ALCA-Ecuador: la dialéctica del tiburón y las sardinas





René Báez

Quito, 1 de octubre de 2002




El Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) es una estrategia de la Casa Blanca que, entre otras metas, busca paliar el empantanamiento de la economía de Estados Unidos y específicamente el deterioro de su balanza comercial, derivado de su pérdida de competitividad frente a la Unión Europea y Japón, mediante un operativo "anexionista" enfilado en contra de nuestras naciones. La estrategia de marras, eje de la política hemisférica de George W. Bush, ha encontrado una calurosa acogida de la mayoría de gobiernos latinoamericanos y especialmente del régimen de Gustavo Noboa Bejarano.

¿Cómo explicar la ansiedad de Noboa por ese asimétrico proyecto? Más allá de identificables expectativas de nuestro sector primario exportador -siempre existe la promesa del plato de lentejas-, la posición de Carondelet se explica por la proverbial miopía y candorosidad de la diplomacia ecuatoriana que, para instrumentar las directrices de Washington, sustituyó a un ministro e incluso amenazó a sus socios de la Comunidad Andina de Naciones con el retiro del país del organismo subregional. Visión y práctica equivocadas que acaban de desembocar en un nuevo episodio de vergüenza. ¿A qué aludimos concretamente?

A que el gobierno nacional nunca comprendió que el ALCA representa sobre todas las cosas un proyecto del Estado norteamericano para extrapolar sus leyes y un instrumento al servicio de sus corporaciones transnacionales para consolidar su hegemonía comercial, financiera y tecnológica en el subcontinente. Dentro de estas coordenadas se tiene que entender la reciente decisión de la administración republicana de excluir al país de los beneficios comerciales que otorga la Ley de Promoción Andina y Erradicación de la Droga (ATPDEA, por sus siglas en inglés) que acaba de entrar en vigencia incluyendo a la Colombia de Uribe, al Perú de Toledo y a la Bolivia de Sánchez de Lozada, es decir, a gobiernos de idéntico signo ideológico-político del ecuatoriano. ¿Por qué la Casa Blanca no actuó con el mismo rasero en el caso del Ecuador, país que, entre otros méritos, le ha entregado gratuita e ingenuamente un "portaaviones en tierra" para su campaña contra el narcotráfico?

Business are business. Conforme a una nota de prensa, las presiones de algunas corporaciones estadounidenses que operan en nuestro medio explicarían el discrimen. El propio canciller Moeller ha admitido ese influjo al declarar que "la elegibilidad de Ecuador para las preferencias arancelarias se ha detenido porque no se ha resuelto la devolución del Impuesto al Valor Agregado (IVA) a las compañías petroleras estadounidenses". (El Comercio, 26 de septiembre del 2002). Pero no habrían sido únicamente las petroleras. En un despacho internacional se lee: "Gustavo Lemos, presidente de la Cámara Ecuatoriano-Americana, domiciliada en Miami, declaró que el caso del pescado grafica lo que ocurre: en nuestro país hay empresas con patente y capital estadounidense a las cuales no les interesa que el atún y sardina que producen empresas nacionales entren a EE. UU., porque este es su nicho. Es notorio que quien puede más es la capacidad de 'lobby' de las transnacionales del atún asentadas en California".

La lógica y los impactos desigualitarios del ALCA han comenzado a emerger incluso antes de la vigencia plena de esa integración-desintegradora.



Nota: René Báez es profesor de la Facultad de Economía de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE)



Fuente: Servicio Informativo "Alai-amlatina"
Agencia Latinoamericana de Informacion (http://alainet.org)






 
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