Breve síntesis de la revolución civil-militar del 21 de enero del 2.000 en el Ecuador y algunas reflexiones al respecto





29 de Marzo del 2001.

Lucio Gutiérrez B.



Como todo ciudadano progresista y democrático, estuve y estaré permanentemente preocupado por la crítica situación económica, política, social y moral del ecuador, de América y del mundo, ocasionada por la degradación de los valores éticos en ciertos políticos, funcionarios públicos y privados, actitud que ha conducido a nuestros pueblos a una pobreza, miseria y marginación generalizadas. La participación en el 21 de enero no fue un acontecimiento aislado, imprevisto. Con mucha anticipación dimos indicios de nuestra vocación antirrepresiva al pueblo, pero como siempre, las autoridades militares no supieron, o no quisieron escucharnos, nunca nos entendieron.

Rápidamente daré algunos detalles hasta el momento desconocidos por la opinión publica, sobre mi actuación el 5, 6 y 7 de febrero de 1.997, en el derrocamiento del ex-presidente Bucaram. Cuando como edecán del presidente de la república y al momento el militar de mayor rango con la responsabilidad en la defensa del palacio de gobierno, consciente que en esta y en todas las ocasiones en que el pueblo se levanta, es porque rebasaron el límite de su tolerancia, yéndome en contra de las ordenes superiores, dispuse que no se dispare a los exaltados manifestantes que rodeaban el palacio y amenazaban con tomarlo por asalto, mencionando a los oficiales de la escolta presidencial que si bien la misión es defender el palacio hasta el sacrificio, hay ocasiones en que la "situación está por encima de la misión" y ese momento vivíamos una de esas situaciones de excepción, en que la solución también tenía que ser de excepción, porque no era un pequeño grupo anárquico el que rodeaba y podía asaltar y arrasar con el palacio, eran la mayoría de indignados ecuatorianos, representados por el pueblo de Quito. La situación era dramática, muy peligrosa, si no manteníamos la calma y accedíamos a disparar, la narración de este hecho histórico ecuatoriano, pudo haber sido terriblemente sangriento.

El 19 de enero de 1.999, un año antes del 21 de enero del 2.000, en la ciudad de Cuenca, siendo comandante del grupo de caballería blindada "General Dávalos", por escrito, con mi firma y nombre, presente al comandante general del ejército una serie de inquietudes relacionadas con la corrupción flagrante que imperaba con absoluta impunidad en el gobierno, pidiendo una posición más protagónica y firme del alto mando militar, para defender la soberanía que radica en el pueblo y evitar la festinación de los dineros del Estado, en caso contrario estaríamos rebasando el limite de la complicidad y esa no era misión de las FF.AA. En el mes de agosto de 1999, en el auditórium del Instituto de Altos Estudios Nacionales públicamente manifesté al ministro de defensa nacional y en presencia de la Dra. Elsa de Mena, directora del Sistema de Rentas Internas, que fueron a tratar de justificar la subida del 10% al 15% del Impuesto al Valor Agregado (IVA), mi oposición frontal a que el pueblo siga pagando por los errores y malos manejos administrativos de los gobernantes de turno, insistí en que si no se paraba la corrupción y la impunidad de los banqueros que se apropiaron indebidamente de los depósitos de los clientes con la complicidad de las autoridades de control del gobierno, habría una explosión social y las FF.AA tendríamos que ponernos del lado de los que tienen la razón, es decir del pueblo explotado y vilmente engañado, mencioné que era el momento histórico de una revolución democrática en forma pacífica, para cambiar radicalmente las estructuras del Estado, para terminar con la corrupción generalizada, la injusticia social y la impunidad.

