubre de 2002




Un total de 8.2 millones de ecuatorianos está habilitado para acudir a las urnas este 20 de octubre. Se elegirán Presidente, Vicepresidente, 100 diputados provinciales, cinco parlamentarios andinos, consejeros y concejales. En total 1.726 representantes.

El Tribunal Supremo electoral, máximo organismo rector de los sufragios, informó que los candidatos a Presidente y Vicepresidente gastaron cerca de un millón 900 mil dólares en un mes de campaña electoral.

La situación de corrupción, los sobornos, la evasión de impuestos, las propuestas de remate de empresas públicas, muestran que una campaña electoral en Ecuador, no siempre es un gasto sino una inversión. No es raro encontrarse con que los candidatos convertidos en nuevas autoridades hagan uso del cargo para su enriquecimiento personal y el de sus allegados.

Esta forma de hacer política no varía por el color del partido o el nombre del candidato. Hacer política partidista en Ecuador se ha convertido en otra forma de hacer dinero.

Esta realidad ha ido minando la confianza de la ciudadanía. Varias personas expresan a los medios de comunicación locales su temor a que las mejores ofertas electorales vuelvan a ser sólo el anzuelo para conseguir votos.

Indígenas de la provincia de Tungurahua, 121 kilómetros al sur de Quito, dijeron que tanto mestizos, como blancos, o indios, al llegar al poder se olvidaron de sus promesas de campaña.

Por esta razón, dirigentes de 18 comunidades indígenas salasacas, firmaron con algunos candidatos a la diputación y concejalía un documento en el cual los candidatos se comprometen a cumplir sus ofrecimientos y los indígenas a votar por ellos. Pero si sus candidatos, una vez en el poder se olvidan de su palabra, las comunidades los desprestigiarán a través de manifestaciones públicas y de los medios de comunicación, y además, pedirían su destitución.

El 25 por ciento de indecisos a pocos días de las elecciones, es otra muestra de desconfianza y cansancio ante sucesivas administraciones que han caído en la corrupción, que han beneficiado a unos pocos.

Los permanentes "ajustes de cinturones", el aumento de impuestos para las clases medias y bajas y la evasión cómplice para quienes más tienen ha sido el común denominador de los gobiernos de turno.

La carrera hacia el poder y la posibilidad de acertar el premio mayor ha abierto una amplia gama de candidatos, en ésta y anteriores elecciones. Para el 20 de octubre hay 11 candidatos a la Presidencia. Y el abanico para designar en total 1726 dignidades va desde el multimillonario Álvaro Noboa, pasa por ex gobernantes, e incluye bellezas de televisión, y gente del espectáculo.

Más que un desfile, hasta circense de candidatos y candidatas, Ecuador necesita planes concretos para solucionar los problemas que lo afectan y propuestas reales de control de la corrupción.

Los trabajadores y trabajadoras del país necesitan que se revaloricen sus salarios. El ingreso básico mensual es de 128 dólares, pero tiene una capacidad de compra real de 11 dólares.

Los emigrantes necesitan que se les devuelva el derecho a trabajar en su tierra. En las provincias del sur, seis de cada 10 habitantes tienen familiares trabajando en Estados Unidos, España e Italia.

Sólo entre 1999 y 2000 salieron del país casi un millón de los 13 millones de habitantes. Organizaciones humanitarias y datos oficiales coinciden que el número de emigrantes supera los 2.5 millones de personas.

Ecuador necesita que se creen fuentes de trabajo. El desempleo y subempleo aún afectan al 37 por ciento de la población económicamente activa, según datos del Banco Central.

Así también requiere una respuesta al crecimiento de la deuda externa y los pagos de sus intereses. En los últimos 21 años, en los sucesivos gobiernos democráticos, la deuda pasó de 4.600 dólares, en 1980, a 14.500, al finalizar el 2001. El pago de sus intereses ha comprometido más de la mitad del presupuesto general del Estado y ha llegado a tocar buena parte de la producción total del país.

En 2001 Ecuador figuraba en séptimo puesto de los países más corruptos del mundo. Tenía una puntuación de 2,3 sobre 10 en transparencia. En 2002, Ecuador, junto a otros países latinoamericanos, ha vuelto a aparecer a la cola de los mejor manejados con una puntuación de 3 sobre 10, según la organización no gubernamental Transparencia Internacional. Esto muestra que sus élites políticas continúan actuando en provecho personal y no colectivo, y por tanto frenando el crecimiento del país. El organismo indica que en los países que tienen esta puntuación, el soborno y el mal gobierno continúan restando credibilidad a las estructuras democráticas.

Si el 20 de octubre ningún candidato alcanza la mayoría absoluta, una segunda vuelta electoral, a realizarse el 24 de noviembre, decidirá los nombres de los nuevos gobernantes. Gane, quien gane, a la ciudadanía le corresponde exigir una mayor participación, y la posibilidad de que se le tome en cuenta no sólo para elegir.

Sea quien sea electo mandatario, la ciudadanía deberá estar atenta y fiscalizar las acciones del nuevo gobierno y a sus funcionarios. Deberá insistir que se le tomen en cuenta sus propuestas y que se haga un gobierno para 13 millones de personas y no para un pequeño grupo.







 
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