ECUADOR: CRECEN LOS SIGNOS DEL AUTORITARISMO Y EL ENGAÑO





Quito, 7 de Febrero de 2001

Servicio Informativo "alai-amlatina"

Manuel Salgado Tamayo



Hay crecientes signos de que vivimos bajo una mezcla de engaño y autoritarismo de Estado, como mecanismos de dominación que buscan imponer los representantes de los poderosos grupos económicos, sobre todo de la costa, representados en el gobierno.

El lunes 29 de enero se hicieron presentes las primeras movilizaciones indígenas, en especial en las provincias de la sierra centro norte del País, para expresar su justo descontento por las medidas económicas dictadas por el gobierno. Ese mismo día, Quito fue el escenario de la violenta represión ordenada por el gobierno contra miles de indígenas y otros sectores populares que realizaban una marcha pacífica desde la Universidad Salesiana. Niños, mujeres y ancianos fueron agredidos salvajemente por miembros del GOE, en cumplimiento de instrucciones directas del Ministro de Gobierno. Las decenas de heridos y la simultánea amenaza contra la libertad de prensa prefiguró los acontecimientos del martes 30, en que el máximo dirigente de la CONAIE Antonio Vargas, fue detenido cuando salía de Radio Democracia, demostrando que el Gobierno había apostado a la violencia, siguiendo el consejo de las Cámaras de la Producción y otros miembros de la derecha ecuatoriana.

El miércoles 31, la Asociación de Municipalidades y sobre todo los alcaldes indígenas, encabezados por el economista Auki Tituaña, de Cotacachi, intentaron la iniciación del diálogo, para buscar soluciones a las demandas planteadas.

El jueves 1 de febrero, el Alcalde de Quito dispuso, en estricto cumplimiento de la ley, la libertad de los detenidos. El viernes 2 se rompió en diálogo entre el gobierno y los dirigentes indígenas y simultáneamente el régimen anunció el decreto de Estado de Emergencia, que significa la suspensión de las garantías constitucionales y el poder casi dictatorial del gobierno.

En la Universidad Salesiana que, en una actitud ejemplar, abrió sus puertas para recibirlos, pronto de hicieron evidentes, en medio del crudo invierno, varias limitaciones y carencias que fueron agravadas cuando el gobierno decidió bloquear el acceso de personas y vehículos hacia la Universidad y suspender el servicio de agua potable, violando la Constitución y las leyes, así como la letra de convenios internacionales de los que el Ecuador es signatario. Los médicos y salubristas constataron que los niños habían sido las primeras víctimas del resfrío y otras afecciones respiratorias y la prensa no pudo ocultar que se hacía presente una crisis alimentaria.

En tal circunstancia el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas, en Quito, coordinó acciones para entregar agua y alimentos, como lo hace en todo el mundo, incluso en circunstancia de guerra, pero cuando los camiones estaban listos para trasladar la ayuda humanitaria, ocurrió lo insólito, el Ministro de Bienestar Social, abogado Raul Patiño Aroca, llamó personalmente a la responsable del Programa en Quito, para advertirle que se estaba metiendo en un asunto muy grave, pues en la universidad salesiana no había un problema humanitario sino un problema político y que se cuide porque el gobierno tenía poderosas influencias. El resultado de la actitud del Ministro es que nunca pudieron llegar las 7.000 raciones de alimentos a los campesinos e indígenas golpeados por el frío, el hambre, la sed y las enfermedades.

El ministro Patiño que ha pretendido vender la imagen de un funcionario solidario con los pobres, que se ha tomado miles de fotos entregando una pocas mochilas a los niños, que habla de los desayunos y almuerzos escolares (aunque hay evidencias del fracaso de esos programas), ahora aparece con su verdadero rostro e imagen: un ex-alumno salesiano, es verdad, como muchos otros en el gobierno, pero de los que han decidido jugarse sus posibilidades de enriquecimiento personal y poder político haciéndole el juego a una fracción de los mismos de siempre. El Ministro Patiño, para defender su cargo, apostó a la posibilidad de derrotar por hambre a los miles de indios y campesinos cercados en la Universidad Salesiana. El juego del Gobierno fue muy claro y el mismo: por un lado el Ministro de Gobierno, viejo anticomunista, para el que la Guerra Fría no ha llegado a su fin, reprimiendo la marcha con miles de bombas, por el otro lado, el Ministro ¿ex socialista?, chantajeando a una funcionaria de las Naciones Unidas para que no entregue ayuda humanitaria.

También la Iglesia y sus fieles aparecen divididos: por un lado, los salesianos auténticos, prolongando su labor solidaria y ecuménica, entre los pobres del campo, para evitar la violencia y promover el diálogo; por el otro lado, los ¿sepulcros blanqueados?, los falsos salesianos, reptando cuotas de poder, para satisfacer vanidades inútiles y falsas.

El gobierno se ha visto enano frente a la grandeza de los excluidos: acudiendo a la fuerza bruta para demostrar el poder que no tiene.

Los choques entre el gobierno y la oposición indígena y popular han demostrado que en el Ecuador se debaten hoy dos grandes proyectos: UNO, el de la minoría corrupta, aliada a las potencias extranjeras, que ha secuestrado la democracia para saquear al país, DOS, la mayoría despojada del poder político, empobrecida, lanzada a la emigración injusta por el mundo, luchando por unirse, por organizarse, crecientemente convencida de que puede construir un poder alternativo.

En estos últimos días se ha mostrado la distancia abismal que existe entre esa élite minoritaria que nos desgobierna y la inmensa mayoría de los ecuatorianos: el Canciller de la alta sociedad extranjerizante firma con España un acuerdo que traiciona las esperanzas de miles de nuestros emigrados, mientras los indígenas y el pueblo se solidarizan con sus justas demandas.

El gobierno respondiendo con bombas y balas a las protestas indígenas, mientras los sectores populares de todo el País se dan cuenta, progresivamente, que en la lucha indígena se juega su propio destino y el de sus hijos.

El gobierno que busca tapar y minimizar la irresponsable contaminación de Galápagos por el tanquero Jessica, mientras el pueblo exige sanción para los culpables y nuevas medidas efectivas de preservación de esa maravilla de la naturaleza.

El gobierno que habla del combate a la corrupción pero que no ha querido hasta ahora meter en la cárcel a uno sólo de los grandes banqueros que atracaron y empobrecieron al País; el pueblo y los indígenas dispuestos a hacer justicia, como condición imprescindible para restablecer la confianza en el sistema financiero y bancario.

El gobierno, uniéndose a los guerreristas de Colombia y los Estados Unidos, multiplica actos de provocación para implicarnos en la guerra civil del vecino del norte, mientras las organizaciones populares y los indígenas buscan una política internacional de neutralidad activa que impulse una salida negociada y pacífica , basada en los principios del derecho internacional, para el problema colombiano.

Pero la fuerza bruta y el engaño serán derrotados, bajo la certeza de que sólo la lucha independiente de los humildes, bajo la bandera de grandes y nobles ideales, determinará el futuro de nuestra Patria.


Manuel Salgado Tamayo

(Catedrático universitario y ex-vicepresidente del Congreso Nacional del Ecuador)






 
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