En noviembre de 1999, realice recomendaciones similares, al presentar por escrito, al jefe del comando conjunto de las FF.AA., un análisis de la coyuntura política, social, económica y militar del país, haciendo énfasis en que el gobierno debía con suma urgencia recuperar la credibilidad ética ante el país y el mundo. Mencioné que vivíamos un momento histórico requiriendo decisiones que impliquen cambios profundos en la institucionalidad democrática para cortar de raíz las cadenas que nos atan a la corrupción y al subdesarrollo, a través de un diálogo franco, patriótico, civil-militar, como una alternativa seria para evitar el estallido social que se venía a pasos cada vez más rápidos. Que la acción era urgente, o el país estallaba, y si estallaba los militares nos uniríamos a ese pueblo soberano, pero no tuvimos respuesta.

Un extracto de mi primer escrito se filtró de alguna manera a la prensa y se publicó en el mes de marzo de 1.999, en el periódico "El Expreso" de Guayaquil, intentaron darme la baja, pero la situación convulsionada del país, (había un paro de taxistas, los indígenas se movilizaron, tuve el respaldo de muchos militares), evitó que me separen del ejército y la situación se calmó. Pero ese mensaje contundente no pasó inadvertido para las fuerzas patrióticas y progresistas del país, rápidamente me contactaron líderes de movimientos sociales y dirigentes indígenas, y comenzamos a buscar soluciones radicales al sistema perverso, injusto, e insaciable, que enriquecía a unos pocos, mientras condenaba a la más oprobiosa pobreza a la mayoría de indefensos ciudadanos. El gobierno no accedía a los cambios que el pueblo en su mayoría imploraba. Entonces comenzó a tomar forma la idea de la revolución, como una forma auténtica de autodeterminación de un pueblo hambriento de cambios, y con derecho a una vida digna.

Recordemos que la petición de renuncia de Mahuad como primer paso para la rehabilitación especialmente ética del país, fue publica y prácticamente unánime, al punto que los sondeos de opinión coincidieron que el porcentaje superaba el 95%.

Como habíamos planificado, el 15 de enero del 2.000, la legítima protesta indígena, se toma Quito, jamás escucharon a los indígenas, considerando que representan el sector de la población de menores recursos y permanentemente relegados, al punto que muchos de ellos por este sistema político de injusticia, viven en la miseria, mientras que los causantes de la crisis, se pasean impunemente en el país, algunos han sido diputados porque la politizada justicia ecuatoriana extrañamente les ha sobreseído, o viven en el exterior disfrutando de sus pícaras acciones que nadie castiga. ¿Debíamos permanecer inmóviles ante tanta injusticia?, evidentemente que no.

En esta situación de crisis incontrolable llegamos al 21 de enero del 2.000, y los militares tentamos dos opciones:

¿Reprimir y masacrar al pueblo que reclamaba justicia, manchándonos las manos con sangre inocente, como en décadas pasadas?

O unirnos a esa legítima protesta popular. Nosotros mantenemos que las FF.AA y los soldados se justifican en la medida en que defiendan al pueblo soberano y a su nación, coherentes con este criterio decidimos la segunda opción. Vivimos una situación mental y espiritual de responsabilidad suprema con la patria y en nuestra mente y conciencia no había posibilidad para otra opción. Estamos convencidos que ese acto heroico, obedecía al criterio de causa justa y legítima insuperable, acorde con nuestro esquema y principios en varias ocasiones mencionados y defendidos. Era la oportunidad que una sola vez se le presenta en la vida, para terminar con la corrupción, con un modelo de democracia mal entendido y administrado, injusto y perverso, un gobierno entreguista que no entendía y respetaba la soberanía nacional, que quería privatizar y festinar las empresas estatales y estratégicas más rentables del país, y nosotros no lo podíamos permitir. Seguimos creyendo que no había otro camino, porque el pueblo ya lo intentó de todas las formas (paros, huelgas de hambre, manifestaciones, diálogos, levantamientos indígenas, etc.) y nunca hubo respuesta positiva por parte de los poderes político y económico.

