¿Con ALCA o sin ALCA, el ALCA va?





Alberto Acosta

Quito, 9 de octubre de 2002




Con la conformación del Area de Libre Comercio en las Américas (ALCA), se quiere integrar a América Latina en un nuevo ordenamiento hemisférico. Los EEUU intentan, una vez más, la unión económica del continente, aspiración formulada varias veces desde la Primera Conferencia Internacional Americana a fines del siglo XIX.

Los EEUU tienen varios objetivos. La ampliación de los mercados para sus productos y sus inversiones es una de sus prioridades, no la única. Y lo es especialmente desde inicios del 2001, cuando empezaron a ser visibles las tendencias recesivas en su economía. También buscan asegurar su posición hegemónica regional en vista del fortalecimiento de la Unión Europea, al tiempo que dan respuesta al MERCOSUR, que no es una propuesta confiable a sus intereses. Y, por cierto, en esta iniciativa imperial no están ausentes motivaciones militares -el Plan Colombia, por ejemplo-, en especial desde el 11 de septiembre del 2001.

Sin perder de vista la complejidad de la política exterior de los EEUU, es importante anotar que América Latina ha estado fuertemente condicionada por los programas de ajuste del FMI y del Banco Mundial, que -aprovechando la palanca de la deuda externa- alientan la apertura comercial, la liberalización financiera y las privatizaciones. En este espíritu se inscribe el ALCA, una apuesta multilateral para poner en vigencia la totalidad del Consenso de Washington.

Mientras América Latina se colocó en la vanguardia de la liberalización, los países ricos mantienen protegidos sus mercados. Los EEUU, esgrimiendo un discurso liberalizador, apoyan a los sectores en los que han perdido competitividad y promueven el libre comercio para sus productos competitivos. Este neoproteccionismo, sustentado sobre todo en medidas no arancelarias, en muchos casos rebasa el efecto de los anteriores aranceles: recuérdese los subsidios a la producción agrícola, mil millones de dólares diarios en los EEUU y la Unión Europea. Sin embargo, tampoco faltan salvaguardias arancelarias como las aplicadas al acero por parte del régimen de George Bush II, así como el repetido abuso en la aplicación de las leyes de comercio, como la Ley de Preferencias Arancelarias Andinas.

Desde esta perspectiva, el ALCA constituye sólo un escenario más. La vía más fácil, hasta ahora, ha sido la imposición de condiciones a través del FMI, dada la sumisa mediocridad de casi todos los gobiernos latinoamericanos. Además, si se presentan limitaciones en dicha vía o en la misma aprobación del ALCA, los EEUU pueden cristalizar sus aspiraciones a través de la suscripción de convenios bilaterales con alguno de los países del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), en donde la lógica del ALCA ya está vigente en tanto apertura comercial, protección a ultranza a las inversiones extranjeras y libre acceso al suministro de los servicios públicos a favor de las transnacionales.

En consecuencia, los EEUU continuarán persiguiendo sus metas, con ALCA o sin él. Y, en un momento dado, como lo solicitan parlamentarios de dicho país, Washington podría archivar esta iniciativa, sin poner en riesgo el logro de sus verdaderas intenciones. Por eso, conocer el trasfondo del ALCA es indispensable para enfrentarlo.


Fuente: Diario Hoy, Quito, miércoles 9 de octubre del 2002






 
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