Los que detentan el poder, siempre nos engañaron y a los militares nos utilizaron en su beneficio, para reprimir las justificadas manifestaciones de protesta de los más débiles, los que siempre han luchado por un Ecuador más justo, digno y democrático, lamentablemente sin lograrlo todavía. Esta historia repetitiva, por el más elemental sentido de justicia y legitimidad tenía que acabarse y como soldados de nuestra querida patria bajo ningún pretexto, podíamos permanecer inactivos, sumisos, indolentes, garantizando que unos cuantos se festinen los recursos y dineros del estado, sobre el sufrimiento y desesperación de la mayoría. El no hacer algo cuando se conoce que se están cometiendo los más flagrantes delitos de peculado, se llama complicidad, inmoralidad, no lealtad, porque la lealtad es hacia la patria, hacia las Instituciones, hacia el pueblo, hacia los valores éticos y morales, no a los sistemas y gobernantes corruptos.

El heroico día 21 de enero del 2.000 quedará para la posteridad como la fecha histórica de defensa de la dignidad y soberanía nacional. Los militares hemos jurado defender la constitución de la república y acudimos junto al pueblo a defender la constitución que había sido sistemáticamente violada por los malos gobernantes. Entre las violaciones más flagrantes a la constitución política mencionaré las siguientes: el salvataje bancario por alrededor de 7.000 millones de dólares que ya lo estamos pagando los 12,5 millones de ecuatorianos pobres, el feriado bancario para salvar a ciertos financistas de las campañas políticas, la congelación por parte del gobierno de los depósitos de más de 1.600.000 ecuatorianos en los bancos por alrededor de 3.800 millones de dólares, muchos de ellos los ahorros y jubilaciones por el trabajo de toda una vida, la ley de la creación de la Agencia de Garantía de Depósitos para salvar a los banqueros corruptos sin contemplar sanciones para estos delincuentes de cuello blanco, ciertos diputados que no hacen la declaración de bienes como es su obligación legal antes de posesionarse de sus cargos, el Tribunal Constitucional ordenó que se devuelvan los dineros arbitrariamente congelados y el gobierno no cumple, candidatos que reciben dinero para sus campañas de deudores del estado, de transnacionales y otros de dudosa procedencia, que está prohibido por la ley y no hay sanciones, éstos los casos más recientes, sin nombrar todos los escándalos anteriores como el arroz con gorgojo, flores y miel, caso ecuahospital, gastos reservados, recolectores de basura, locomotoras, caso Peñaranda, sucretización de la deuda externa adquirida en dólares para favorecer a un reducido grupo de banqueros y empresarios, etc., que en nombre de la democracia, la constitución y el pueblo se han cometido y que nosotros los ecuatorianos con angustia e impotencia, pero con complicidad por nuestra inacción, lo hemos permitido.

El 21 de enero, acudimos a cumplir con lo que la constitución nos ordena a todos los ecuatorianos, civiles y militares en el art. 97, num. 14 "combatir y denunciar los actos de corrupción". En el art. 183 de la constitución se estipulan las misiones de las FF.AA. que son defender la soberanía nacional, defender la integridad territorial e independencia del Estado y garantizar el ordenamiento jurídico. Con respecto a la primera misión, en el art. primero de la constitución se define el ámbito de la soberanía y se menciona que la soberanía radica en el pueblo, cuya voluntad es la base de la autoridad y nosotros fuimos a defender la soberanía de nuestro pueblo que en forma clamorosa y con desesperación pedía la unidad civil-militar, en ese momento histórico para la patria, la integridad territorial se la defendió en la guerra del Alto Cenepa, en donde quedaron sembrados piernas y brazos de nuestros héroes, en una guerra que no la queremos los pueblos. Y esos Héroes del Cenepa el glorioso 21 de enero sin armas defendieron la dignidad nacional. La tercera misión es garantizar el ordenamiento jurídico. Pero en el articulo 3, numeral 6, la constitución dice "garantizar el sistema democrático pero con instituciones publicas libres de corrupción", la constitución es claramente selectiva, nos impone garantizar un ordenamiento jurídico con instituciones publicas libres de corrupción. Es decir no estamos obligados a mantener una administración lesiva a los intereses nacionales por corrupto. A la constitución debemos darle una lectura completa, no parcial, la carta magna debe ser observada por todas las autoridades y no buscar culpables en los más inocentes, cuando los gobernantes la irrespetan también se rompe, no se dobla, porque la constitución política del Ecuador no es de caucho, como ciertas autoridades y algunos políticos solapadamente tratan de interpretar. y por si esto no fuera suficiente, más del 95% de los ecuatorianos, pedían a gritos que se vaya Jamil Mahuad.

Ante esta vorágine insaciable, era el momento de decir basta al abuso impune, a la expoliación más descarada, al robo infame del país. Los soldados a más de mantener la soberanía e integridad territorial, debemos defender al pueblo de la discriminación y opresión, esto nos impone la constitución en el artículo 4, numeral 6, que dice: "el Ecuador... reconoce el derecho de los pueblos a su autodeterminación y a librarse de los sistemas opresivos". La gesta del 21 de enero fue un acto legitimo de autodeterminación contra un sistema opresivo, como es la corrupción, la impunidad y la injusticia social. Recordemos que varias constituciones, entre ellas la de EE.UU., reconoce en la carta de la independencia, que el fundamento de la democracia se basa en el derecho que tienen los pueblos para rebelarse contra gobiernos opresivos, y que en esta ocasión no la respetaron.

Ante esta realidad que lacera el alma de cualquier ciudadano, nuestra obligación moral, irrenunciable, fue asistir a esa cita cívica, patriótica e histórica, estamos convencidos que ninguna ley nos puede impedir, que contribuyamos a corregir lo que esta errado, a enderezar o cambiar un sistema que produce dolor, lagrimas, desesperación en los más necesitados, en los más humildes y desprotegidos, era una cuestión de honor, y los militares ante todo somos hombres de honor, no podíamos negarnos, bajo ningún concepto, por el contrario, pienso que el no hacerlo, hubiera constituido para nuestras conciencias una actitud de cobardía y complicidad con una situación que la mayoría de ecuatorianos ya la había condenado. La constitución, el derecho, las leyes, y los códigos no son estáticos, son cambiantes, lo escriben los hombres y los van perfeccionando, a través de las experiencias y luchas cívicas a lo largo de la historia, muchas de ellas amargas, siempre para beneficio de las mayorías, no para perjudicarlas y si nuestras leyes están protegiendo a los corruptos y verdaderos originadores de las crisis amparados en su poder económico e influencia política y castigando a los que luchamos contra ellos, las normas jurídicas tendrán que corregir estos errores y ponerse al servicio de la comunidad y de los grandes intereses nacionales.

Nuestros patriotas que lucharon contra las injusticias, abusos y corrupción en la época de la colonia, hasta darnos la libertad, igualmente eran perseguidos, encarcelados y ajusticiados, hoy son nuestros héroes, ejemplo para las actuales y futuras generaciones y quienes inspiraron nuestra participación el luminoso 21 de enero del 2.000, como una demostración viva de desprendimiento personal y material, por algo sublime, que esta por encima de nuestros hijos y padres, por sobre la institución militar, la patria.

En la noche del 20 de enero del 2.000, con 4 capitanes de la escuela politécnica del ejército, entre ellos mi hermano el capitán Gilmar Gutiérrez, planificamos la toma del congreso de la república, junto a los indígenas y el pueblo mestizo que mantenía el cerco al parlamento, desde hacía dos días. Ellos ingresarían a las 8 a.m. por el costado izquierdo, con los alumnos de la politécnica del ejército, unos 200 oficiales entre subteniente y capitán, y yo ingresaría por el costado derecho, con militares de otras unidades acantonados en Quito. Esa fue una de las noches más inolvidables de mi vida. Al día siguiente, el glorioso 21 de enero, a las 6 de la mañana reuní a mi familia y les comenté, la decisión que había tomado, redacté un testamento, le entregué a mí esposa recibos, cuentas que estaban por pagar y otras por cobrar, fueron instantes muy tensos, de altísimas emociones y sensibilidad, especialmente por mis hijas, no sabía que podía acontecer con mi destino, incluso podía perder la vida, porque había la orden de disparar contra los manifestantes, pero mí decisión era irreversible, lo maravilloso fue que recibí el apoyo total, coincidieron conmigo que primero está la patria, antes que los intereses personales, y con las bendiciones respectivas, acudí al encuentro que el destino y la historia me tenían preparado.

El primer contacto fue con el cerco externo policial, quisieron reprimirnos, nos lanzaron gases y hubo intentos de disparar, pero al ver nuestra decisión declinaron y permitieron nuestro avance junto a los indígenas, hacia el interior estaba el ejército, la situación era más delicada, pues sí a un nervioso se le escapaba un tiro, tal vez no estaría contándoles esta vibrante historia, Felizmente éllos también entendieron el momento histórico que estábamos viviendo y se unieron a nuestra causa. Ya en el palacio legislativo me sentí emocionado cuando luego de escuchar el himno nacional del Ecuador y el pronunciamiento del parlamento nacional de los pueblos del Ecuador, me designaron miembro de la Junta de Salvación Nacional. Es necesario insistir que la conformación del parlamento nacional de los pueblos del Ecuador, es una forma autentica de autodeterminación de la población, en donde hay un profundo ejercicio democrático y son una alternativa real de luz y orientación en la oscuridad y caos al que nos han conducido nuestros pésimos aprendices de demócratas. Los parlamentos provinciales, en donde están representadas todas las tendencias e intereses ciudadanos, designaron verdaderas personalidades como representantes al parlamento nacional de los pueblos del Ecuador y es este organismo cívico el que democráticamente y haciendo gala de lo que dispone el articulo 4, numero 6, de nuestra constitución y ante la gravedad de la crisis y desgobierno, eligió a la Junta de Salvación Nacional... es decir mirándolo desde la otra orilla, para el pueblo soberano, fue un nombramiento legítimo.

¿Pero que es lo que pasó?, ¿qué es lo que falló? El general Mendoza infiltró 3 coroneles de mayor jerarquía que la mía, para que terminen con el movimiento revolucionario, el primero llegó como a la una de la tarde, y luego de algunas conversaciones, lo convencimos y aparentemente se unió a la causa patriótica, posteriormente alrededor de las 4 de la tarde llegan dos coroneles compañeros del anterior, se reúnen en un baño, y no sabemos qué planificaron. Nosotros estábamos convencidos que vinieron a apoyarnos, nunca nos dijeron que cumplían ordenes. Más tarde se toma la decisión de marchar con el pueblo hacia el palacio de gobierno. Allí las negociaciones con el alto mando militar fueron durísimas, los indígenas les tildaron de traidores, yo les recordé los documentos que personalmente les había entregado y que ellos les fallaron al país, en tal virtud les invité a abandonar el palacio y que permitan que el pueblo continúe su marcha. Ahí comenzó el trabajo de los tres coroneles, primero insistieron en que se les reconozca al mando militar, alguno de ellos pidió que los grupos nos separemos a dialogar, a una sala los generales y a otra los coroneles, allí los coroneles completaron su trabajo, me dijeron que el general Mendoza se había comprometido a llevar adelante los postulados de la revolución civil-militar, a extraditar a los banqueros corruptos, a refundar la república, como yo me resistía, pues no confiaba en la entereza, coraje y decisión del general para llevar adelante el movimiento, me insistieron que si no cambiaba de opinión seria responsable de la muerte de más de 10.000 personas que continuaban vitoreando nuestra acción, pues el comandante de la fuerza aérea ya había ordenado que bombardeasen la plaza grande frente al palacio de gobierno, que el comandante de la fuerza naval ordenó que los infantes de marina acudan a la plaza grande, que habría un enfrentamiento sangriento en el palacio de gobierno, y se tocó lo más sensible que todo ciudadano y soldado tenemos: la patria, la unidad de la institución armada, el espíritu de cuerpo militar y yo que no tenía, ni tengo la ciega ambición del poder, sino la voluntad de contribuir a un cambio positivo de nuestro país, acepté la recomendación. confíe en la palabra de compañeros de armas, pues pensé que estaban con nosotros, me dije para mí mismo, lo que el pueblo desea son cambios profundos en sus instituciones democráticas y no importaba el nombre de la persona que lo haga. Yo ya había cumplido mi misión histórica.

Los convencidos somos desprendidos y una vez que cumplimos la misión nos retiramos del campo de batalla. Lo más importante de todo es que se entienda el mensaje de dignidad, de defensa de la soberanía y lucha frontal contra la corrupción que los soldados y el pueblo en esa maravillosa simbiosis dimos al país y el mundo, el luminoso 21 de enero del 2000. Ese día los militares rompimos la soledad del uniforme, a la que los corruptos y el sistema injusto nos obliga a vivir dentro de los cuarteles y lejos de la realidad de nuestro pueblo.

Es cierto que unos pocos privilegiados que tienen acceso a los medios de comunicación, por su poder político o económico, ya nos han juzgado y condenado, como golpistas, ambiciosos, sediciosos, etc., sin conocer nuestro pensamiento e intenciones. Cuando se actúa por principios, por ideales, uno muere por ellos, los politiqueros jamas nos entenderán, nunca comprenderán lo que quiere decir desprendimiento personal, por una causa y reivindicación nacional, porque no saben lo que significa sacrificar algo de uno, una profesión con un futuro brillante, una carrera militar a la que uno ingresa con auténtica vocación y se la sirve con mística, es como si nos desgarrarían parte de nuestra alma, terminar con los sueños e ilusiones de una familia, todo eso por un objetivo superior, por algo mucho más sublime, por buscar mejores días para el pueblo llano de mi patria, el marginado, el que no puede reclamar, y si lo hace nadie le escucha, por solidarizarnos con personas a las que nunca hemos conocido pero con las cuales nos identificamos y compartimos sus ideales de cambio plenamente y hoy más que nunca sabemos que nuestro mensaje de dignidad, altivez y autoestima, cayó en terreno fértil y dará frutos abundantes.

Al día siguiente 22 de enero, a las 5 de la mañana, cuando salía rumbo a la comandancia general del ejercito, me persiguieron 2 vehículos, me interceptaron y 8 civiles armados me detuvieron, estuve totalmente incomunicado por tres días, violando la constitución política del estado, posteriormente se violentó mi domicilio argumentando investigación y cobardemente aprovechando que mi esposa estaba fuera desesperadamente averiguando sobre mi destino, destruyeron las puertas de entrada al departamento, botaron libros, cuadernos, ropa por el suelo, buscando infructuosamente alguna "prueba", que ilusos, no saben que las pruebas están en la mente, en el corazón, en el idealismo, en el alma, es decir jamas las podrán atrapar, ellas seguirán viviendo aun con mi muerte.

El desenlace es conocido, lo que no sabemos es si los coroneles fueron traicionados por el general Mendoza, o todo fue un complot entre ellos para entregar el gobierno al vicepresidente de la república y con ello repetir la historia de corrupción, impunidad, injusticia social, dolarización, migración, pobreza generalizada... en la prisión me entere, la amarga realidad, los tres coroneles no se nos unieron por propia voluntad, simplemente fueron a cumplir una orden y lastimosamente para nosotros, la cumplieron.

Más allá de la sanción, más allá de haber perdido nuestra profesión, lo que me duele en el alma y muchas veces no me deja dormir, es que por nuestra credulidad e inocencia, se perdió una oportunidad histórica por ahora, para realizar cambios profundos en el Ecuador, para refundar nuestro país, para hacer realidad lo que sigue siendo una utopía, la igualdad de oportunidades, obligaciones y derechos para todos los ecuatorianos, para que nunca más los delincuentes poderosos se roben impunemente el dinero del pueblo ecuatoriano, para que nunca más nos roben la felicidad a la que tenemos derecho el trabajo quedo inconcluso, el pueblo ecuatoriano tendrá la ultima palabra y nosotros la acataremos.

Los que tenemos la conciencia libre estuvimos presos y los presos por su conciencia están libres, nosotros el 21 de enero del 2.000 sembramos dignidad, éllos esparcen ignominia toda la vida.

La represión posterior a los militares del 21 de enero fue un error histórico de mentes obnubiladas por el poder, se arrepentirán de las injusticias cometidas al tratar de callarnos. Cuando nuevamente gobiernos corruptos impunemente impongan su injusticia; y no haya quien saque la cara por el país, como nosotros lo hicimos junto al pueblo, entonces será demasiado tarde, la mordaza que hoy nos pusieron se convertirá para nuestros hijos, en una mortal enfermedad de servilismo y humillación mañana.

Las crisis necesitan sacrificados, gente patriota que ama, como debe ser, más a su país, que su porvenir, que le importe, como debe ser, más el futuro de la patria, que el suyo y el de su familia, la historia esta llena de inmolados para que otros tengan esperanza de una vida digna, en esta ocasión la suerte nos privilegio a nosotros.

Luego de 5 meses de prisión y ante la presión popular finalmente nos amnistiaron, pero violando el concepto de amnistía, nos separaron del ejército. Y nuevamente teníamos dos opciones. La una, quedarnos en nuestra casa, junto a la familia, recuperando el tiempo que estuvimos presos, y lamentándonos por no haber conseguido todo el objetivo, y la otra opción, continuar la lucha, por refundar la república, creando un futuro diferente para nuestros hijos, como buenos quijotes, escogimos la segunda opción. Organizamos un movimiento llamado la "Sociedad Patriótica 21 de Enero", formado por los militares revolucionarios que participamos en esa gesta y civiles progresistas y patriotas, unidos bajo un solo objetivo:

Refundar la república cimentada en valores éticos, morales, cívicos y patrióticos, con justicia social. Nos orientamos bajo los lineamientos heredados de nuestros próceres como Runiñahui, Eugenio Espejo, General Eloy Alfaro y los sueños libertarios y de integración de Bolívar y Sucre.

Queremos pedir un apoyo frontal a este proceso ecuatoriano, nosotros estamos decididos a continuar la lucha por cambiar la historia de injusticias del Ecuador, pero con vuestro apoyo el camino será menos tortuoso. Nos solidarizamos y apoyamos la revolución pacífica y democrática de la República Bolivariana de Venezuela y creemos que es un referente valido para nuestro país. Condenamos la implementación del plan Colombia por ser un genocidio innecesario, que afecta política, económica, social y militarmente al Ecuador, hacemos votos porque Colombia de una manera pacifica, respetando el principio de no intervención en asuntos internos, el principio de autodeterminación de los pueblos y soberanamente resuelva este conflicto.

Queremos plantear para la discusión, el establecimiento de estrategias de acercamiento con los militares de todas las naciones, a través de conferencias, boletines, conversaciones, despertarles a la realidad, quitarles la venda de los ojos, para que se enteren que los partidos políticos y movimientos progresistas no son enemigos del Estado, al contrario, que los enemigos son la oligarquía, los de extrema derecha, los de las privatizaciones salvajes, los que violan nuestra soberanía, los neoliberales que cada día siembran más injusticia en el mundo. El otro día decía, la guerra sólo genera violencia, destrucción, mientras la educación, el conocimiento, deseos de liberación de las garras opresoras, acerquémonos a los militares y tendremos sorpresas muy agradables, en nuestra lucha por alcanzar la justicia social en el mundo entero.

Superemos pacíficamente nuestros conflictos internos entre países, el enemigo está en otro sitio, por ahora aunemos esfuerzos por derrotar a la pobreza, a la corrupción, a la delincuencia, al narcotráfico, al pesado efecto de la deuda externa que beneficia a las grandes transnacionales, a la injusticia, al analfabetismo. Nunca olvidemos que sólo la unión nos hará fuertes y libres y será el único camino que permitirá alcanzar el ansiado objetivo de cambio profundo en nuestro planeta, el compromiso de honor es entregar a nuestros hijos un mundo más justo, más digno, más humano, más solidario y auténticamente democrático.

Ing. Lucio Gutiérrez B.
Coronel (r) del Ejercito del Ecuador
Sociedad Patriótica 21 de Enero






 
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